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lunes, 29 de junio de 2009

J.M. Naredo. Luces en el laberinto


El economista J.Manuel Naredo, en este libro-luces en el laberinto- (ed los libros de la catarata) defiende un enfoque ecointegrador que cree sociedades ni autodestructivas ni depredadoras
"el mencionado neocaciquismo se desarrollo en simbiosis con el boon inmobiliario que ha vivido nuestro paies el ultimo decenio.La espectaclar intensidad y duracion de este boom tuvo importantes concnsecuencias ecnomicas y redistributivas, acarreando tambien la gravedad del actual declive economico tal y como habia ocurrido en el ciclo anterior...." "...Pues esa enorme construccion nueva-en buen parte desocupada o infrautilizada- ha reclamado una financiacion sin precedentes que solo han podido acometer los hogares a costa de reducir por cuarto año consecutivo su ahorro financiero neto, al ampliar espectacularmante su endeudamiento"
Economia y ecologia tienen la misma raiz -okios- casa, y sin embargo son aun dos ciencias separadas, guiada la economia solo por valores monetarios, olvidandose de los eticos, y por supuesto los materiales, o ecologicos.
...segun este economista, que reflexiona sobre el mito de la poduccion en el sentido de un crecimiento economico continuo como obligacion para que la sociedad funcione...(J.S.Mill nos hablaba de un estado estacionario para las sociedades avanzadas)
...Naredo nos indica ue bajo la metafora de la produccion de riqueza se oculta hoy una economia por una parte neocaciquista, en la que la adquisicion de riqueza se lleva a cabo con el amparo del poder -como las recalificaciones- y por otra parte una economia brutalmente financiarizada: en España el valor de los activos financieros es nueve veces el del producto nacional. Una economia en la que paradojicamente, la masiva creacion de dineo financiero, demanda de los estados y organismos internacionales un intervencionismo enorme para evitar daños, intevencionismo que socializa las perdidas y privatiza los beneficios, y que solo se evitaria limitando la creacion de dinero financiero.
...mientras se dara otra paradoja, los paises ricos los que son capaces de emitir todo este dinero financiero, sena los mas endeudaddos del mundo en vez de los pobres. Que no solo seamoas depredadores de la biosfera, sino tambien de nuestros congeneres: el modelo depredador-presa se aplica a las relaciones entre regiones y paises ricos y pobres.
Un pais desarrollado no es hoy necesariamente un pais muy productivo que ahorra mucho y que puede prestar al resto:tiende a ser aquel que ejerce su poder como atractor de capitales, recursoso y pobalcion del resto del mundo..el desarrollo no es asi una cuestion de produccion sino de poder y posicion; como el crecimiento de la economia española, ayudado por un euro que atraia capitales para compensar los enormes deficits comerciales.
En cuanto a la crisis actual, segun Naredo sera larga-- mas en España--donde nadie oso a deshinchar la burbuja.
Ademas lamenta, las enormes inyecciones actuales de dinero no se condicionan a nuevos modelos de desarrollo, - la crisis del 29 sirvio que EEUU, para vastos proyecctos de recuperacion de suelos erosionados- modelos que contemplen aspectos fisicos y sociales ligados a la actividad economica, ahora taponados por campañas de imagen verde que mas que solucionar problemas, acostumbran a la gente a vivir con ellos.

Justo Barranco LV. Domingo 28-juno-09


II----Priorizar el bienestar José Manuel Naredo

Las estadísticas han venido cifrando el crecimiento económico como una victoria sobre la penuria, hasta que se apreció que este crecimiento destruye más que crea. ¿Cómo no van a sentirse engañados todos aquellos a los que se demandan esfuerzos y sacrificios [en aras de ese crecimiento]?”. Esta opinión, que subraya el divorcio entre crecimiento económico y calidad de vida, no es la de ningún crítico antisistema, ni siquiera de un representante de la izquierda. Ha sido emitida por Nicolas Sarkozy, presidente de la República Francesa, que propone “acabar con la religión de la cifra” del PIB, arremetiendo contra el primer axioma sobre el que reposa la ideología económica imperante: el que identifica ese agregado monetario con el bienestar de la gente. Este hecho rompe el habitual conformismo de la clase política –de derechas y de izquierdas– con la mitología del crecimiento. La novedad no estriba tanto en denunciar los engaños del PIB como indicador de bienestar, como en el hecho de que quien lo denuncia sea el presidente de un país importante en un foro cultural tan reputado como la Universidad de la Sorbona. Su discurso se orientó a divulgar las propuestas de una comisión de expertos a la que había encomendado la tarea de reforzar la presencia del bienestar en las estadísticas económicas.

Más que discutir aquí las 12 recomendaciones de la comisión orientadas a completar las estadísticas con este propósito, interesa subrayar que el problema suscitado no es un problema técnico, sino uno ideológico y social mucho más amplio. Pues las estadísticas son el reflejo del statu quo mental e institucional que sostiene la hegemonía del cuadro macroeconómico, con el PIB a la cabeza, como el cuadro de mandos por antonomasia para dilucidar si “van bien” los países, evitando preguntarse hasta qué punto el aumento de ese revender con beneficio recogido en el PIB es bueno para el país y para la mayoría de sus habitantes. No estaría de más reflexionar sobre estas cuestiones en España cuando el divorcio entre crecimiento y bienestar ha sido tan ostensible durante el auge y cuando la polarización social y la pugna distributiva se acentúan ahora durante el declive. Más que reactivar la actividad económica, habría que controlarla socialmente para evitar que se dirija de nuevo por sendas especulativas que redundan en perjuicio de la mayoría, alimentando nuevas burbujas y críticos sobresaltos. Para ello hay que abrir ese cajón de sastre monetario que es el PIB y mirar lo que hay dentro y lo que queda fuera, para separar el grano de la paja, distinguir los bienes de los males y debatir lo que interesa que crezca y lo que interesa que decrezca.

Por ejemplo, se debería cambiar el marco institucional que hizo del negocio constructivo-inmobiliario la verdadera industria nacional. Pues, para beneficio de algunos, hipotecó medio país y desencadenó un tsunami de obras que, además de impactar negativamente sobre la calidad de vida y sobre el patrimonio urbano y de los ecosistemas circundantes, originó a la vez viviendas desocupadas y necesidades de vivienda insatisfechas.

José Manuel Naredo es economista y estadístico.

