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sábado, 30 de octubre de 2010

¿Quién teme a Wikileaks?, de Manuel Castells en La Vanguardia

OBSERVATORIO GLOBAL
Tenía que ocurrir.
Los gobiernos llevaban tiempo preocupados con su pérdida de control de la información en el mundo de internet. Ya les molestaba la libertad de prensa. Pero habían aprendido a convivir con los medios tradicionales. En cambio, el ciberespacio, poblado de fuentes autónomas de información, es una amenaza decisiva a esa capacidad de silenciar en la que se ha fundado siempre la dominación. Si no sabemos lo que pasa, aunque nos lo temamos, los gobernantes tienen las manos libres para robar y amnistiarse mutuamente como en Francia o Italia o para masacrar a miles de civiles y dejar curso a la tortura como EE. UU. en Iraq y Afganistán.
De ahí la alarma de las élites políticas y mediáticas ante la publicación de centenares de miles de documentos originales incriminatorios para los poderes fácticos en EE. UU. y en otros muchos países por Wikileaks.
Se trata de un medio de comunicación por internet, creado en el 2007, publicado por una fundación sin ánimo de lucro legalmente registrada en Alemania pero que opera desde Suecia. Cuenta con 5 empleados permanentes, unos 800 colaboradores ocasionales y cientos de voluntarios repartidos por todo el mundo: periodistas, informáticos, ingenieros y abogados, muchos abogados para preparar su defensa contra lo que sabían que se les venía encima.
Su presupuesto anual es de unos 300 millones de euros, producto de donaciones, cada vez más confidenciales, aunque algunas son de fuentes como Associated Press. Se inició por parte de disidentes chinos con apoyos en empresas de internet de Taiwán, pero poco a poco recibió el impulso de activistas de internet y defensores de la comunicación libre unidos en una misma causa global: obtener y difundir la información más secreta que gobiernos, corporaciones y, a veces, medios de comunicación ocultan a los ciudadanos. La mayor parte de la información la reciben, generalmente por internet, mediante el uso de mensajes encriptados con una avanzadísima tecnología de encriptación cuyo uso facilitan a quienes les quieren enviar la información siguiendo sus consejos, o sea, desde cibercafés o puntos calientes de wi-fi, lo más lejos posible de sus lugares habituales. Aconsejan no escribir a ninguna dirección que tenga la palabra wiki, sino utilizar otras que facilitan regularmente (tal como http// destiny. mooo. com). A pesar del asedio que han recibido desde su origen, han ido denunciando corrupción, abusos, tortura y matanzas en todo el mundo, desde el presidente de Kenia hasta el lavado de dinero en Suiza o a las atrocidades en las guerras de EE. UU.
Han recibido numerosos premios internacionales de reconocimiento a su labor, incluyendo los de The Economist y de Amnistía Internacional.
Es precisamente ese creciente prestigio de profesionalidad el que preocupa en las alturas. Porque la línea de defensa contra las webs autónomas en internet es negarles credibilidad. Pero los 70.000 documentos publicados en julio sobre la guerra de Afganistán o los 400.000 sobre Iraq difundidos ahora son documentos originales, la mayoría procedentes de soldados estadounidenses o de informes militares confidenciales. En algunos casos, filtrados por soldados y agentes de seguridad estadounidenses, tres de los cuales están en la cárcel. Wikileaks tiene un sistema de verificación que incluye el envío de reporteros suyos a Iraq, donde entrevistan a supervivientes y consultan archivos.

De hecho, los ataques contra Wikileaks no cuestionan su veracidad, sino que critican el hecho de su difusión, so pretexto de que ponen en peligro la seguridad de las tropas y ciudadanos. La respuesta de Wikileaks: se borran los nombres y otras señas de identificación y se difunden documentos sobre hechos pasados, de modo que es improbable que puedan peligrar operaciones actuales. Aun así, Hillary Clinton ha condenado la publicación sin comentar la ocultación de miles de muertos civiles y las prácticas de tortura que revelan los documentos. Al menos, Nick Clegg, el viceprimer ministro británico, ha censurado el método pero ha pedido una investigación sobre los hechos.
Pero lo más extraordinario es que algunos medios de comunicación están colaborando con el ataque que los servicios de inteligencia han lanzado contra Julian Assange, director de Wikileaks. Incluso un comentario editorial de Fox News aboga por su asesinato. Y sin ir tan lejos, John Burns, en The New York Times, intenta mezclarlo todo en una niebla respecto al personaje de Assange. Es irónico que lo haga este periodista buen colega de Judy Miller, la reportera de The Times que informó, consciente de que era mentira, del descubrimiento de armas de destrucción masiva (véase la película La zona verde).
Esa es la más vieja táctica mediática: para que se olviden del mensaje: atacar al mensajero. Eso hizo Nixon en 1971 con Daniel Ellsberg, el que publicó los famosos papeles del Pentágono que expusieron los crímenes en Vietnam y cambiaron la opinión pública sobre la guerra. Por eso Ellsberg aparece en conferencias de prensa junto con Assange. Personaje de novela, el australiano Assange pasó buena parte de sus 39 años cambiando de lugar desde niño y, usando sus dotes matemáticas, haciendo activismo hacker para causas políticas y de denuncia. Ahora más que nunca está en semiclandestinidad, moviéndose de un país a otro, viviendo en aeropuertos y evitando países donde se buscan pretextos para detenerlo. Por eso surgió en Suecia, donde se encuentra más libre, una querella por violación que luego fue desestimada por la juez (relean el principio de la novela de Stieg Larsson y verán una extraña coincidencia).
Y es que es el Partido Pirata de Suecia (10% de votos en las elecciones europeas) el que está protegiendo a Wikileaks, dejándoles su servidor central encerrado en un búnker bajo tierra a prueba de toda interferencia.
El drama no ha hecho más que empezar. Una organización de comunicación libre, basada en el trabajo voluntario de periodistas y tecnólogos, como depositaria y transmisora de quienes quieren revelar anónimamente los secretos de un mundo podrido, enfrentada a aquellos que no se avergüenzan de las atrocidades que cometen pero sí se alarman de que sus fechorías sean conocidas por quienes los elegimos y les pagamos. Continuará.

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comentario:
Muchas veces pensamos que una sociedad se derumbara por el lado  financiero  (salen con la maquinita y a otra cosa)y es por el economico (dejan a cientos de parados en la cuneta y a otra cosa) y otras veces pensamos que se derumbara por el lado economico y es por el social (es un peligro que se sepa la realidad escondida, aun no estamos preparados)

-Nos hace falta un Ortega y Gasset.

"Una organización de comunicación libre, basada en el trabajo voluntario de periodistas y tecnólogos, como depositaria y transmisora de quienes quieren revelar anónimamente los secretos de un mundo podrido, enfrentada a aquellos que no se avergüenzan de las atrocidades que cometen pero sí se alarman de que sus fechorías sean conocidas por quienes los elegimos y les pagamos"
.-.
"Sin saber nada del viento o de las corrientes, sin algún sentido de un propósito, los hombres y las sociedades no se mantienen a flote durante largo tiempo, moral o económicamente, limitándose a achicar agua" (Richard Titmuss)
Una situación como la actual no creo que se pueda aguantar mas de 10 años, repito nos hace falta un Ortega y Gasset para prevenirnos mejor de los riesgos. Bueno no me quiero poner alarmista, esperemos a ver que pasa los dos proximos años.


viernes, 29 de octubre de 2010

Economistas alejados de la realidad y Economistas no alejados de la realidad


  En un artículo reciente, Vicenç Navarro criticaba a los economistas que forman parte del grupo de los 100, entre otras cosas por no haber sido ninguno de ellos capaz de predecir la cisis. Con ser esto grave, y que ha afectado a la mayor parte de la profesión en todo el mundo, lo más preocupante es que casi ninguno de ellos tampoco ha explicado de una forma convincente las causas y la evolución de la crisis.
 Da la impresión de que no se han enterado y siguen sin enterarse de lo que realmente ha pasado y sigue pasando. Los remedios que dan, por tanto, para resolver los problemas son equivocados, al confundir los efectos con las causas, y tratar de poner la carreta antes que los bueyes
Sin un buen diagnóstico resulta prácticamente imposible acertar con los remedios.

La escasa capacidad que la mayoría de --los economistas académicos-- ha mostrado para predecir la crisis es el objeto principal del libro que acaba de publicar Roberto Petrini “Proceso a los economistas”. 
En él se recoge, al igual que en el muy recomendable libro de Juan Tugores Crisis: lecciones aprendidas…o no,  la anécdota que se ha hecho famosa acerca de la pregunta que hizo la Reina del Reino Unido en su visita en noviembre de 2008 a la London School of Economics, con motivo de la inauguración del nuevo auditorio. La Reina Isabel preguntó por qué ninguno de los grandes economistas allí reunidos había sido capaz de detectar a tiempo la gran crisis financiera que se venía encima. No obtuvo respuesta. Al parecer, sólo el español Garicano, director de uno de los departamentos, pudo apenas balbucear algún intento a modo de contestación.

Posteriormente, hubo una carta de respuesta formal, en la que se culpaba a los “magos de las finanzas” y en la que se ofrecían tibias explicaciones y excusas referidas a “un fracaso de la imaginación colectiva de mucha gente brillante”. El hecho sucedido, así como la carta, fueron objeto de comentario en la prensa británica. La argumentación, desde luego, no podía ser más débil, lo que motivó que un conjunto de economistas, que cuentan con un alto reconocimiento académico, capitaneados por Geoffrey Hodgson, expusiera otras razones. La más importante, atribuía el despiste de la mayoría de los economistas respecto a la crisis a que la economía, como ciencia, se hubiera convertida en los últimos tiempos en una rama de las matemáticas, lo que la había alejado del estudio de los problemas reales.
…Hay, por tanto, economistas brillantes que, bien por el objeto de su estudio, muchas veces bastante irrelevante y sin aplicación al mundo real, o bien por la metodología que utilizan, excesivamente abstracta y formal, son incapaces de explicar lo que realmente sucede en el mundo. 