Otros articulos:

La cara oculta de la crisis

http://www.revistaeconomiacritica.org/sites/default/files/revistas/n7/6_la_cara_oculta_de_la_crisis.pdf

Boom inmobiliario y deterioro ambiental

http://www.mapa.es/ministerio/pags/biblioteca/revistas/pdf_AM\AM_2006_56_26_31.pdf

El patrimonio financiero-inmobiliario -2002-

http://www.bolsasymercados.es/esp/publicacion/revista/2004/01/p12-20.pdf

Reseña de todos sus libros:

http://www.ub.es/geocrit/-xcol/naredo.htm

José Manuel Naredo es Doctor en Ciencias Económicas y pertenece al cuerpo superior de Estadísticos del Estado. Cuenta con una larga experiencia como librepensador que combina reflexiones de fondo sobre los fundamentos del pensamiento económico, con análisis concretos sobre temas que abarcan desde el seguimiento de la coyuntura económica relativas, sobre todo, a aspectos patrimoniales, hasta el funcionamiento de los sistemas agrarios, urbanos e industriales y de su relación con los recursos naturales y el territorio, como se relata en este libro.

comentarios:
Las empresas deben crecer, los inversionistas invierten en empresas que crecen, que tienen rentabilidad.
El modelo depredador-presa, puede ser ampliado con las ideas de Volterra explicadas en el blog de Monzo. (pensamiento sistemico)
- No esta nada claro como se puede frenar el desarrollo, ni como se debe frenar una burbuja.
El caso de Esp, de USA, con una baja productividad, sin ahorro, han crecido de una forma no sostenible.
Si estoy totalmente de acuerdo que las abismales intervenciones no crean valor, no se condicionan a promover nuevos modelos de desarrollo. Si salvan la pata financiera que no es poco.....pero conviene repasarlas las lecciones de la cris del Japon (Richard Koo y Keiichiro Kobayashi)


La culpa la tiene Reagan, de Paul Krugman-Negocios El País

Esta ley es la más importante de los últimos 50 años para las instituciones financieras. Proporciona una solución a largo plazo a las instituciones de ahorro con problemas.
En general, pienso que nos ha tocado el gordo". Esto es lo que declaró Ronald Reagan en 1982, cuando firmó la Ley Garn-St. Germain para Entidades de Ahorro.
Resulta que se equivocó en lo de que se habían resuelto los problemas de las entidades de ahorro. Por el contrario, la ley convirtió los modestos problemas de las cajas de ahorro en una catástrofe en toda regla. Pero tenía razón respecto a la importancia de la legislación. Y en cuanto al gordo, bueno, llegó por fin más de 25 años después, convertido en la peor crisis económica desde la Gran Depresión.
Porque cuanto más se buscan los orígenes del desastre actual, más claro queda que el principal giro equivocado -el que hizo que la crisis fuera inevitable- se dio a principios de la década de 1980, en los años de Reagan.
Los ataques a la reaganomía se centran por lo general en la creciente desigualdad y en la irresponsabilidad fiscal. De hecho, Reagan dio comienzo a una era en la que una pequeña minoría se enriqueció enormemente, mientras que las familias trabajadoras sólo experimentaron una exigua mejora. También rompió con las antiguas normas de prudencia fiscal.
Respecto a esto último: tradicionalmente, el Gobierno estadounidense sólo ha incurrido en un déficit presupuestario significativo en tiempos de guerra o de emergencia económica. La deuda federal como porcentaje del PIB no paró de caer desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta 1980. Pero el endeudamiento empezó a aumentar con Reagan, volvió a caer en los años de Clinton y reanudó su ascenso durante el Gobierno de Bush, dejándonos mal preparados para la emergencia que ahora tenemos encima.
Sin embargo, el aumento de la deuda pública fue pequeño en comparación con el incremento de la deuda privada, posibilitado por la liberalización financiera. El cambio de las normas financieras estadounidenses fue el mayor legado de Reagan. Y es el regalo que sigue vigente.
La consecuencia inmediata de la Ley Garn-St. Germain fue, como he dicho, convertir el problema de las entidades de ahorro en una catástrofe. La crisis de las cajas de ahorro se ha eliminado de la hagiografía de Reagan, pero el hecho es que la liberalización dio al sector -cuyos depósitos tenían garantía federal- licencia para apostar con el dinero de los contribuyentes, en el mejor de los casos, o simplemente para expoliarlo, en el peor. Cuando el Gobierno cerró los libros contables sobre el asunto, los ciudadanos habían perdido 130.000 millones de dólares, y por entonces ésa era una cantidad enorme de dinero.
Pero están además las consecuencias a largo plazo. Los cambios legislativos de la era de Reagan básicamente pusieron fin a las restricciones del préstamo hipotecario establecidas durante el New Deal; unas restricciones que, en concreto, limitaban la capacidad de las familias para comprar viviendas sin adelantar una cantidad importante de dinero.
Estas restricciones las impusieron en la década de 1930 unos líderes políticos que acababan de experimentar una terrible crisis financiera e intentaban impedir otra. Pero en 1980, los recuerdos de la Depresión se habían esfumado. El Gobierno, declaró Reagan, es el problema, no la solución; hay que dar rienda suelta a la magia del mercado. Y así se eliminaron las normas de precaución.
Esto, unido a unos criterios de préstamo más flexibles para otros tipos de créditos al consumo, provocó un cambio radical en el comportamiento estadounidense. No siempre hemos sido una nación de grandes deudas y pocos ahorros; en la década de 1970, los estadounidenses ahorraban casi el 10% de sus ingresos, algo más que en la década de 1960. Fue después de la liberalización de Reagan cuando el ahorro empezó a desaparecer del modo de vida estadounidense, culminando con la tasa de ahorro nula que predominaba en vísperas de la gran crisis. La deuda de las familias alcanzaba sólo el 60% de la renta cuando Reagan asumió la presidencia, aproximadamente igual que durante el Gobierno de Kennedy. En 2007 había aumentado hasta un 119%.
Todo esto, se nos aseguraba, era bueno: es verdad que los estadounidenses acumulaban deudas y no ahorraban nada de su renta, pero sus finanzas parecían ir bien si teníamos en cuenta la subida de valor de sus viviendas y de sus carteras bursátiles. Vaya.
Las causas inmediatas de la crisis económica actual se encuentran sin lugar a dudas en acontecimientos que se produjeron mucho después de que Reagan dejase el poder: en la abundancia mundial de ahorros creada por el superávit en China y en otros países, y en la gigantesca burbuja inmobiliaria que esa abundancia de ahorros ayudó a inflar.
Pero fue la explosión del endeudamiento a lo largo del cuarto de siglo anterior lo que hizo que la economía estadounidense se volviera tan vulnerable. Muchos de los que habían pedido préstamos que estaban por encima de sus límites tenían a la fuerza que dejar de pagarlos cuando la burbuja se pinchó y el desempleo empezó a aumentar.
Esta morosidad provocó a su vez caos en un sistema financiero que -también gracias a la liberalización de Reagan- había asumido demasiados riesgos con demasiado poco capital.
En los tiempos que corren, se puede echar la culpa a muchos. Pero los principales causantes del caos en el que nos encontramos fueron Reagan y su círculo de asesores, hombres que olvidaron las lecciones de la última gran crisis financiera de Estados Unidos, y condenaron al resto de nosotros a repetirla.

Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008.
http://espaicritic.blogspot.com/2009/06/la-culpa-la-tiene-reagan-de-paul.html

Coment:
sociedad solo endeudas sin capacidad de ahorro, son sociedades que huyen hacia adelante, pero el futuro se convierte en presente, y el presente es una suma de problemas....

la crisis del 30

No es un error no me estoy refiriendo a la crisis del 29 (la que se denominaba la gran crisis financiera del siglo XX), me refiero a la crisis actual, que se podria denominar crisis del 30, porque supondrá un decrecimiento del 30 %. (esperemos que esta sea la unica gran crisis del XXI y que solo sea un "grado superior")

En mi caso repasar la historia economica ha sido clave para preveer que podia suceder, repasar las otras crisis, repasar como seexpande el credito, como se forman burbujas, que sucede despues, y que soluciones de politica economica pueden dar resultado y cuales no dieron resultado.

La historia es mucho mas real que los informes que son ocultados, son parciales , direccionados, o simplemente indican turbulencias, advertencias pero no explican la magnitud y gravedad de las consecuencias de aplicar determinadas politicas. Tampoco los informes de macroeconomia excesivamente matematicos sirvieron para emitir buenos pronosticos de la magnitud de la crisis.

La historia nos indicaba como se financio Vietnam, que ocurre cuando un pais y los ciudadanos se endeudan muy por encima de sus posibilidades, nos indica como un pais puede traspasar al resto de las economisa sus problemas, nos indica un grupo de paises sin ahorro, y la deriva de una globalizacion que magnifica los problemas sin organimos a la altura global que puedan frenar o regular.

en resumen:menos matematca y mas historia economica






jueves, 25 de junio de 2009

somos un primer paso hacia un gobierno de la humanidad

Nuestros problemas requieren un gobierno mundial: el primer paso es la justicia universal en el TPI
Luís Moreno Ocampo, fiscal jefe del Tribunal Penal Internacional de la Haya (TPI)
Lluís Amiguet.- Tengo 57 años y nací en Buenos Aires: sufrí la dictadura y tuve la satisfacción de ser fiscal en el proceso a los dictadores. Comulgo con todas las religiones en el respeto a la vida. .
Luis Jiménez de Azúa, presidente de la República española en el exilio, y profesor de la Universidad de Buenos Aires, fue expulsado de ella por la dictadura en 1966; murió en 1968. Veinte años después, cinco de los seis jueces que procesaron a los dictadores eran alumnos suyos...

Justicia.

Y yo, ayudante del fiscal en el proceso a la junta, era alumno de uno de sus alumnos.
Educación al cabo también es justicia.

Hemos conseguido que ningún genocida, aunque sea un jefe de Estado, se sienta impune por muchas fronteras que atraviese...

... ... Y ese es el primer paso hacia una gobernanza mundial, pero ¿sabe lo mejor?

¿. ..?

Que a nosotros los mayores nos parece una utopía hecha realidad: juzgar a un genocida por crímenes contra la humanidad...

¡Vimos tanto genocidio impune! ...

Pero a los jóvenes les parece... ¡No sólo justo, sino normal! Hoy instruimos sumarios en Sudán - procesamos entre otros a su presidente-por Darfur; Congo, donde hemos abierto causa por el uso de niños soldado; Colombia; Uganda; Georgia, donde Rusia nos ha remitido 3.000 casos; Afganistán; Kenia, tras la terrible violencia electoral...

Ahora recordamos esas masacres, pero también las olvidaremos pronto...

No se trata sólo de juicios. Abu Garda, un líder rebelde en Sudán, se presentó ante el TPI porque quería hacer carrera política y, antes que nada, quería ser investigado y absuelto de cualquier culpa ante su pueblo.

Desde luego, ese señor creía en el TPI.

Estamos cambiando la mentalidad en todo el mundo. Por ejemplo, es muy importante que los ejércitos y las policías se ajustan ahora en sus códigos a nuestros criterios: de ahí que el ejército español tuviera tanto cuidado en intervenir en Iraq sólo "en misión humanitaria bajo el mandato de la ONU...".

¡Cómo olvidar ese latiguillo!

Sentamos jurisprudencia universal que ya tiene inmediatas consecuencias. Un piloto australiano, por ejemplo, se negó a bombardear Iraq porque no quería verse algún día sentado ante nuestro tribunal en La Haya.

Veo que se ha hecho camino.

Mucho desde que tras los juicios de Nuremberg, el horror por los genocidios y el deseo universal de no repetir las atrocidades nazis propiciaran los acuerdos de Nuremberg y la convención de Ginebra.

Pero después de Nuremberg ha habido otros cuantos genocidios impunes.

Porque la guerra fría impidió que se realizara ese deseo hasta la guerra de los Balcanes, en que el Consejo de Seguridad de la ONU creó el tribunal especial que juzgó a Milosevic y a Karadzic entre otros.

Procesos ejemplares.

En 1994 el genocidio de Ruanda dio lugar a otro tribunal especial y en 1998 dimos dos pasos de gigante hacia la justicia global...

¿Garzón y Pinochet?

Sí: Garzón abrió uno de los dos caminos: un juez de un Estado que ordena el arresto y procesa a criminales de otro Estado basándose en la legislación internacional.

El escándalo era que fuera escándalo.

Y también se inició otro camino paralelo: hoy ya han firmado 120 países aquel Estatuto de Roma de 1998 que dio origen al TPI.

Ha firmado más de la mitad de la ONU.

Casi toda Europa; toda Sudamérica, algunos de Asia y toda Áfricamenos los árabes.

Estados Unidos se resiste.

Pero el vaso está medio lleno. En Asia, Japón y Corea del Sur firmaron, pero es en Europa, Áfricay Sudamérica donde tenemos más apoyos, porque allí también hemos sufrido y juzgado genocidios recientes.

Firmarlo es renunciar a soberanía.

El rey de Noruega tuvo que abdicar temporalmente para poder firmarlo, porque el TPI no respeta ninguna inmunidad, ni la de un jefe de Estado, y el rey noruego la tenía.

¿Dónde están los límites del TPI?

Sólo juzgamos genocidios...

Crímenes masivos...

O no: un grupo criminal irlandés que sólo asesinaba a los herederos de terratenientes protestantes: era un genocidio limitado en número. Juzgamos también crímenes de lesa humanidad y de guerra cometidos desde el 2002, en que entró en vigor el Estatuto.

¿A instancias de quién actúa usted?

Del Consejo de Seguridad de la ONU, caso de Darfur; de un Estado o de mí mismo.

Eso último seguro que no gusta...

No, porque en relaciones internacionales los estados son los actores, y muy celosos de aceptar a nadie que no sea otro Estado.

Pero el Estado - al fin-somos personas.

Sólo actúo ante esos crímenes cuando la justicia de un país no lo hace. También soy el gerente de 300 profesionales de 60 países que ejercen en el TPI y, en especial, de los 150 investigadores. Ahora, por ejemplo, tenemos una petición de la Autoridad Nacional Palestina para que empecemos a investigar en territorios ocupados...

Fiscal: esa es una patata caliente.

¡Todas las causas justas lo son! Cuando fui fiscal en el proceso a la dictadura, recuerdo a mi madre enfadadísima conmigo porque el general Videla iba a su misma iglesia y - ella creía-nos defendía de la guerrilla.

Explicar sus juicios no debe de ser fácil. Si no convencí a mamá sobre Videla..., ¡cómo convencer a todos sobre Ruanda! Me preocupa más ser justo.