-Todo lo que está pasando debe servir para cambiar las enseñanzas de la economía actual.

 No es que se descarte, por mi parte, la enseñanza de las matemáticas, sino al contrario. Considero que los economistas deben tener una buena formación matemática, estadística y econométrica, pero estos conocimientos deben ser medios e instrumentos y no fines. La formación en teoría económica es la base en la que se sustenta el conocimiento sólido de los economistas, pero no olvidemos que no solamente existe la teoría neoclásica, hay otros enfoques que, en muchas ocasiones, son alternativos.

El estudio de la historia económica y del pensamiento, así como de las instituciones y la estructura económica resultan fundamentales para el conocimiento de la realidad concreta y material.

Precisamente, algunos economistas que se han acercado con un buen instrumental teórico a la realidad, son los que han sido capaces de predecir lo que se avecinaba. Aunque se ignore, sí hubo quien pronosticó lo que se venía encima.




He mencionado en otras ocasiones a economistas que de algún modo advirtieron de los peligros en los que la economía se encontraba, como consecuencia de la primacía de las finanzas, la desregulación, las desigualdades existentes, y las burbujas especulativas. 

Pero resulta muy ilustrativo la información que proporciona el articulo que escribe en Sin Permiso, revista digital, Amaranta Süs, pues hace referencia a la concesión del Premio Revere a los diez economistas que predijeron la crisis. Para ello han votado 2.500 economistas de todo el mundo para elegir a quién consideran el científico que primero y con mejores argumentos advirtió al mundo del colapso financiero. Cada votante disponía de tres votos y se emitieron un total de 5.062. Este premio se ha concedido en honor de Paul Revere y de su famosa travesía nocturna para alertar a los norteamericanos de la proximidad del ejército colonial británico. 

Se trata, por tanto, de saber si hoy como ayer alguien advirtió de la proximidad del peligro. 
Sí los hubo, pero no se les hizo caso.

El más votado resultó ser el economista matemático de formación marxista ** pero que utiliza el modelo de Minsky, Steve Keen (Universidad de Sydney), que recibió 1.152 votos, el doble que el segundo, Nouriel Roubini (Universidad de Nueva York). En la lista se encuentran economistas bien conocidos en España, como Joseph Stiglitz, en cuarto lugar, Paul Krugman, en séptimo, y Soros, el décimo. 

También, aunque, menos conocido, Robert Shiller, en sexto lugar, que tiene un libro fundamental para entender las claves que originan la crisis, como es “El estallido de la burbuja”. Para el que se encuentre interesado en leer artículos del primer clasificado los puede encontrar en “Sin Permiso”. Siete de los diez clasificados se han publicado periódicamente en esta revista digital.

En suma, no todos los economistas se encuentran tan despistados ante la crisis, y lo que hay que hacer es leer precisamente a aquellos que la historia les ha dado la razón

Una vez más todo esto pone de manifiesto la urgencia de cambiar los planes de estudio de las facultades de economía, en la línea que hemos señalado. 

Estudiar a su vez a economistas como al poskeynesiano Minsky, que está triunfando después de muerto, y cuando se encontraba desaparecido en la bibliografía de los colegas economistas, ahora revive y es una de los más citados en la literatura que aborda la crisis.
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Carlos Berzosa Alonso-Martínez. Es Catedrático de Economía Aplicada e imparte la enseñanza fundamentalmente en las disciplinas de Estructura Económica Mundial y Desarrollo Económico. Rector de la Universidad Complutense de Madrid.

Doctor honoris causa por la Universidad Nacional de Piura (Perú) y la Universidad de Tarapacá (Chile), es asimismo académico de honor de la Real Academia de Doctores de España y presidente de la Red Española de Bibliotecas Universitarias (REBIUN).
Pertenece a la ONG Acción para la Cooperación con el Sur (ACSUR), en la que ha sido secretario de la junta directiva estatal. Pertenece asimismo a la junta directiva del capítulo español de la Sociedad Internacional para el Desarrollo (SID).
Preside la Sociedad de Economía Mundial, que edita la Revista de Economía Mundial (REM), y dirige la publicación Revista de Economía Crítica. Pertenece al consejo editorial de la revista mensual Temas para el Debate y dirige la colección de Economía de la editorial Síntesis.
libros:
Sampedro, J.L.y Berzosa, C.(1996): Conciencia del subdesarrollo, Taurus, Madrid.
Berzosa, C. (2002): Los desafíos de la economía mundial en el siglo XXI
REF. Editorial Nivola, Madrid. ISBN: 84-95599-49-X.
Berzosa, C. (2004): “Las controversias olvidadas de la economía”. REF. Guzmán Cuevas, Joaquín; Pajares Ruiz, Antonio (Coord.): Lecturas de Economía Aplicada. Homenaje al Profesor Antonio Rallo. Digital, Ed. ISBN: 84-688-9699-3. pp. 37-43.

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http://elcomentario.tv/reggio/los-errores-de-los-economistas-de-carlos-berzosa-en-economia-de-la-fundacion-sistema/29/10/2010/
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otros articulos
http://elcomentario.tv/reggio/la-crisis-continua-y-no-se-sabe-hasta-cuando-de-carlos-berzosa-en-economia-de-la-fundacion-sistema/10/09/2010/
http://elcomentario.tv/reggio/dielemass-que-se-presentan-en-la-economia-mundial-de-carlos-berzosa-en-economia-de-la-fundacio-sistema/30/07/2010/
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** me indican que S.Keen es  critico con el enfoque marxista, es un " peculiar postkeynesiano"influenciado por Minsky, esta  formalizando a nivel matemático la hipótesis de la inestabilidad financiera de Minsky.
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Comentario:
No soy tan duro con los economistas academicos de modelos matematicos, si que creo que hay que dar mas peso a la historia economica, la economia mundial, la historia del pensamiento economico , la etica y la sociologia en los estudios de economicas.
La historia ya nos advertia de como se producen las crisis y como evitarlas
Articulo relacionado:
-http://articulosclaves.blogspot.com/2010/09/premio-revere-los-10-economistas-
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El autor Roberto Petrini del libro que se cita en el articulo del sr Berzosa, apuesta, en última instancia, por un ejercicio de autocrítica dentro de una profesión que parece haber olvidado que la economía es una ciencia social cuyo principal objetivo es la consecución del bienestar de las personas en un planeta cuyos recursos son finitos.
Algunos olvidaron la primera lección que se daba en primero de economicas, por lo menos hace unos 25 años, “la economia es la ciencia que estudia la forma mas eficiente de distribuir los recursos escasos” y el dinero tambien es un bien o un recurso escaso.

jueves, 28 de octubre de 2010

El economista R. Langhammer advierte de culpabilizar a China

 La revalorización del yuan "no permitirá a los estadounidenses  exportar más productos"
 10/18/2010
 Economist Warns against Blaming China

Yuan Revaluation 'Won't Allow the Americans to Export More Goods'

 

Un economista advierte sobre el hecho de culpabilizar a China


La revaluación del yuan «impedirá a los estadounidenses seguir exportando bienes»

Los políticos estadounidenses están pidiendo a China que revalúe su moneda como ayuda a los atribulados exportadores de EE. UU.. Sin embargo, en una entrevista con SPIEGEL, un conocido economista alemán advierte que Estados Unidos debe fabricar primero productos que la gente quiera comprar.

SPIEGEL: Las reservas de divisas de China han aumentado espectacularmente hasta los 2,65 billones de dólares (1,9 billones de euros) y el desequilibrio en el comercio mundial sigue incrementándose. ¿Puede una revaluación del yuan, tal como demandan los EE. UU., detener esta tendencia?

Rolf Langhammer: Sería una buena medida –y también lo sería en el propio interés de China– que la tasa de intercambio del yuan fuera más flexible de lo que ha sido hasta ahora. Los recientes movimientos de China en este sentido (es decir, la perqueña reevaluación desde Junio) están lejos de ser suficientes. No obstante, debemos ser prudentes y no exagerar las expectativas. Es prácticamente imposible eliminar el desequilibrio global de este modo.

SPIEGEL: ¿Por qué no?

Langhammer: Un dólar débil no hará que los estadounidenses puedan exportar automáticamente más productos. No debemos equivocarnos con eso. Hay muchos casos de empresas radicada en los EE. UU que no sobrevivirían en el mercado internacional porque no tienen ningún producto innovador o la mano de obra cualificada necesaria para desarrollarlos.

SPIEGEL: ¿Podrían las intervenciones en las tasas de intercambio eliminar los desequilibrios globales?

Langhammer: Cuando China permitió que el yuan se apreciara gradualmente en torno al 20 % entre 2005 y 2008, no hubo síntomas de que ello ayudara a las empresas estadounidenses en el mercado internacional. El hecho fundamental es que un país debe estar bien posicionado con la gama de productos que desea exportar. Los EE. UU. están aún muy retrasados a este respecto.

SPIEGEL: ¿En comparación con el sector industrial alemán?

Langhammer: Sin duda. Alemania fabrica productos de alta calidad que, hasta cierto punto, son ajenos a la competencia de precios internacional. Para decirlo sin rodeos: las personas que no forman parte de la Unión Europea y compran un automóvil de lujo o una herramienta no toman esa decisión basándose en la tasa de intercambio.