JUSTICIA PLANETARIA
Moreno fue elegido fiscal del TPI por 70 países hace cuatro años, pero le queda ilusión para los tres que le restan de mandato; por lo menos, me explica sus sumarios con ilusión de colegial y tiene que reprimir la euforia para no parecer ingenuo al hablar del "gobierno mundial" (a mí también me suena a Star Trek).Colabora con universidades - estuvo el viernes en la Pompeu Fabra-para codificar la "justicia mundial" (de nuevo parece ciencia ficción). En cambio, el fiscal cuenta que sus ayudantes jóvenes en la fiscalía del TPI asumen con naturalidad actuaciones que a él le dejan noches sin dormir. Me pregunta preocupado si los jueces españoles le cortarán las alas mundiales a su amigo Garzón.
La Vanguardia (22.06.2009)

sábado, 20 de junio de 2009

«Los mensajes tóxicos de Wall Street»

Toda crisis tiene un final, y aunque hoy por hoy las cosas pintan negras, también esta crisis económica pasará. Lo cierto, en todo caso, es que ninguna crisis, y mucho menos una tan grave como la actual, remite sin dejar un legado. Uno de los legados de esta crisis será una batalla de alcance global en torno a ideas.
O mejor, en torno a qué tipo de sistema económico será capaz de traer el máximo beneficio para la mayor cantidad de gente.
En ningún sitio esa batalla es más enconada que en el Tercer Mundo. Alrededor del 80 por ciento de la población mundial vive en Asia, América Latina y África. De entre ellos, unos 1.400 millones subsisten con menos de 1.25 dólares diarios.....

La caída del Muro de Berlín, en 1989, marcó el fin del comunismo como una idea viable. Ciertamente, el comunismo arrastraba problemas manifiestos desde hace décadas. Pero tras 1989 se volvió muy difícil salir en su defensa de manera convincente. Durante un tiempo, pareció que la derrota del comunismo suponía la victoria segura del capitalismo, particularmente del capitalismo de tipo estadounidense.
Francis Fukuyama llegó a proclamar “el fin de la historia”, definió al capitalismo de mercado democrático como el último escalón del desarrollo social y declaró que la humanidad toda avanzaría en esa dirección. En rigor, los historiadores señalarán los 20 años siguientes a 1989 como el breve período del triunfalismo estadounidense.
El colapso de los grandes bancos y de las entidades financieras, el subsiguiente descontrol económico y los caóticos intentos de rescate han dado al traste con ese período. Y también con el debate acerca del “fundamentalismo de mercado”, con la idea de que los mercados, sin control ni restricción alguna, pueden por sí solos asegurar prosperidad económica y crecimiento. Hoy, sólo el autoengaño podría llevar a alguien a afirmar que los mercados pueden auto- regularse o que basta confiar en el auto-interés de los participantes en el mercado para garantizar que las cosas funcionen correctamente y de forma honesta.

El debate económico es especialmente intenso en el mundo en vías de desarrollo. Aunque aquí en occidente tendemos a olvidarlo, hace 190 años una tercera parte del producto bruto mundial se generaba en China. Luego, y de una manera un tanto repentina, la explotación colonial y los injustos acuerdos comerciales, combinados con una revolución tecnológica en Estados Unidos y Europa, condenaron al rezago a los países en desarrollo. A resultas de ello, hacia 1950 la economía china representaba menos del 5 por ciento del producto bruto mundial. A mediados del siglo XIX, en realidad, el Reino Unido y Francia tuvieron que emprender una guerra para abrir China al comercio global. Esta fue la “segunda guerra del opio”, llamada así porque los países occidentales tenían muy poco que vender a China a excepción de estas drogas, que pronto invadieron sus mercados y generaron una amplia adicción entre la población. Con esta guerra, occidente ensayaba una vía temprana de corrección de la balanza de pagos.

El colonialismo dejó una herencia compleja en el mundo en desarrollo.
Entre la mayoría de la población, sin embargo, la visión dominante era que habían sido cruelmente explotados. Para muchos nuevos líderes, la teoría marxista ofrecía una interpretación sugerente de esta experiencia, puesto que sostenía que la explotación era en realidad el motor del sistema capitalista. Por eso, la independencia política que las colonias conquistaron tras la segunda guerra mundial no supuso el fin del colonialismo económico. En algunas regiones, como África, la explotación –la extracción de recursos naturales y la devastación del ambiente a cambio de migajas- era evidente. En otros sitios fue más sutil. En diferentes regiones del mundo, instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial pasaron a ser vistas como instrumentos de control pos-colonial. Estas instituciones propiciaron el fundamentalismo de mercado (o “neoliberalismo”, como fue a menudo llamado) una categoría idealizada por los estadounidenses como “mercados libres e irrestrictos”. Asimismo, presionaron a favor de la desregulación del sector financiero, de las privatizaciones y de la liberalización del comercio.

El Banco Mundial y el FMI aseguraban que todo lo hacían por el bien de los países en desarrollo. Su actuación estaba respaldada por equipos de economistas partidarios del libre mercado, muchos de ellos provenientes de la catedral de la economía de libre mercado, la Universidad de Chicago. Al final, los programas de los ‘Chicago boys’ no trajeron los resultados prometidos. Los ingresos se estancaron.
Allí donde hubo crecimiento, la riqueza fue a parar a los estratos más altos. Las crisis económicas en países concretos se volvieron cada vez más frecuentes. Sólo en los últimos 30 años, de hecho, se produjeron más de cien de considerable gravedad.

En este contexto, no sorprende que las poblaciones de los países en desarrollo creyeran cada vez menos en las motivaciones altruistas de Occidente. Sospechaban que la retórica de la economía libre de mercado –lo que pronto se conoció como “el Consenso de Washington”- era sólo la cobertura de los intereses comerciales de siempre. Estas sospechas se vieron reforzadas por la propia hipocresía de los países occidentales. Europa y Estados Unidos no abrieron sus propios mercados a la agricultura producida en el Tercer Mundo, que con frecuencia era todo lo que estos países podían ofrecer. Por el contrario, los forzaron a eliminar subsidios necesarios para la creación de nuevas industrias, a pesar de que ellos otorgaban subsidios a sus propios agricultores.

La ideología del libre mercado resultó ser una excusa para acometer nuevas formas de explotación. “Privatizar” quería decir que los extranjeros podían comprar minas y campos petrolíferos a bajo precio en los países en desarrollo. Suponía que podían extraer considerables beneficios de actividades monopólicas y semi-monopólicas como las telecomunicaciones. “Liberalizar”, por su parte, quería decir que podían obtener créditos con facilidad. Y si las cosas iban mal, el FMI forzaba la socialización de las pérdidas, con lo que el esfuerzo de pagar a los bancos recaía sobre la población en su conjunto. También comportaba que las empresas extranjeras pudieran arrasar con las industrias emergentes, bloqueando el despliegue del talento empresarial local. El capital fluía libremente, pero el trabajo no, salvo en el caso de los individuos mejor dotados, que podían encontrar un empleo en el mercado global.

Obviamente, éstos no son más que brochazos de un cuadro más complejo.
En Asia, por ejemplo, siempre hubieron resistencias al Consenso de Washington e incluso restricciones a la libre circulación de capital.
Los gigantes asiáticos –China e India- condujeron la economía a su manera y obtuvieron inéditos índices de crecimiento. Pero en general, y sobre todo en aquellos países en los que el Banco Mundial y el FMI controlaron las riendas, las cosas no fueron demasiado bien.

Para los críticos del capitalismo estadounidense en el Tercer Mundo, la manera en que los Estados Unidos han respondido a la crisis constituye la gota que colma el vaso. Durante la crisis del sudeste asiático, hace apenas una década, los Estados Unidos y el FMI exigieron que los países afectados redujeran el déficit a través de recortes en el gasto social. Poco importó que en países como Tailandia estas medidas contribuyeran a un resurgimiento de la epidemia del SIDA, o que en otros como Indonesia comportara el recorte de subsidios para la alimentación de los hambrientos. Estados Unidos y el FMI forzaron a estos países a aumentar los tipos de interés, en algunos casos en más de un 50 por ciento. Urgieron a Indonesia que fuera dura con los bancos y al gobierno que no acudiera en su rescate ¡Qué peligroso precedente! –dijeron- ¡qué tremenda intervención en el delicado mecanismo de relojería del libre mercado!

El contraste entre la reacción exhibida ante las crisis asiática y estadounidense es notorio y no ha pasado inadvertido. Para sacar a Estados Unidos del pozo, somos testigos de incrementos masivos del gasto y del déficit, así como de tasas de interés que prácticamente han sido reducidas a cero. Las ayudas a los bancos fluyen a diestra y siniestra. Algunos de los funcionarios de Washington que tuvieron que lidiar con la crisis asiática son ahora los encargados de dar respuestas a la crisis estadounidense ¿Por qué los Estados Unidos –se pregunta la gente del Tercer Mundo- prescriben una medicina diferente cuando se trata de sí mismos?

En los países en desarrollo, son muchos los que aún padecen los efectos del sermoneo recibido en los últimos años: adoptad instituciones como las de los Estados Unidos; seguid nuestras políticas; comprometeos con la desregulación; abrid vuestros mercados a los bancos norteamericanos si queréis aprender “buenas” prácticas bancarias; y vended (no por casualidad) vuestras empresas y bancos a los Estados Unidos, especialmente si es a precio de ganga durante las épocas de crisis. Sí, reconocía Washington, puede ser doloroso, pero al final estaréis mejor. Los Estados Unidos enviaron a sus Secretarios del Tesoro (de ambos partidos) alrededor del mundo a predicar la buena nueva. A ojos de muchos, la puerta giratoria que permite a los líderes financieros norteamericanos pasar cómodamente de Wall Street a Washington y otra vez a Wall Street, les otorgaba todavía más credibilidad: parecían combinar a la perfección el poder del dinero y el poder de la política. Los líderes financieros norteamericanos tenían razón en pensar que lo que era bueno para los Estados Unidos o el mundo era bueno para los mercados financieros. Pero lo contrario no era cierto: no todo lo que era bueno para Wall Street era bueno para los Estados Unidos y el mundo.

No es un simple gesto de Schadenfreude, de alegría por la desgracia ajena, lo que motiva el severo juicio que los países en vías desarrollo realizan del fracaso económico de Estados Unidos.

También está en juego la necesidad de discernir cuál es el sistema económico que mejor puede funcionar en el futuro.

Indudablemente, estos países tienen todo el interés del mundo en que ver una pronta recuperación de los Estados Unidos. Saben que por sí solos no podrían afrontar lo que los Estados Unidos han hecho para intentar revivir su economía. Saben que ni siquiera el elevado nivel de gasto realizado está funcionando demasiado rápido. Saben que a resultas del colapso económico norteamericano, 200 millones de personas más han caído en la pobreza en el curso de los últimos años. Pero están convencidos, cada vez más, de que cualquier ideal económico propugnado por los Estados Unidos es un ideal del que seguramente habría que huir.

¿Por qué debería preocuparnos la desilusión del mundo con el modelo estadounidense de capitalismo? La ideología que promovimos todos estos años ha dejado de funcionar, pero tal vez esté bien que no pueda repararse ¿Podríamos acaso sobrevivir –incluso tan bien como hasta
ahora- si nadie se adhiere al modo de vida norteamericano?

Seguramente, nuestra influencia disminuirá, ya que es poco probable que se nos considere un modelo a seguir. En cualquier caso, es lo que ya estaba ocurriendo de hecho. Los Estados Unidos solían desempeñar un papel crucial en el capital global, ya que otros pensaban que teníamos un especial talento para lidiar con el riesgo y para asignar recursos financieros. Hoy nadie piensa algo así, y Asia – de donde proceden buena parte de los ahorros del mundo - ya está desarrollando sus propios centros financieros. Hemos dejado de ser la fuente central del capital. Los tres bancos más importantes del mundo son ahora chinos.
El principal banco norteamericano ha caído al quinto puesto.

El dólar ha sido durante mucho tiempo la moneda de reserva. Los países tenían al dólar como referencia para determinar la confianza en sus propias monedas y gobiernos. Sin embargo, progresivamente se ha ido imponiendo en los bancos centrales de diferentes partes del mundo la idea de que el dólar puede no ser un referente de valor. Su valor, de hecho, ha oscilado y ha ido cayendo. El enorme incremento de la deuda norteamericana durante la presente crisis, combinado con los préstamos indiscriminados de la Reserva Federal, han disparado las especulaciones en torno al futuro del dólar. Los chinos han sugerido de manera abierta la posibilidad de inventar algún tipo nuevo de moneda para reemplazarlo.

Mientras tanto, el coste de lidiar con la crisis está desbordando nuestras necesidades. Nunca hemos sido generosos en nuestra ayuda a los países pobres. Pero las cosas están empeorando. En los últimos años, la las inversiones chinas en África han sido superiores a las del Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo juntos, muy lejos de las realizadas por Estados Unidos. Para afrontar la crisis, los países africanos corren a Beijing en busca de ayuda, no a Washington.

Mi preocupación aquí, en todo caso, tiene que ver con el ámbito de las ideas. Me preocupa que, a medida que se vean con mayor nitidez las fallas del sistema económico y social norteamericano, las personas de los países en desarrollo vayan a extraer conclusiones erróneas. Sólo unos pocos países -y acaso los propios Estados Unidos- aprenderán correctamente la lección. Se darán cuenta de que para salir adelante es necesario un régimen en el que el reparto de papeles entre mercado y gobierno sea equilibrado y en el que haya un estado fuerte capaz de administrar formas efectivas de regulación. Se darán cuenta de que el poder de los intereses privados debe limitarse.

Otros países, empero, sacarán conclusiones más confusas y profundamente trágicas. Tras el fracaso de sus sistemas de posguerra, la mayoría de países ex comunistas retornaron al capitalismo de mercado y encumbraron a Milton Friedman en lugar de a Karl Marx como nuevo dios. Con la nueva religión, sin embargo, no les ha ido bien.
Muchos países pueden pensar, en consecuencia, que no sólo el capitalismo ilimitado, de tipo estadounidense, ha fracasado, sino que es el propio concepto de economía de mercado el que ha fallado y ha quedado inutilizado para cualquier circunstancia. El viejo comunismo no regresará, pero sí diversas formas excesivas de intervenir en el mercado. Y fracasarán. Los pobres sufren con el fundamentalismo de mercado, que genera un efecto derrame, pero de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo. Pero los pobres seguirán sufriendo con este tipo de regímenes, puesto que no generarán crecimiento.
--Sin crecimiento no puede haber reducción sostenible de la pobreza--
No ha habido nunca una economía exitosa que no haya descansado fuertemente en los mercados. La pobreza estimula la desafección. Los inevitables fracasos conducirán a mayor pobreza aún y serán difíciles de gestionar, sobre todo por parte de gobiernos llegados al poder con el propósito de combatir el capitalismo de tipo norteamericano. Las consecuencias para la estabilidad global y para la propia seguridad de los Estados Unidos son evidentes.