Entrevista realizada por Alexander Jung



http://www.spiegel.de/international/business/0,1518,723661,00.html
Rolf Langhammer, 63, is vice president of the Kiel Institute for the World Economy, one of Germany's leading economic research institutes

Traduccion gracias  a Cesar.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Lecciones de la gran depresión (Angel Martin Oro) Esc.Austriaca

El objetivo de este trabajo es ofrecer una visión general sobre cuáles fueron las causas que propiciaron la crisis económica más prolongada de los últimos tiempos en el mundo desarrollado. Para ello, comenzaremos con una breve introducción de las concepciones keynesianas y monetaristas, para luego desarrollar con mayor profundidad la visión austriaca de la gran depresión de los años 1930, culminando el artículo con una breve reflexión sobre la situación actual.




En 1929 comenzó lo que conocemos como la Gran Depresión, un periodo de gran crisis económica que duró hasta 1941, en el que el desempleo alcanzó niveles sin precedentes en la nación americana. La pérdida de riqueza, la quiebra de negocios, bancos y otras muchas actividades productivas, así como el sentimiento de fracaso de buena parte de la sociedad, fueron una constante durante estos dramáticos años. Como en otros muchos episodios históricos, existen varias explicaciones para las causas de esta gran crisis, algunas de las cuales son contradictorias entre sí.



Sintéticamente, lo que un estudiante medio suele aprender acerca de la Gran Depresión, y lo que suele oírse en medios de comunicación, se resume en estas dos ideas:



1. Que la crisis puso en evidencia la inestabilidad del sistema capitalista. Esta idea proviene de la convicción de K. Marx primero, y de J.M. Keynes un poco más tarde, de que las crisis cíclicas eran una constante en el capitalismo, y que cada vez serían más pronunciadas.



2. Que el programa social establecido por el presidente Roosevelt, el New Deal, ayudó al país en su recuperación, ya que amortiguó las gravísimas consecuencias de las políticas de laissez-faire llevadas a cabo por anteriores presidentes republicanos, como Herbert Hoover (1929-1933).



Uno de los libros más citados al respecto es el de John Kenneth Galbraith, “El Crac del 29” (1955). En él, el autor pone el acento en el crash bursátil como principal causa de la Depresión. Este crash fue causado por la fiebre especuladora, que fue permitida por la ausencia de intervención gubernamental (¿les suena de algo?). Además, achaca la gravedad de la crisis a la debilidad de la economía norteamericana en varios ámbitos, como por ejemplo, la desigual distribución de los ingresos o el mal estado de la balanza exterior.



En sus mismas palabras:



“El crac del mercado de valores fue precisamente el zarpazo que inició la gran sacudida [...] Si la economía hubiese estado “fundamentalmente firme y sólida” en 1929 los efectos del gran crac de la Bolsa habrían sido pequeños".



Antes de entrar en el análisis de la Escuela Austriaca de Economía (escuela de pensamiento económico heterodoxa nacida a finales de siglo XIX con Carl Menger, y desarrollada en el s. XX por autores como Ludwig von Mises o el Premio Nobel Friedrich Hayek), repasaré brevemente las explicaciones keynesiana (Keynes) y monetarista (surgidas de la escuela monetarista de la segunda mitad del siglo XX, liderada por Milton Friedman).



LA PERSPECTIVA KEYNESIANA1



Según la visión de los seguidores del célebre economista inglés, John Maynard Keynes, autor de La Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero (1936), la Gran Depresión fue una consecuencia inevitable de las políticas del laissez-faire, es decir del libre mercado, lo que llevaba a este autor a recomendar la intervención del Estado como medio para estabilizar la economía2.



Keynes, y en especial sus seguidores, describieron el proceso de la recesión como un período en el que, por las razones que sean, los consumidores comienzan de repente a ahorrar, reduciendo el consumo y a su vez, decreciendo la demanda agregada (que está formada por consumo, inversión, gasto público y exportaciones netas). Para salir de este período, sugirió expandir la oferta monetaria por medio del Banco Central, para que los consumidores dispusieran de mayor dinero con el que recomenzar a gastar, incrementándose nuevamente la demanda agregada. Así, según este autor, la economía saldría de la recesión.



El caso de la depresión es más grave, ya que a pesar de haber expandido la oferta de dinero, los consumidores siguen sin consumir, ya que atesoran el nuevo dinero. En la perspectiva keynesiana, la solución a esta situación (terrible en la que los ciudadanos han decidido libremente dejar de consumir), es hacer desde el Estado lo que los consumidores no hacen, es decir, gastar. Es el gobierno el que tiene que estimular la demanda agregada de la economía incrementando el gasto público (p.ej. vía obras públicas), y conduciendo así la economía al “pleno empleo”.



Por tanto, para los autores keynesianos, las razones de los ciclos económicos hay que buscarlas en la naturaleza de la economía de mercado, y la manera de evitarlos o suavizarlos es mediante la intervención estatal.



LA PERSPECTIVA MONETARISTA



La obra monetarista por excelencia que explica las causas de la Gran Depresión es el trabajo de Milton Friedman y Anna Schwartz Historia monetaria de los Estadas Unidos, 1867-1960.



En su trabajo enfatizaron la inestabilidad de la política monetaria como principal causa de la crisis. Si en la década de los años ’20, la Reserva Federal (sistema de banca central de EEUU creado en 1913) incrementó la oferta monetaria de manera muy notable, con un crecimiento del 3,9% anual desde 1919 a 1929; desde este último año hasta 1933, ésta cayó en más de un tercio, lo que produjo la deflación que caracterizó a la Gran Depresión.3



Así pues, responsabilizaron a la intervención gubernamental de empeorar la crisis. Como explicara Milton Friedman:



“La Gran Depresión, como la mayoría de periodos con grave desempleo, fue producido por la mala gestión del gobierno más que por cualquier inestabilidad inherente a la economía privada”



Pero, a pesar de encontrar el mismo principal responsable que la Escuela Austríaca, a saber, la banca central, su explicación difiere sustancialmente de ésta (como explicaré en el siguiente apartado). En realidad, los monetaristas carecen de una teoría del ciclo económico con la cual explicar las crisis y recesiones. Tan sólo, como ya he mencionado, aducen a una contracción monetaria como la razón primera de la Gran Depresión, pero en realidad, esta contracción fue un efecto y no la causa de la crisis.



Los monetaristas (con Friedman como uno de sus máximos exponentes) al igual que los keynesianos, recomiendan políticas intervencionistas para suavizar las crisis. Mientras que los primeros defienden la llamada “regla monetaria”, los segundos están a favor de cierta “discrecionalidad”.4



La solución de la “regla monetaria” consiste en el crecimiento constante de la oferta monetaria en la misma cantidad que la tasa de crecimiento de la economía, es decir, de entre el 3% y el 5%. No se elimina la manipulación de la oferta de dinero por parte del Banco Central, sino que se trata de controlar su acción mediante esta regla automática. Lo importante de ella no es tanto el nivel que se fije para la expansión monetaria, sino que se mantenga un nivel fijo y estable a lo largo del tiempo. Su objetivo es la estabilización de los precios para evitar los ciclos económicos, por medio del control monetario de la banca central monopolística. Citando a Hans Sennholz: “El rol de las autoridades monetarias consiste en proporcionar un marco monetario estable que facilite una estabilidad económica razonable”.



LA PERSPECTIVA AUSTRIACA



Para hablar de la Gran Depresión desde un punto de vista de la Escuela Austriaca es imprescindible mencionar, aunque sea muy someramente, la teoría del ciclo económico, enunciada en primer lugar por Ludwig von Mises en “La Teoría del Dinero y del Crédito” (1912).



Sintéticamente, según esta escuela los ciclos económicos se producen por la intervención pública sobre el sistema monetario, y éstos no son un fenómeno inherente de las economías de mercado. Al expandir la oferta de dinero en circulación (generando un auge económico artificial) mediante la creación de nuevos créditos y depósitos que crea de la nada, se produce una descoordinación sistemática sobre la estructura productiva real de la economía, imposibilitando el cálculo económico acertado que los empresarios, más fácilmente, efectuarían sin interferencias. Es decir, los empresarios se verán inducidos a realizar malas inversiones (inversiones que no se habrían realizado de no haberse inflado la oferta monetaria) de manera generalizada, debido al descenso de los tipos de interés, que son señales que indican la cantidad de ahorro disponible en una economía (a mayor cantidad de ahorro, menor el tipo de interés, y los empresarios podrán conseguir préstamos para iniciar sus proyectos a un “precio” más barato). Finalmente, a este periodo de auge económico le seguirá inevitablemente la recesión, que se produce cuando las malas inversiones realizadas en el periodo anterior se revelan insatisfactorias, ya que éstas no fueron financiadas con ahorro real, sino con créditos creados de la nada.



Para entender la teoría austriaca del ciclo, creemos conveniente leer la excelente síntesis que de la misma hace Richard M. Ebeling, que aparece en la “Bibliografía”, ya que la explicación de esta teoría rebasa los objetivos del presente trabajo.



El profesor Hans Sennholz dividió la Gran Depresión en cuatro etapas. Al título de cada una añadiré el o los errores en los que se incurrieron.