Hasta ahora, solía existir una sensación de valores compartidos entre los Estados Unidos y las élites educadas en Estados Unidos alrededor del mundo. La crisis económica ha erosionado la credibilidad de dichas élites. Hemos suministrado a los críticos con la disoluta forma de capitalismo practicada en Estados Unidos, poderosa munición para contraatacar con la prédica de una más amplia filosofía anti-mercado.
Y seguimos proporcionándoles más y más munición. Mientras en la reciente cumbre del G-20 nos comprometíamos a no impulsar el proteccionismo, colocábamos una previsión de “compre norteamericano” en nuestro propio paquete de estímulos. Luego, para ablandar la oposición de nuestros aliados europeos, modificábamos dicha norma, de todo punto discriminatoria en relación con los países pobres.
La globalización nos ha hecho más interdependientes; lo que ocurre en una parte del mundo afecta a la otra, un hecho probado por el contagio a otros de nuestras dificultades económicas. Para resolver problemas globales, es menester que exista un sentido de cooperación y confianza, así como un cierto sentido de valores compartidos. Esta confianza nunca fue sólida, y no ha hecho sino debilitarse en los últimos tiempos.

La fe en la democracia es otra de las víctimas. En el mundo en desarrollo, la gente mira hacia Washington y ve al sistema de gobierno que permitió a Wall Street prescribir una serie de reglas que pusieron en riesgo la economía global y que, cuando toca asumir las consecuencias, vuelve a recurrir a Wall Street para gestionar la recuperación. Ve permanentes redistribuciones de riqueza hacia la cúspide de la pirámide, claramente a expensas de los ciudadanos comunes y corrientes. Ve, en suma, un problema básico de falta de controles en el sistema democrático estadounidense. Y después que se ha visto todo esto, sólo es necesario dar un pequeño paso para concluir que hay algo que funciona inevitablemente mal con la propia democracia.

Eventualmente, la economía estadounidense se recuperará y, hasta cierto punto, nuestro prestigio en el extranjero. Durante mucho tiempo, los Estados Unidos fueron el país más admirado del mundo, y todavía es el más rico. Guste o no, nuestras acciones están sujetas a permanente examen. Nuestros éxitos son emulados. Pero nuestras fracasos son criticados con escarnio. Todo esto me devuelve a Francis Fukuyama. Fukuyama estaba equivocado al pensar que las fuerzas de la democracia liberal y de la economía de mercado triunfarían de modo inevitable y que no habría vuelta atrás. Pero no estaba equivocado al creer que la democracia y las fuerzas de mercado son esenciales para tener un mundo justo y próspero. La crisis económica, en buena medida desencadenada por el comportamiento de los Estados Unidos, ha hecho más daño a estos valores fundamentales que cualquier régimen totalitario en los tiempos recientes. Tal vez sea verdad que el mundo se encamina al fin de la historia, pero de lo que se trata, ahora, es de navegar contra el viento y de ser capaces de definir el curso de las cosas.
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Joseph Stiglitz es profesor de teoría económica en la Universidad de Columbia, fue presidente del Council of Economic Advisers entre 1995 y 1997, y ganó el Premio Nobel de Economía en 2001. Actualmente, preside la Comisión de Expertos nombrada por el Presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas para el estudio de reformas en el sistema monetario y financiero internacional.

----------Traducción para www.sinpermiso.info: Xavier Layret

coment:

Nuevos modelos de crecimiento, de desarrollo sostenible, basados en el mercado, sin excederse en el intervencionismo, con la necesidad de una reorganización de los organimos supranacionales para organizar adecuadamente la globalización.
Democracia global, justica global, transparencia y principios comunes.

viernes, 19 de junio de 2009

Vicençs Ferrer. En recuerdo.



Vicente Ferrer, una de las figuras más relevantes de nuestro siglo en el ámbito de la Cooperación, ha fallecido en Anantapur, India, donde trabajó los últimos 40 años de su vida.



Carta de su esposa:
Con gran tristeza os escribo este mensaje para comunicaros que mi querido esposo y nuestro gran amigo Vicente Ferrer ha fallecido pacíficamente a las 01:15 del 19 de junio después de algunas complicaciones en su enfermedad cardiaca y la embolia que sufrió recientemente.
Sé que todos sentimos que Vicente ha llevado a cabo mucho más que una gran obra en el transcurso de su vida. Ahora ha llegado su momento de descansar en paz, y el nuestro de continuar con la gran labor que él comenzó así como de difundir sus ideales de compromiso con los más desfavorecidos y “la acción” para remediar el sufrimiento de este mundo.
Todos vosotros habéis estado mental y espiritualmente con nosotros a lo largo de estos tres meses desde que Vicente sufriera la embolia el pasado 19 de marzo, y habéis sido una gran ayuda y apoyo.
Para mí, mi esposo no se ha marchado, sino que vive en cada rincón de Anantapur y en cada parte del trabajo en nuestras aldeas. Para todos nosotros en India y en España, él sigue viviendo a través de sus sencillas palabras y mensajes, que tienen significado para todas las personas, sea cual sea su credo o condición.
Anna Ferrer, Moncho Ferrer, Jordi Folgado y los miembros de la familia.
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Un modelo que deberian imitar las otras ongs e instituciones religiosas.