EL CICLO ECONÓMICO (Benjamin Strong, director de la Fed. 1921-1929)



Primer error: Manipulación Monetaria



El boom económico de la década de los ’20 fue principalmente artificial, a pesar de que también fue un período en el que aumentó la productividad. Éste se basó en la brutal expansión de la oferta monetaria que llevó a cabo la Reserva Federal (Fed), gracias a que se permitieron por primera vez las ‘operaciones de mercado abierto’ por parte del banco central norteamericano. Según el profesor Antal Fekete, la legalización de estas prácticas bancarias convirtieron el principio del gobierno limitado en papel mojado.



El aumento de precios ocasionado por la inflación monetaria afectó especialmente a los bienes de capital y a los activos financieros, y no modificó apenas el índice de precios al consumo. Este hecho fue uno de los que hicieron pensar a algunos economistas, a finales de la década de 1920, que la economía norteamericana estaba sana.



1929 fue el año en el que, citando a Sennholz, “el auge construido sobre las arenas movedizas de la inflación [llegó] a un final repentino”. La Fed, en aras de controlar la inflación, subió las tasas de interés y paralizó la expansión monetaria. En este momento comenzaba la recesión, reduciéndose la actividad económica.



En el mercado de valores este cambio de política de la Reserva Federal se hizo notar, alcanzando el máximo el 19 de septiembre para bajar lentamente, subir de nuevo y desplomarse el 24 de octubre, el ‘Jueves Negro’, el día del crash. Lawrence Reed dice en “Great Myths of the Great Depression”:



“El desplome de la bolsa fue sólo un síntoma –no la causa- de la Gran Depresión: el mercado subió y cayó en sincronización con lo que la Fed estaba haciendo”



Sin embargo, esto no deja claro el hecho concreto por el que se produjo el crash. Una de las únicas explicaciones que se han ofrecido al respecto es que la gran volatilidad bursátil y el consiguiente desplome, estuvieron estrechamente vinculados a las noticias que los inversores recibían por esas fechas sobre la inminente aprobación del arancel Smoot-Hawley.



¿Por qué duró tantos años la Gran Depresión?



La recesión que comenzó en 1929 podría haberse superado en un par de años, como pasó en anteriores crisis similares, de no haber sido por los errores que se cometieron en las tres fases restantes. Estos errores esencialmente retrasaron el reajuste que tenía que producirse en la estructura económica, y generaron un ambiente de ‘incertidumbre estructural’ (regime uncertainty en la original expresión de Robert Higgs. Ver “Bibliografía”) que obstaculizó la inversión privada hasta el final de la guerra.



Un ejemplo de corta recesión sería la que EE.UU. sufrió entre 1920-22, donde los efectos iniciales sobre empleo y producción fueron incluso más negativos que tras el Crack del 1929. Pero la respuesta del gobierno fue radicalmente diferente: en vez de tratar de estimular la economía a base de gasto público y políticas monetarias expansivas, se redujeron impuestos, gasto y deuda pública, y se dejó que el mercado arreglara el desaguisado.



Es significativo que en el análisis de la Escuela Austriaca el desplome de la Bolsa de NY sea uno de los síntomas de la depresión y sólo esté presente en una de las cuatro etapas. Por el contrario, en el análisis tradicional el crash fue la principal causa de todo lo que sucedió después, y el New Deal fue el largo camino que favoreció la recuperación económica.



DESINTEGRACIÓN DE LA ECONOMÍA MUNDIAL (Hoover. 1929-1933)



Segundo error: Proteccionismo exagerado, subida de impuestos...



Los datos muestran cómo de 1930 a 1933 la tasa de desempleo avanzó desde el 8,9% al 25%, de alrededor de 4,5 a 13 millones de desocupados. En estos años, el presidente fue el republicano Herbert Hoover, usualmente descrito como defensor del laissez-faire.



Pero esto no deja de ser un mito más. Con Hoover se prolongó la crisis y se hizo más aguda gracias a sus políticas proteccionistas e intervencionistas.



En junio de 1930 se aprobó la Ley Arancelaria Hawley-Smoot, que aumentó los aranceles de manera espectacular, y provocó que los demás países hicieran lo mismo, entrando así en una guerra comercial nada favorable para nadie. A este aumento se le unieron restricciones al comercio de todo tipo, que tuvieron la consecuencia de aislar prácticamente al país del exterior, con la subsiguiente caída del empleo, las exportaciones e importaciones y el colapso de la agricultura americana, lo que a su vez llevó a la bancarrota a gran número de bancos rurales.



Por si no fuera poco, en 1931 y 1932: incrementó las obras públicas, estimuló políticas de estabilización de precios, duplicó el impuesto a las ganancias, se redujeron las exenciones y se aumentaron y crearon otros muchos impuestos con la Ley de Ingresos Públicos del ’32. Según Rothbard en su ya citado libro, la carga fiscal pasó del 16% al 29% del producto privado neto.



NEW DEAL (Roosevelt. 1933-1937)



Tercer error: Planificación, aumento gasto público y más impuestos



En 1933 fue elegido el demócrata Franklin Delano Roosevelt, quien en la campaña electoral criticó a Hoover por disparar el gasto público y el control estatal (Una vez más vemos cómo los políticos norteamericanos recurren al sentimiento “liberal” de los ciudadanos para, una vez en el poder, traicionarles y cambiar completamente de estrategia).



En el ámbito industrial, se aprobó la Administración de Recuperación Nacional (NRA), aumentando los controles y exigencias mínimas sobre precios, salarios, horas de trabajo y condiciones laborales en general.



En el ámbito agrícola, promulgó la Ley de Asistencia a la Agricultura (AAA), cuyo resultado fue la destrucción de grandes cantidades de ganado y cosechas, gracias al estímulo del gobierno, cuyo objetivo era el de elevar los ingresos de los agricultores mediante la reducción de la oferta y ascenso de los precios.



La otra pata de la política económica de Roosevelt fue la de aumentar el gasto público mediante la construcción de grandes obras públicas y otro tipo de medidas que incrementaron el número de personas contratadas por el estado. Además, también aumentó varios impuestos, como el de la herencia y las ganancias, que parecían perseguir la redistribución de la riqueza.



Tanto la NRA como la AAA entraron en vigor en agosto de 1933, y sus efectos se dejaron notar en la tasa de desempleo, que aumentó hasta los, aproximadamente 13 millones, el 25% de la población activa. Afortunadamente fueron consideradas inconstitucionales por la Corte Suprema en 1935 y 1936, respectivamente. Esta decisión ayudó a reducir los costos laborales y disminuir el desempleo, que cayó al 18% (9,5 millones) en 1935, y al 14% (7,6 millones) en 1936.



LA LEY WAGNER (Roosevelt. 1937-1941)



Cuarto error: No aprender de los errores



El respiro que supuso la anulación de las dos leyes mencionadas se rompió en la segunda parte de 1937, cuando Roosevelt prometía seguir con su política del New Deal en la campaña electoral. El paro aumentó de nuevo hasta alcanzar el 20 % en 1938, y se produjo una caída muy notable en el mercado de valores.



Las razones para esta crisis fueron varias:



- La Ley Wagner o Ley Nacional de Relaciones Laborales, fue aprobada después de la nulidad de la NRA y sus códigos laborales. Reforzó los poderes de los sindicatos, quienes no dudaron en usarlos mediante amenazas, boicots, huelgas, etc. La cantidad de afiliados se disparó en estos años; la productividad cayó y se forzó una subida de salarios.



- Los controles que el gobierno quiso imponer al mercado de valores, cuyo efecto fue la caída que se produjo entre 1937 y 1938.



- Nuevos controles e impuestos a la riqueza y una nueva ley: la de Salarios y Horas de Trabajo de 1938, que aumentó los salarios mínimos y redujo las horas de trabajo semanales.



EEUU entró en la Segunda Guerra Mundial en plena depresión. Gran parte de los economistas dicen que la guerra los sacó de ella. Pero esta afirmación es discutible, como muestra Robert Higgs en sus trabajos citados en la “Bibliografía”. Él sostiene que la prosperidad real llegó al acabar la guerra, gracias a una intensísima inversión y mejores condiciones para la creación de riqueza de las que había antes de la guerra. Se produjo un aumento muy sustancial del Producto Interior Bruto Privado.



Una de las tesis del autor es que: “Las economías dirigidas [como la que EEUU tuvo durante la guerra] y las de mercado no obedecen las mismas leyes”, ya que el entramado institucional, el significado de los precios, la proporción de gasto público sobre la demanda nacional, etc. son muy distintos. Por estas razones, argumenta Higgs que no se pueden comparar superficialmente ambas situaciones, contrastando datos macroeconómicos de empleo o producción, por ejemplo.



CONCLUSIONES Y PARALELISMOS ACTUALES



En este artículo hemos visto cómo y por qué razones se produjo esta serie continuada de depresiones, denominada Gran Depresión. Repasamos brevemente la explicación keynesiana de la misma, y cómo ésta influenció en el tipo de políticas que se aplicaron, cuyos resultados fueron negativos. Las continuas intervenciones del estado en la economía no dejaron maniobrar al sector privado, el cual demostró su vitalidad en los breves períodos de respiro.



Aun así, la sociedad americana salió adelante, y no precisamente gracias al altruismo del gobierno ni a sus medidas mesiánicas, sino a los propios intereses de los individuos. No obstante, también hay que decir que fueron los mismos ciudadanos americanos quienes votaron las políticas de expansión del gasto público y controles estatales en 1937, a favor de Roosevelt. Y que éste apenas tuvo oposición, y es recordado como uno de los presidentes más brillantes de la historia del país.



Mirando el episodio en retrospectiva, la Gran Depresión supuso un punto de inflexión hacia el avance de las políticas de corte keynesiano y del actual Estado del Bienestar.



En la actualidad resulta inevitable realizar paralelismos con este episodio histórico. En efecto, la existencia de unos tipos de interés extremada y artificialmente bajos años atrás (especialmente desde 2001) produjo una excesiva expansión crediticia que afluyó a inversiones (especialmente al mercado inmobiliario y de valores) que no se hubieran realizado de no haberse actuado de forma irresponsable desde las autoridades monetarias. Es decir, estas nuevas inversiones eran insostenibles en el tiempo, ya que el proceso de expansión monetaria debe acabar tarde o temprano. Y cuanto más se retrase el final, peor será la subsiguiente crisis, periodo inevitable, en el cual aquellas malas inversiones realizadas se muestran no rentables, y deben liquidarse. Este proceso de ajuste debería facilitarse, y no tratar de retrasarlo con mayores intervenciones en el funcionamiento del libre mercado.



Se podrían extraer varias lecciones de la Gran Depresión. En primer lugar, Mises y Hayek demostraron contar con una teoría económica con un poder predictivo mucho mayor que el de otros economistas más prestigiosos que ellos, como Keynes o Fisher. Esto fue debido en parte porque estos últimos centraban su atención de análisis en el índice de precios, es decir, un agregado macroeconómico, mientras que los primeros examinaban las variaciones de los precios relativos de los distintos bienes (siguiendo la taxonomía mengeriana de bienes más alejados o cercanos al consumo). De hecho, como ya he señalado, durante la década de los 20 el índice general de precios apenas cambió, con lo que para estos dos prestigiosos economistas, todo estaba en orden, tanto que este último predijo unas semanas antes del crash bursátil que la bolsa seguiría subiendo. Por tanto, esto nos podría dar la idea de la insuficiencia teórica de las enseñanzas surgidas a partir de estos economistas, y de la gran capacidad predictiva de la economía austriaca, que podría revelar la mayor corrección del aparato teórico desarrollado por los austriacos.



Por último, en nuestra situación actual es muy necesario recordar por qué se produjo la Gran Depresión, pero sobre todo, por qué se alargó durante tantos años. Se debería aprender de los errores cometidos a partir del crash bursátil para evitar que se empeore la situación todavía más. No es ésta una época propicia para experimentos planificadores ni medidas demagógicas como las que llevaron a cabo Hoover y Roosevelt. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El hombre (si es político quizá con más razón) es el único animal que tropieza docenas de veces en la misma piedra.



Ángel Martín Oro es miembro del Instituto Juan de Mariana

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NOTAS:
1 A continuación me ocuparé de la perspectiva keynesiana, es decir, las ideas que mantuvieron y difundieron los seguidores de Keynes. Algunos autores afirman que éstos simplificaron y prácticamente eliminaron matices e ideas importantes del británico. Para Keynes, los problemas de la inestabilidad de las economías de mercado se basaban principalmente en la incertidumbre radical en la que se mueven los inversores, y por tanto en sus expectativas, así como en la naturaleza psicológica del ser humano: ‘animal spirits’. Véase: http://thinkmarkets.wordpress.com/2009/02/23/keynes-stimulus-follows-stability-and-not-vice-versa/

2 No obstante, no hay que entender que las ideas de Keynes estuvieran detrás de la masiva intervención que se llevó a cabo como parte del New Deal.

3 Datos en: “El auge de los 90s se desinfló”, de Milton Friedman en Cato Institute, 1 de febrero de 2000.


4 A pesar de que Friedman fue el que impulsó esta regla, en su artículo laudatorio a Alan Greenspan “He Has Set a Standard” publicado en The Wall Street Journal el 30 de junio de 2006, renegó de la misma diciendo:
“Alan [Greenspan] sostiene que estoy equivocado y que la discreción es preferible, en verdad esencial. Ahora que su trabajo de 18 años como presidente de la Fed ha concluido, debo confesar que su desempeño me ha persuadido de que está acertado.”



BIBLIOGRAFÍA
-Cachanosky, Juan Carlos (1989), La Crisis del 30, Libertas No. 10, mayo de 1989
http://www.eseade.edu.ar/servicios/Libertas/40_7_Cachanosky.pdf

-Ebeling, Richard M.
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http://www.atlas.org.ar/economia/pdf/ebeling_4.PDF

Galbraith, John K.
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Higgs, Robert:
“From Central Planning to the Market: The American Transition, 1945-1947” (1999) http://www.independent.org/publications/article.asp?id=109

“Regime Uncertainty: Why the Great Depression Lasted So Long and Why Prosperity Resumed after the War” (1997) http://www.independent.org/pdf/tir/tir_01_4_higgs.pdf

“Wartime Prosperity? A Reassessment of the U.S. Economy in the 1940s” (1992) http://www.independent.org/publications/article.asp?id=138

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“Estados Unidos en una Nueva Gran Depresión” (2002) Fundación Friedrich A. von Hayek, Documento de Trabajo No. 2, año 2002

http://hayek.org.ar/new/images/fotos/2002-02.pdf

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Sennholz, Hans

“La Gran Depresión” (1975)
www.eseade.edu.ar/servicios/Libertas/7_7_Sennholz%20-%20La%20Gran%20Depresión.pdf

,.,.,.,
http://www.libertaddigital.com/opinion/autores-invitados/la-gran-depresion-48058/

-.-.-.
Enfoque de quienes siguen a esc.austriaca -Instituto Juan de M..

lunes, 25 de octubre de 2010

Las guerras de austeridad- Robert Skidelsky- LVanguardia lunes 25-10-2010

LONDRES – Cada vez soy menos optimista sobre las perspectivas de una rápida recuperación de la recesión global. La expansión fiscal coordinada (5 billones de dólares) de los principales gobiernos del mundo detuvo la caída, pero no produjo una mejoría saludable. Una reciente portada del semanario The Economist resume el sentimiento de frustración actual en el título de su portada: “Grow, dammit, grow.”(¡Maldita sea! crece).




Hay dos motivos para el pesimismo. El primero es el retiro prematuro de las medidas de “estímulo” que acordó el G-20 en abril de 2009 en Londres. Ahora, todos los países principales están dedicados a reducir sus déficits presupuestales.



El segundo motivo es que no se ha hecho nada para abordar el problema de los desequilibrios de cuenta corriente. En efecto, los comentarios que se escuchan actualmente sobre guerras de divisas que conducen a guerras comerciales recuerdan la desastrosa experiencia de los años treinta.



El problema de los desequilibrios de cuenta corriente está estrechamente vinculado al exceso de ahorro a nivel mundial. Una parte del mundo, encabezada por China, gana más de lo que gasta, mientras que otra parte, los Estados Unidos en particular, gasta más de lo que gana. Mientras los países con excedentes inviertan en los países deficitarios, estos desequilibrios no plantean problemas macroeconómicos.



En efecto, este fue el patrón del siglo XIX. Un sistema de inversión extranjera, centrado en Londres, canalizaba los ahorros de los países ricos (o con superávit) a los países pobres (o deficitarios). A pesar de que hubo muchas crisis financieras e impagos, esta relación acreedor-deudor funcionó en términos generales en beneficio de ambas partes. Los inversionistas de los países ricos obtenían mayores rendimientos que en casa y los receptores en los países pobres obtenían el financiamiento para el desarrollo que necesitaban. No había una tendencia persistente a la deflación.



El sistema actual es superficialmente similar, pero con una diferencia fundamental: el flujo de los ahorros ahora va de los países en desarrollo como China a los países ricos como los Estados Unidos, es decir, de los países donde el capital es escaso a aquéllos donde es abundante. El resultado de esta relación perversa es el exceso de ahorro mundial.



A diferencia de Gran Bretaña en el siglo XIX, China no considera su excedente como motor de inversiones. Emprendió la acumulación de reservas a finales de los noventa como forma de asegurarse contra la fuga de capitales. La acumulación de reservas también fue un producto secundario de la subvaluación deliberada de la moneda china para promover la estrategia de crecimiento dirigida por las exportaciones.



El resultado es que China y otros países del Este asiático poseen una reserva grande y creciente de bonos de la Tesorería de los Estados Unidos. A través de la intermediación financiera, estos títulos del gobierno ayudaron a financiar la expansión de la especulación y el consumo occidental que se desplomó en 2008.



El dinero barato en Occidente era la respuesta keynesiana “correcta” ante el torrente de ahorro de Oriente. Sin embargo, puesto que no había oportunidades suficientes de inversión “real” en países que ya tenían todo el capital que podían utilizar, el dinero barato resultó ser una forma disfuncional de atacar el problema del exceso de ahorro.



La recesión reforzó el patrón de préstamos de los países pobres a los ricos. Los desequilibrios han aumentado con la vigorosa recuperación del Este de Asia y el estancamiento de Occidente. Además, como señaló recientemente Alan Greenspan, el expresidente de la Reserva Federal estadounidense, “las inversiones de capital fijo de los Estados Unidos no han alcanzado el nivel que la historia indica que debería haber habido en vista del espectacular aumento de la rentabilidad corporativa”. En resumen, nos dirigimos a toda velocidad hacia el próximo colapso.



Hay dos estrategias amplias para resolver los problemas de cuenta corriente vinculados a los desequilibrios entre ahorro e inversiones. La primera es reducir los incentivos de China para acumular reservas.



En abril de 2009, Zhou Xiaochuan, gobernador del Banco Popular de China, propuso la creación de una “moneda de reserva suprasoberana” para eliminar los “riesgos inherentes” a las monedas de reserva nacionales basadas en el crédito. Esta nueva moneda, que habría de desarrollarse a partir del los Derechos Especiales de Giro (DEG) del Fondo Monetario Internacional, sustituiría con el tiempo a las monedas de reserva nacionales.