miércoles, 17 de junio de 2009

Sobre como encara España la crisis del crédito



Posted by todoproductividad at 10 junio 2009


Hace unos días recibimos de primera mano una información interesante. Un fabricante español plenamente solvente y de los pocos que está atravesando la crisis con éxito había visto cómo su línea de crédito para financiación del circulante había sido cancelada. Lo sorprendente es que los bancos no le dan crédito ni siquiera aportando garantías personales a una empresa excelentemente capitalizada, muy poco endeudada, que nunca ha devuelto una letra, y con activos muy valiosos que puede aportar como garantía. En conclusión, lo que hace unos años era el cliente soñado por el que se peleaban los bancos ahora ve también cerradas las líneas de crédito.
Este síntoma de la “economía de fábrica” es de lo más preocupante pues claramente indica que la actividad productiva industrial está seriamente afectada no sólo por la caída en la demanda sino también por la crisis del crédito. Hablamos de financiar un circulante de en torno a 400.000 euros para fabricación de equipos de alta tecnología.
La respuesta a lo que está ocurriendo podemos verla estudiando la gráfica de financiación a los sectores no financieros que publica en Banco de España . Analizando esta gráfica podemos extraer algunas sorprendentes conclusiones.
La cuestión es que el crédito a las sociedades no financieras y a los hogares cae sin cesar desde 2006. Vemos aquí que aunque en España no quiso reconocerse en su momento (ni siquiera se hablaba de ello), cuando en Estados Unidos estalló la crisis subprime en diciembre de 2006 ya empezó a caer el crédito en España. España vivía en aquel momento inmersa en el negocio montado en torno a sus burbujas especulativas (inmobiliaria, solar, etc.) y nadie se preocupaba lo más mínimo de lo que ocurriese allende los mares. Pero en aquella época ya estaba cayendo el crédito en España y estaba afectando sobre todo al sector inmobiliario. Podemos poner fecha entonces al estallido de los problemas en España (sucesivas burbujas) en el año 2006. Pero los poderes económicos y políticos ocultaron la información una y otra vez, era la época en la que en España se defendía la esperpéntica idea del “aterrizaje suave”. Lo mismo había ocurrido en Estados Unidos con el “soft landing”, pero a finales de 2006 ya nadie hablaba de soft, sino que claramente se había sustituido por hard.
Muchos de los empresarios que hoy en día ven cómo quiebran sus empresas y tienen que despedir a todos sus trabajadores tenían la suerte echada ya en ese momento. Los empresarios que se endeudaron en 2007 y 2008 están quebrando, y los que fueron prudentes y no se endeudaron, se están salvando. El mercado regula así los excesos.
Pero en 2006 nadie quería ni hablar de crisis en España (curiosamente ni siquiera los partidos de la oposición), y todos lanzaban mensajes de calma para estimular el consumo interno a base de endeudamiento. La sociedad española estaba muy endeudada en ese momento, pero la sensación de enriquecimiento hacía que aún se asumiesen más riesgos y las empresas asumiesen retos más arriesgados. La estructura de la empresa española con know-how y capacidades de gestión bajo mínimos no tuvo capacidad para percatarse de lo que estaba ocurriendo, y los que lo hicieron estaban expuestos a pérdidas y lo que hicieron fue replegar velamen. Hemos tenido en nuestras manos como se hacían en aquella época estudios económicos de inversiones de muchas decenas o incluso cien millones de euros y la metodología era equivalente a la del cuento de la lechera. Pocos darán crédito a esto, pero es así. Estudios económicos realizados en un solo folio planificaban inversiones millonarias. Era el momento de máximo esplendor de Ciudad Valdeluz, Seseña, Polaris y Marina World. En aquel año los presupuestos de millones de euros para hacer parques fotovoltaicos volaban por los despachos sucediéndose anécdotas que harían temblar a cualquiera.
En aquel momento todo estaba ya desmoronándose hasta llegar a la situación actual, pero lo más sorprendente no es eso. Lo más lamentable de todo es que conforme la crisis del crédito se agudizaba para las familias y empresas, y se iniciaban las quiebras y embargos masivos, unos nuevos demandantes de créditos aparecían en el escenario. Las administraciones públicas comienzan a pedir créditos masivamente a partir de mediados de 2007. Primero lo hacen para cubrir los agujeros que conllevan las caídas de recaudación, espectaculares en el año 2008 (ver Incidencia de la crisis por Comunidades Autónomas)y luego para ir pagando las masivas inyecciones de dinero público con las que responde el Estado central, Comunidades Autónomas y Ayuntamiento.
La gráfica muestra claramente que el endeudamiento de las administraciones públicas hace que la disponibilidad de crédito empeore por momentos. Los planes para revitalizar la economía se convierten en consecuencia en un lastre que penaliza a las pocas empresas productivas que podrían salvarse por sí solas.
Las medidas tomadas no abren la puerta al nuevo modelo productivo que inexcusablemente hay que desarrollar, sino que sirven para prolongar el actual a costa de lastrar aún más la situación económica.

El informe del Banco de España aquí.


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Coment:
- En el analisis falta decir que a partir del 2006 bajo la demanda de creditos, causada por la caida en la demanda de compra de vivienda.
Las confederaciones de autonomos, indican que el sector publico acapara el 80 % de los creditos, de los 14.000 millones de e, en creditos en marzo, 12.000 fueron para las administraciones publicas, otra parte para refinanciar a las constructoras y casi nada para las pymes.

En el informe del Consejo Económico y Social (CES), analizando los datos del 2007, ya se anticipaba el

- frenazo de la economía: el paro se mantenía estancado, la inflación iba al alza y los distintos sectores económicos iniciaban una reducción de su actividad.



-Planes de viabilidad ?
Como asesoraron a estas empresas algunas consultoras ?
Ahora si se nota cuando una empresa esta bien o esta mal asesorada.

martes, 16 de junio de 2009

¿nueva economia?

Parece que hay un alto grado de consenso en que la actual crisis económica tiene un origen financiero, en particular en el mercado norteamericano con las hipotecas subprime, durante la última década. Muchos analistas se vienen preguntando ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo se ha permitido que los mercados y agentes financieros se comportaran durante años tan desaprensivamente?

Y yo me pregunto ¿dónde están los expertos económicos de la Reserva Federal, veladores del sistema? ¿Acaso no sabían que el sistema financiero constituye un pilar básico para el resto del sistema económico y que la falta de rigor en las actuaciones financieras puede provocar consecuencias catastróficas de enorme magnitud?

Esas consecuencias negativas las estamos ya sufriendo en Europa y Estados Unidos en términos de paro, asfixia de PYMES y recesión, pero mucho más graves son las consecuencias en el mundo hipodesarrollado, donde el hambre y la miseria se está acelerando y, por si fuera poco, la ayuda al desarrollo se está restringiendo notablemente.

Ante esta situación el hombre de la calle pone el grito en el cielo cuando lee o escucha que con sólo el 1% del dinero destinado por los gobiernos norteamericano y europeos para sanear a los bancos, sería suficiente para acabar con la situación de extrema pobreza en el mundo.

Al margen de irresponsabilidades y falta de ética en algunos gestores financieros norteamericanos y en la tolerancia internacional con la existencia de paraísos fiscales (que han desempeñado un papel crucial en la transmisión de los activos tóxicos desde las entidades financieras norteamericanas a las europeas), creo que en el fondo de la crisis económica que arrastramos, existe un grave problema de ignorancia, propiciado en gran medida por la obstinada tendencia a imitar y sobrevalorar los conocimientos y métodos económicos generados en los centros de investigación y think-tank norteamericanos

El avance tecnológico posee sus motores impulsores en los países más desarrollados, especialmente en EE.UU., y el resto de los países casi se limitan a “importar” esos avances. En estos tiempos de globalización está ocurriendo algo parecido con la economía, no sólo en lo que se refiere a comportamientos de consumo y técnicas de producción y gestión, sino también en la asimilación, sin más, de las teorías que se elaboran en las universidades “de prestigio”, especialmente norteamericanas.

En el campo de las ciencias experimentales, fundamentalmente en el ámbito tecnológico, es natural que se “importen” las teorías y las nuevas técnicas diseñadas en los centros de investigación que gozan de mayor dotación material. Desde este punto de vista, está justificado que las universidades y los centros de investigación europeos y del resto del mundo se inspiren en gran medida en los nuevos planteamientos científicos desarrollados en las universidades norteamericanas. Sin embargo, esto no debería ser necesariamente el caso de la investigación científica en las ciencias sociales y especialmente en la Economía, puesto que en este tipo de conocimiento no existen la verdades absolutas y universales. El componente social, es decir, el contexto cultural, las condiciones históricas y geográficas, los factores sociopolíticos, etc., son fundamentales para el desarrollo de las investigaciones económicas.

Necesidad de otra economía

Los métodos para perpetuar esa hegemonía de la ortodoxia económica son muy sofisticados, pero en general adquiere una gran relevancia el mecanismo intelectual-académico que describió con gran nitidez el Premio Nobel Gunnar Myrdal hace ya bastantes años: “aquellos que se adhieren al cuerpo dominante forman la ortodoxia; sus obras tienen prestigio, se citan mutuamente y, en general, no mencionan a nadie que no forme parte de este grupo y menos a los rebeldes, cuando se da el caso de que algún economista se atreve a poner en tela de juicio los métodos y teorías que tienen en común los economistas ortodoxos”.