Una “cuenta de sustitución” albergada en el FMI permitiría a los países convertir sus reservas actuales en DEG. El principio subyacente en esto es que un seguro colectivo sería más barato y, por lo tanto, menos deflacionario que los seguros individuales. El apetito reducido de China por las reservas se vería reflejado en una apreciación de su moneda y en una disminución de su superávit comercial.



La propuesta visionaria de China nunca pasó de la etapa de planeación. En cambio, los Estados Unidos han ejercido presiones intensas sobre China para que revalúe el renminbi. El resultado ha sido una guerra de palabras que podría convertirse en algo peor.



Los Estados Unidos acusan a China de subvaluar su moneda, mientras que China culpa a la laxa política monetaria estadounidense de la inundación de dólares en los mercados emergentes. La Cámara de Representantes estadounidense ha aprobado una ley que permitiría imponer derechos a las importaciones de países que, como China, manipulan sus monedas para obtener ventajas comerciales.



Mientras tanto, la depreciación del dólar en previsión de una mayor facilitación cuantitativa ha provocado que los bancos centrales del Este de Asia aumenten sus compras de dólares e impongan controles a las entradas de capital, a fin de impedir que sus monedas se aprecien. Mientras los países asiáticos tratan de impedir que entre capital, el Occidente se dirige al proteccionismo.



Podemos aprender de la experiencia de los años treinta. Una marea que sube levanta a todos los botes; una que baja inicia una guerra hobbesiana de todos contra todos.



Esto nos lleva de nuevo al retiro prematuro de los estímulos fiscales. Ante la depresión de la demanda agregada en Europa y en los Estados Unidos, los gobiernos recurren naturalmente a los mercados de exportación para aliviar el desempleo interno. Pero no todos los países pueden tener superávits comerciales al mismo tiempo. Los intentos por conseguirlos conducirán a una depreciación competitiva de las monedas y al proteccionismo.



Como Keynes observó sabiamente: “Si las naciones aprendieran a obtener pleno empleo con sus políticas internas…ya no existiría un motivo urgente para que un país tuviera que imponer sus bienes a otro o rechazar la oferta de su vecino." El comercio entre países “dejaría de ser lo que es, a saber, un recurso desesperado para mantener el empleo en casa mediante la imposición de ventas en los mercados extranjeros y la restricción de las compras.” Se convertiría en cambio en “un intercambio voluntario y sin obstáculos de bienes y servicios en condiciones de beneficio mutuo”.



En otras palabras, los conflictos actuales relacionados con las monedas y el comercio son resultado directo de nuestra incapacidad para resolver nuestros problemas de empleo.



Robert Skidelsky, miembro de la Cámara de los Lores británica, es profesor emérito de Economía Política de la Universidad de Warwick, autor de una biografía que ha sido galardonada del economista John Maynard Keynes y miembro del Consejo de la Moscow School de Estudios Políticos.

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Comentario;
Otros enfoques:

Segun Fergunson, las medidas keyenesianas no funcionan porque no estamos en una economia cerrada como en el 29, y porque los estimulos se acaban esfumando hacia compra de mp y creacion de burbujas en emergentes


No crea empleo como seria el objetivo de Keynes

http://www.youtube.com/watch?v=qa3BiujaI3M&feature=player_embedded

El historiador Ferguson. nos indica: La causa del problema es el déficit de EUA, no el yuan


http://www.businessinsider.com/niall-ferguson-empire-2010-5


-Somos varios los que creemos que las medidas de QE 1,2,3,,, no funcionan, ver R. Koo y la recesión de balance

: http://www.businessinsider.com/richard-koo-balance-sheet-recession-2010-10#ixzz13IgHtuMu





y la visión sociologica

‎"la crisis actual es una crisis de instrumentos para gestionar el mundo"

Z.Bauman

¿Hay guerra de divisas?, de Federico Steinberg en Expansión

en primer plano




Desde que el ministro de Finanzas de Brasil dijera en las asambleas de otoño del FMI y el Banco Mundial, a principios de octubre, que nos encontramos ante una “guerra de divisas”, el nerviosismo ha invadido las portadas de la prensa económica mundial y la retórica bélica, aplicada a la economía, ha elevado la tensión. Si estos problemas cambiarios son el principio de una ola de devaluaciones competitivas, que termina llevando al aumento del proteccionismo comercial como sucedió en los años treinta, todos deberíamos estar preocupados.



Sin embargo, como bien señalaba el editorial de The Economist, todavía estamos lejos de esta situación y, además, contamos con instrumentos de cooperación internacional que nos deberían permitir evitar el escenario de nacionalismo y desglobalización que dañaría las perspectivas de crecimiento de la economía mundial. Esto no significa que la situación pueda enderezarse rápidamente. Es más probable que los movimientos sean graduales y poco espectaculares. Pero, en todo caso, todos los protagonistas de esta incipiente batalla ganarían si rebajan la tensión, lo que contribuiría a buscar una solución cooperativa durante la cumbre del G-20 que se celebrará en Seúl a mediados de noviembre. De hecho, el problema de los tipos de cambio podría servir para que el G-20 recuperara el impulso que tuvo al principio de la crisis y ha ido perdiendo desde entonces.



Reequilibrio



Lo ideal sería que en la cumbre del G-20 se lograra un acuerdo para que China apreciase nominalmente su moneda y la desligara del dólar; Estados Unidos, Japón, la zona euro y Reino Unido coordinaran una expansión monetaria a través de medidas de facilitación cuantitativa y las restantes economías emergentes especificaran claramente qué tipo de controles de capital piensan utilizar en el caso de que sus monedas se aprecien demasiado. Esta solución cooperativa contribuiría al reequilibrio de la economía mundial; es decir, gracias al movimiento de los tipos de cambio reales, aumentaría la demanda de los países con superávit por cuenta corriente y se reduciría la de aquellos que tienen déficit; permitiría alejar el riesgo de deflación que se cierne sobre los países ricos y legitimaría el uso de controles de capital en países como Brasil o India. Estos países, sin ser culpables de la crisis, están recibiendo grandes entradas de capital que les generan inflación y burbujas en los mercados de activos y que, en definitiva, siembran las semillas de una nueva crisis.



Pero esta solución ideal, seguramente la que propondrá el FMI, no saldrá adelante porque se enfrenta a dos problemas. El primero, y más importante, es la resistencia de China a utilizar la apreciación del yuan para “enfriar” su economía. De hecho, ha preferido las subidas de los tipos de interés y las restricciones cuantitativas al crédito, que no contribuyen a reequilibrar la economía mundial, pero le permiten contener la inflación y seguir creando empleo en el sector exportador. Y es que, como señalaba Martin Wolf en Financial Times, China está intentando hacer con Estados Unidos lo que Alemania está intentando hacer con Grecia: obligarle a recuperar su competitividad vía deflación, en vez de permitirle un ajuste en el tipo de cambio nominal. Pero como Estados Unidos no es Grecia, imponerle la deflación puede tener nefastos efectos para la economía mundial (y también para China). Además, como el dólar es la moneda de reserva global, la Reserva Federal, aunque no puede modificar el tipo de cambio dólar-yuan, sí que puede expandir su oferta monetaria indefinidamente para “inflar” a China, lo que, inevitablemente, genera inflación en el resto de (inocentes) economías emergentes. Por último, la posibilidad de cooperar se complica aún más, porque la retórica “antichina” en Estados Unidos ha llevado al Congreso a aprobar una ley que permitiría establecer aranceles contra los productos chinos de forma unilateral, lo cual está prohibido en la OMC. Y si algo hemos aprendido es que China no suele mover ficha cuando se la presiona directamente.



El segundo problema es que el BCE no parece darse por aludido ni de los riesgos deflacionistas que acechan a la zona euro, ni de que su inacción podría llevar a una apreciación del euro que dañaría las exportaciones europeas. El BCE ha iniciado su estrategia de salida monetaria, retirando algunas de las líneas de liquidez extraordinarias que estableció al estallar la crisis, lo que en la práctica supone que, aunque los tipos de interés permanecen en el 1%, se ha iniciado una contracción monetaria en un momento en el que la inflación no es el problema. Pero su independencia le permitirá mantener esa posición (que, además, gusta a Alemania), aún a costa de los demás países.



En definitiva, el escenario actual podría volverse preocupante si no se toman medidas para atajar la retórica cuasi-bélica. Pero todavía nos encontramos muy lejos de una guerra abierta de divisas o de una oleada de devaluaciones competitivas que conduzcan al proteccionismo.



Federico Steinberg. Investigador Principal de Economía Internacional del Real Instituto Elcano y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid.

domingo, 24 de octubre de 2010

Manifiesto de los economistas franceses aterrados

CRISIS Y DEUDA EN EUROPA: 10 FALSAS EVIDENCIAS, 22 MEDIDAS EN DEBATE PARA SALIR DEL ATOLLADERO


Introducción

La reactivación económica mundial, lograda por medio de una colosal inyección de gasto público en el circuito económico (de los EEUU a China), es frágil pero real. Un solo continente se queda atrasado, Europa. Encontrar el camino del crecimiento no es su prioridad política. Europa entró en otra vía: la de la lucha contra los déficits públicos.

En la Unión Europea estos déficits son elevados, es verdad, -7% en promedio en el 2010-, pero mucho menos que el 11% de los EEUU. Mientras algunos Estados norteamericanos de peso económico superior al de Grecia, California por ejemplo, están cercanos a la quiebra, los mercados financieros decidieron especular sobre la deuda soberana de los países europeos, particularmente los del sur. Europa está prisionera de su propia trampa institucional: los Estados deben tomar créditos ante instituciones financieras privadas que obtienen liquidez a bajo precio del Banco Central Europeo. Así, los mercados tienen la llave del financiamiento de los Estados. En este marco la ausencia de solidaridad europea suscita la especulación, tanto más cuanto que las agencias de calificación juegan a acentuar la desconfianza.

Fue necesaria la degradación de la nota de Grecia por la agencia Moody’s el 15 de junio, para que los dirigentes europeos retomaran el término de “irracionalidad” que tanto emplearon al inicio de la crisis de los subprimes. De este modo se descubre que España está más amenazada por la fragilidad de su modelo de crecimiento y de su sistema bancario que por su deuda pública.

Para “tranquilizar los mercados” se improvisó un Fondo de estabilización del euro, y se lanzaron por toda Europa drásticos, y a menudo ciegos, planes de reducción del gasto público. Los funcionarios son las primeras víctimas, incluso en Francia, en donde el alza de cotizaciones de su previsión será una disimulada baja de sus salarios. El número de funcionarios disminuye en todas partes, amenazando los servicios públicos. Las prestaciones sociales, de los Países Bajos a Portugal, pasando por Francia con su actual reforma de la previsión, están siendo gravemente amputadas. El paro y la precariedad del empleo crecerán forzosamente en los años venideros. Estas medidas son irresponsables desde un punto de vista político y social, e incluso en el estricto ámbito económico.

Esta política, que ha calmado provisoriamente la especulación, tiene ya consecuencias sociales muy negativas en numerosos países europeos, particularmente en la juventud, el mundo del trabajo y los más vulnerables. A corto plazo agudizará las tensiones en Europa y con ello amenazará la propia construcción europea que es mucho más que un proyecto económico. Allí la economía debiese estar al servicio de la construcción de un continente democrático, pacificado y unido. En lugar de eso, se impone por todas partes una forma de dictadura de los mercados, y especialmente hoy en día en Portugal, España y Grecia, tres países que aun eran dictaduras a principios de los años 1970, hace apenas cuarenta años.

Que se la interprete como el deseo de “tranquilizar los mercados” por parte de gobiernos asustados, o bien como un pretexto para imponer decisiones dictadas por la ideología, la sumisión

a esta dictadura es inaceptable tanto ha dado ya la prueba de su ineficacia económica y de su potencial destructivo en los planos político y social.



Un verdadero debate democrático sobre las decisiones de política económica debe pues abrirse en Francia y en Europa. La mayor parte de los economistas que intervienen en el debate público lo hacen para justificar o racionalizar la sumisión de las políticas a las exigencias de los mercados financieros. Cierto, en todas partes los poderes públicos debieron improvisar planes keynesianos de reactivación e incluso nacionalizar temporariamente los bancos. Pero quieren cerrar este paréntesis lo más pronto posible. El software neoliberal aun sigue siendo considerado como legítimo, a pesar de sus patentes fracasos. Este, fundado sobre la hipótesis de eficiencia de los mercados financieros, plantea reducir el gasto público, privatizar los servicios públicos, flexibilizar el mercado del trabajo, liberalizar el comercio, los servicios financieros y los mercados de capitales, aumentar la competencia en todo tiempo y lugar…

En tanto economistas, estamos aterrados al ver que estas políticas siguen a la orden del día y que sus fundamentos teóricos no son cuestionados. No obstante, los argumentos avanzados desde hace treinta años para orientar las decisiones de política económica europea son desmentidos por los hechos. La crisis desnudó el carácter dogmático e infundado de la mayor parte de las pretendidas evidencias repetidas hasta la saciedad por quienes deciden y por sus consejeros. Ya se trate de la eficacia y de la racionalidad de los mercados financieros, de la necesidad de mutilar el gasto para reducir la deuda pública o de reforzar el “pacto de estabilidad”, hay que interrogar dichas falsas evidencias y mostrar la pluralidad de decisiones posibles en materia de política económica. Otras decisiones son posibles y deseables, a condición, primero que nada, de liberarse del dominio impuesto por la industria financiera sobre las políticas públicas.

Hacemos más adelante una presentación crítica de diez postulados que continúan inspirando cada día las decisiones de los poderes públicos en toda Europa, a pesar de los brutales desmentidos aportados por la crisis financiera y sus consecuencias. Se trata de falsedades que inspiran medidas injustas e ineficaces, frente a las cuales proponemos al debate veintidós contra proposiciones. Ellas no cuentan necesariamente con el asentimiento unánime de los signatarios de este texto, pero deben ser tomadas en serio si queremos sacar a Europa del atolladero.

Falsedad n°1: los mercados financieros son eficientes.

Falsedad n°2: los mercados financieros son favorables al crecimiento económico.

Falsedad n°3: los mercados son buenos jueces de la solvencia de los Estados.

Falsedad n°4: el aumento de la deuda pública resulta de un aumento del gasto.

Falsedad n°5: hay que reducir el gasto para reducir la deuda pública.

Falsedad n°6: la deuda pública le hará pagar nuestros excesos a nuestros nietos.

Falsedad n°7: hay que tranquilizar a los mercados financieros para financiar la deuda pública.

Falsedad n°8: la Unión Europea defiende el modelo social europeo.

Falsedad n°9: el euro nos protege contra la crisis.

Falsedad n°10: la crisis griega permitió avanzar hacia un gobierno económico y una verdadera solidaridad europea.



FALSA EVIDECIA N°1: LOS MERCADOS FINACIEROS SON EFICIENTES


Un hecho se impone hoy a todos los observadores: el papel primordial que desempeñan los mercados financieros en el funcionamiento de la economía. Es el resultado de una larga evolución que empezó finales de la década de 1970. La midamos como la midamos esta evolución marca una ruptura neta, tanto cuantitativa como cualitativa, con las décadas precedentes. Bajo la presión de los mercados financieros la regulación del conjunto del capitalismo se transforma en profundidad y da nacimiento a una forma inédita de capitalismo que algunos llamaron “capitalismo patrimonial”, capitalismo financiero” o incluso “capitalismo neoliberal”.

Estas mutaciones encontraron en la hipótesis de eficiencia informativa de los mercados financieros su justificación teórica. En efecto, según esta hipótesis, es importante desarrollar los mercados financieros, hacer que puedan funcionar lo más libremente posible porque constituyen el único mecanismo de asignación eficaz del capital. Las políticas que se han llevado a cabo obstinadamente desde hace treinta años son conformes a esta recomendación. Se trata de construir un mercado financiero mundialmente integrado en el que todos los actores (empresas, hogares, Estados, instituciones financieras) puedan intercambiar todas las categorías de títulos (acciones, obligaciones, deudas, derivados, divisas) en todos los plazos (largo plazo, medio plazo, corto plazo). Los mercados financieros han llegado a parecerse al mercado “sin fricción” de los manuales: el discurso económico ha conseguido crear la realidad. Como los mercados eran cada vez más “perfectos” en el sentido de la teoría económica dominante, los analistas creyeron que en adelante el sistema financiero era mucho más estable que en el pasado. La “gran moderación” (este periodo de crecimiento económico sin subida de los salarios que conoció Estados Unidos desde 1990 a 2007) parecía confirmarlo.

Todavía hoy el G20 persiste en la idea de que los mercados financieros son el buen mecanismo de asignación del capital. La primacía y la integridad de los mercados financieros siguen siendo los objetivos finales que prosigue su nueva regulación financiera. La crisis se interpreta no como un resultado inevitable de la lógica de los mercados desregulados sino como el efecto de la deshonestidad e irresponsabilidad de algunos actores financieros mal vigilados por los poderes públicos.

Sin embargo, la crisis se ha encargado de demostrar que los mercados no son eficientes y que no permiten una asignación eficaz del capital. Las consecuencias de este hecho en materia de regulación y de política económica son inmensas. La teoría de la eficiencia reposa sobre la idea de que los inversores buscan y encuentran la información más fiable posible sobre el valor de los proyectos que compiten para encontrar una financiación. De creer esta teoría, el precio que se forma en un mercado refleja los juicios de los inversores y sintetiza el conjunto de la información disponible: constituye, por consiguiente, un buen cálculo del verdadero valor de los títulos. Ahora bien, se supone que este valor resume toda la información necesaria para orientar la actividad económica y así la vida social. De este modo el capital se invierte en los proyectos más rentables y deja de lado los proyectos menos eficaces. Ésta es la idea central de esta teoría: la competencia financiera produce unos precios justos que constituyen señales fiables para los inversores y orientan eficazmente el desarrollo económico.

Pero la crisis vino a confirmar los diferentes trabajos críticos que habían puesto en duda esta propuesta. La competencia financiera no produce necesariamente precios justos. Peor: con frecuencia la competencia financiera es desestabilizante y lleva a unas evoluciones de precios excesivas e irracionales, las burbujas financieras.

El error principal de la teoría de la eficiencia de los mercados financieros consiste en trasponer a los productos financieros la teoría habitual de los mercados de bienes ordinarios. En estos últimos la competencia es en parte autorreguladora en virtud de lo que se llama la “ley” de la oferta y la demanda: cuando el precio de un bien aumenta, entonces los productores van a aumentar su oferta y los compradores a reducir su demanda; el precio, por lo tanto, va a bajar y a volver cerca de su nivel de equilibrio. En otras palabras, cuando el precio de un bien aumenta unas fuerzas de llamada tienden a frenar y después a invertir este alza. La competencia produce lo que se llama “feedbacks negativos”, unas fuerzas de llamada que van en el sentido contrario del choque inicial. La idea de la eficiencia nace de una transposición directa de este mecanismo a la finanza de mercado.