Esto lo señalaba Myrdal hace más de dos décadas, pero en la actualidad, este proceso empobrecedor de la Ciencia Económica se ha incluso reforzado a través de la propia valoración de la calidad en las investigaciones económicas. Como cualquier profesor universitario sabe, en toda Europa y en buena parte del resto del mundo, se ha impuesto el principio norteamericano de “publicas o morirás”; pero no todas la publicaciones tienen el mismo valor, no por su contenido, sino por su continente, es decir por la revista que da acogida al trabajo en cuestión.

Curiosamente, en Economía, se valoran más, con gran diferencia, las revistas anglosajonas y en especial las norteamericanas, con lo cual el investigador no ortodoxo se choca sin remedio con las condiciones señaladas por Myrdal. Naturalmente, este proceso debe contar con el colaboracionismo, un tanto provinciano, de los prebostes de la ortodoxia económica en las universidades autoconsideradas periféricas, lo que suele ocurrir sin grandes dificultades al menos hasta ahora. Con ello se cierra un círculo que es muy difícil de romper y que constituye un factor más para explicar la incapacidad de la Ciencia Económica para evitar problemas económicos tan graves y artificiales como los actuales.

Ante la nueva situación creada por la crisis, los expertos económicos sólo han sido capaces de volver al consabido debate “más estado o más mercado” y las medidas aconsejadas y aplicadas se han limitado a recordar a Keynes y a inyectar liquidez al sistema financiero, probablemente sin reparar que las repercusiones en términos de déficit y deuda pública van a ir a cargo de generaciones futuras, sin saber ni medir sus consecuencias. Y todo ello en un contexto intelectual que, como señalaba Galbraith con toda su experiencia poco antes de morir, está lleno de analistas que por lo general “no saben que no saben”.

Creo que se impone la necesidad de desembarazarse del colonialismo intelectual anglosajón en el ámbito económico, y quizás esta sea una buena oportunidad para plantearse otros paradigmas y otra forma de pensar en el funcionamiento de la economía.

Joaquin Guzman
Catedrático de Economía Aplicada (Universidad de Sevilla)

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la escuela austriaca incidiria en estos factores:

-Uso predominante de los “estados de equilibrio” solo analizables matemáticamente.

-Olvido del papel que juegan los proceso de mercado y la competencia.

-Insuficiente atención al papel que juega el conocimiento, las expectativas y los procesos de aprendizaje en el mercado.

-Uso indiscriminado de agregados macroeconómicos y olvido de los agentes individuales y su coordinación espontánea.

-Intento de aplicar una metodología propia de las ciencias naturales a un campo que le es totalmente ajeno.

Colapso en el norte: ¿muerte en el sur?

La crisis de los pobres

01.06.09 - GUSTAVO DUCH GUILLOT. EL CORREO VASCO.

Llevaba un tiempo preguntándome cuáles serían las consecuencias de la crisis económica que sufrimos los países más avanzados sobre los paises menos desarrollados.
Leyendo a Michael T. Klare, en su artículo: 'Colapso en el Norte: ¿muerte en el Sur?' mis interrogaciones se esclarecen.

Las explicaciones que aporta Klare llegan de la revisión de tres informes muy relevantes.
- El primero de ellos: "'Nadando a contracorriente: cómo lidian con la crisis global los países en desarrollo', fue publicado a finales de febrero por un grupo de expertos del Banco Mundial, y expone un panorama preocupante.
Si bien inicialmente los países más pobres no han sufrido la crisis financiera, ésta, en una segunda oleada, les está afectando en los ingresos procedentes de la exportación de sus mercancías: los países que se han visto obligados a depender de economías exportadoras (por ejemplo en el sector agrícola) están viendo cómo la caída de la demanda global les genera menos ventas y (con menor demanda) a precios más baratos. Además se encuentran con la disminución de la inversión extranjera, pero sobre todo «han disminuido las remesas de los migrantes en los países más ricos a sus familias en casa, borrando una fuente importante de ingresos para las comunidades pobres».
Con estas previsiones las cifras que apunta el informe hablan de un incremento de la pobreza en 46 millones de personas en 2009 y sus Estados en bancarrota, sin capacidad para atenderles y prestarles servicios minimos.

-El segundo informe que cita Klare no es un análisis económico sino el informe anual que publica la FAO (Organización mundial de la Alimentación) sobre las Perspectivas de cosechas y situación de los alimentos. Sin entrar en todos los detalles del mismo, la conclusión es sencilla: si los años anteriores tuvimos una subida de precios en los alimentos, fundamentalmente por los aumentos en los precios del petróleo («el precio de la comida está muy ligado al del crudo, dado
que la agricultura moderna se basa en gran medida en productos derivados del petróleo para el cultivo, la cosecha, la entrada a los mercados, los plaguicidas y los fertilizantes artificiales»), en el
año 2009 estos volverán a subir pero ahora por una reducción global en la producción de cereales. Por un lado muchos países productores de cereales están soportando severas sequías y por otro los altos precio de los insumos agrícolas han desincentivado a muchos agricultores.
«Un ejemplo es Zimbabwe, donde, pese a que las condiciones del clima son satisfactorias, las carencia de semillas fertilizantes, agroquímicos (...) ponen al maíz severas restricciones».

-Por último, Klare explica las preocupaciones de EE UU ante la inestabilidad política que generará la expansión de la crisis que acabamos de revisar. Según la Evaluación Anual de Amenazas que elabora el director de la Inteligencia Nacional, «los modelos estadísticos muestran que las crisis económicas incrementan el riesgo de una inestabilidad amenazante a los regímenes si perduran más allá de uno o dos años» y apunta varias áreas con riesgos particulares, entre ellas África, América Latina y Asia Central.

Y así andamos, los países ricos inyectando dinero a los bancos y los países pobres sin recursos económicos y en breve sin alimentos.
Mientras, las instituciones internacionales, gobiernos y administraciones de los países ricos, preocupadas -como toca- en nuestra crisis particular, pero sin visión global, desatendiendo las repercusiones sobre las poblaciones que llevan ya demasiadas décadas de crisis. O en cualquier caso, lo que nos preocupa de dichas secuelas, son las revueltas y disturbios que nos pueden salpicar.
Nuestra economía esquilmadora de recursos y derechos es lo que tiene: la crisis de los ricos la pagan los pobres, y el motín de los pobres incomoda a los ricos.

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Gustavo Duch Guillot

viernes, 12 de junio de 2009

El Rise and Decline of Nations


El Rise and Decline of Nations: crecimiento econòmico, estancamiento y rigidez Social de Mancur Olson

Economista y sociologo, con tintes taositas, “cuando una sociedad se hace mas exitosa sus instituciones se hacen mas complejas y rigidas” La tesis de este libro “si la sociedad disfruta de una estabilidad politica, mas grande es la probabilidad de desarrollar poderoros grupos de presion de intereses especiales” En 1983, nos decia “ el tipo de estancamiento y desmoralizacion que estan barriendo Europa y america del norte”

· Editorial: Yale University Press

· Pub. Ed Date: April 1983 Data: Abril de 1983

· ISBN-13: 9780300030792 ISBN-13: 9780300030792