Ahora bien, para esta última la situación es muy diferente. Cuando el precio aumenta es frecuente observar no una bajada, ¡sino una subida de la demanda! En efecto, la subida del precio significa un rendimiento mayor para quienes poseen el título debido a la plusvalía realizada. Por consiguiente, la subida del precio atrae a nuevos compradores, lo que refuerza más la subida inicial. Las promesas de bonos empujan a los traders a ampliar aún más el movimiento. Hasta el incidente, imprevisible pero inevitable, que provoca la inversión de las anticipaciones y la quiebra. Este fenómeno digno de la irreflexión de los borregos es un proceso de “feedbacks positivos” que empeora los desequilibrios. Es la burbuja especulativa: una subida acumulativa de los precios que se alimenta a sí misma. Este tipo de proceso no produce precios justos sino, por el contrario, precios inadecuados.

Por consiguiente, el lugar preponderante ocupado por los mercados financieros no puede llevar a eficacia alguna. Aún más, es una fuente permanente de inestabilidad, como lo demuestra claramente la serie ininterrumpida de burbujas que hemos conocido desde hace 20 años: Japón, Sudeste de Asia, internet, mercados emergentes, la inmobiliaria, conversión de la deuda en valores. Así, la inestabilidad financiera se traduce en fuertes fluctuaciones de las tasas de intercambio y de la Bolsa, que manifiestamente no tienen relación con los fundamentos de la economía. Esta inestabilidad, nacida del sector financiero, se propaga a la economía real por medio de numerosos mecanismos.

Para reducir la ineficiencia e inestabilidad de los mercados financieros sugerimos cuatro medidas:

Medida n°1: compartimentar estrictamente los mercados financieros y las actividades de los actores financieros, prohibir a los bancos especular por su propia cuenta para evitar la propagación de las burbujas y de las quiebras,

Medida n°2: Reducir la liquidez y la especulación desestabilizadora por medio de controles sobre los movimientos de capitales y de las tasas sobre las transacciones financieras,

Medida n°3: limitar las transacciones financieras a las que respondan a las necesidades de la economía real (por ejemplo, CDS [Credit Default Swap o permuta de incumplimiento crediticio] únicamente para quienes detentan títulos asegurados, etc.)

Medida n°4: limitar la remuneración de los traders.

FALSA EVIDENCIA N°2: LOS MERCADOS FINANCIEROS SON FAVORABLES AL CRECIMIENTO ECONÓMICO

La integración financiera ha llevado el poder de las finanzas a su cenit debido al hecho de que unifica y centraliza la propiedad capitalista a escala mundial. En adelante ella es quien determina las normas de la rentabilidad exigidas al conjunto de los capitales. El proyecto era que la finanza de mercado sustituyera a la financiación bancaria de los inversores. Proyecto que, además, ha fracasado porque hoy, globalmente, son las empresas las que financian a los accionistas en vez de lo contrario. En adelante la gobernanza de las empresas se ha transformado profundamente para alcanzar las normas de rentabilidad del mercado. Con el aumento en potencia del valor accionarial se ha impuesto una concepción nueva de la empresa y de su gestión, pensadas como puestas al servicio exclusivo del accionista. Ha desaparecido la idea de un interés común propio de las diferentes parte interesadas vinculadas a la empresa. Los dirigentes de las empresas que cotizan en Bolsa tiene en adelante la misión primera de satisfacer únicamente el deseo de enriquecimiento de los accionistas. En consecuencia, dejan ellos mismos de ser asalariados, como demuestra el desmesurado aumento de sus remuneraciones. Como avanza la teoría de “la agencia”, se trata de hacer de modo que los intereses de los dirigentes sean en adelante convergentes con los de los accionistas.

El ROE (Return on Equity, o rendimiento de los capitales propios) de 15% a 25% es en adelante la norma que impone el poder de la finanza a las empresas y a los asalariados. La liquidez es el instrumento de este poder que permite en cualquier momento a los capitales no satisfechos ir a buscar a otra parte. Frente a esta potencia, tanto los asalariados como la soberanía política parecen por su fraccionamiento en estado de inferioridad. Esta situación desequilibrada lleva a unas exigencias de beneficio descabelladas porque reprimen el crecimiento económico y llevan a un aumento continuo de las desigualdades de ingresos. Por un lado las exigencias de rentabilidad inhiben fuertemente la inversión: cuanto más elevada es la rentabilidad demandada más difícil es encontrar proyectos suficientemente eficientes para satisfacerla. Las tasas de inversión siguen siendo históricamente débiles en Europa y en Estados Unidos. Por otra parte, estas exigencias provocan una constante presión a la baja sobre los salarios y el poder adquisitivo, lo que no es favorable a la demanda. La ralentización simultánea de la inversión y del consumo lleva a un crecimiento débil y a un paro endémico. En los países anglosajones se ha contrarrestado esta tendencia por medio de desarrollo del endeudamiento de los hogares y por medio de las burbujas financieras que crean una riqueza que permite un crecimiento del consumo sin salarios, pero terminan en quiebras.

Para remediar los efectos negativos sobre la actividad económicas ponemos debatir tres medidas :

Medida n°5: reforzar significativamente los contra-poderes en las empresas para obligar a las direcciones a tener en cuenta los intereses del conjunto de las partes interesadas,

Medida n°6: aumentar fuertemente los impuestos a los ingresos muy altos para disuadir la carrera por los rendimientos insostenibles,

Medida n°7: reducir la dependencia de las empresas en relación a los mercados financieros desarrollando una política pública del crédito (tasas preferenciales para las actividades prioritarias en el plano social y medioambiental).

FALSA EVIDENCIA N° 3 : LOS MERCADOS SON BUENOS JUECES DE LA SOLVENCIA DE LOS ESTADOS

Según los defensores de la eficiencia de los mercados financieros, los operadores de mercado tendrían en cuenta la situación objetiva de las finanzas públicas para evaluar el riesgo de suscribir un préstamo de Estado. Tomemos el caso de la deuda griega: los operadores financieros y quienes toman las decisiones se remiten únicamente a las evaluaciones financieras para juzgar la situación. Así, cuando la tasa exigida a Grecia ascendió a más del 10%, cada uno dedujo que el riesgo de falta [de pago] estaba cercano: si los inversores exigen semejante prima de riesgo es que el peligro es extremo.

Hay en ello un profundo error si se comprende la verdadera naturaleza de la evaluación por el mercado financiero. Como éste no es eficiente, lo más frecuente es que produzca unos precios completamente desconectados de los fundamentales. En esas condiciones es descabellado entregarse únicamente a las evaluaciones financieras para juzgar una situación. Evaluar el valor de un título financiero no es una operación comparable a medir un tamaño objetivo, por ejemplo, a calcular el peso de un objeto. Un título financiero es un derecho sobre unos ingresos futuros: para evaluarlo hay que prever lo que será el futuro. Es una cuestión de juicio, no una medida objetiva porque en el instante t, el futuro no está en modo alguno predeterminado. En las salas de mercado sólo es lo que los operadores imaginan que será. Un precio financiero resulta de un juicio, de una creencia, de una apuesta sobre el futuro: nada asegura que el juicio de los mercados tenga algun tipo de superioridad sobre las demás formas de juicio.

Sobre todo, la evaluación financiera no es neutra: afecta al objeto medido, compromete y construye el futuro que ella imagina. Así, las agencias de calificación financieras contribuyen en mucho a determinar las tasas de interés en los mercados de obligaciones atribuyendo unas notas cargadas de una gran subjetividad, incluso de una voluntad de alimentar la inestabilidad, fuente de beneficios especulativos. Cuando degradan la calificación de un Estado aumentan la tasa de interés exigida por los actores financieros para adquirir los títulos de la deuda pública de este Estado y aumentan con ello el riesgo de quiebra que ellas han anunciado.

Para reducir la influencia de la psicología de los mercados sobre la financiación de los estados, proponemos debatir dos medidas:

Medida n°8: no se debe autorizar a las agencias de calificación financiera a pesar arbitrariamente en las tasas de interés de los mercados de obligaciones degradando la calificación de un Estado: su actividad se debería reglamentar exigiendo que esta nota resulte de un calculo económico transparente.

Medida n°8 bis: liberar a los Estados de la amenaza de los mercados financieros garantizando que el Banco Central Europeo (BCE) compra los títulos púbicos.

FALSA EVIDENCIA N° 4 : LA SUBIDA ESPECTACULAR DE LAS DEUDAS PÚBLICAS ES EL RESULTADO DE UN EXCESO DE GASTOS

Michel Pébereau, uno de los “padrinos” de la banca francesa, describía en 2005 en unos de estos informes oficiales ad hoc a una Francia asfixiada por la deuda pública y sacrificando sus generaciones futuras al entregarse a unos gastos sociales irreflexivos. El Estado que se endeuda como un padre de familia alcohólico que bebe por encima de sus medios: ésta es la visión que suelen propagar la mayoría de los editorialistas. La reciente explosión de la deuda pública en Europa y en el mundo se debe en todas partes a otra cosa: a los planes de salvamiento de las finanzas y, sobre todo, a la recesión provocada por la crisis bancaria y financiera que empezó en 2008: el déficit público medio en la zona euro era sólo el 0,6% del PIB en 2007, pero la crisis le ha hecho pasar al 7% en 2010. Al mismo tiempo la deuda pública ha pasado del 66% al 84% del PIB.

Sin embargo, el aumento de la deuda pública tanto en Francia como en muchos países europeos fue primero moderada y anterior a esta recesión: proviene en gran parte no de una tendencia a la subida de los gastos públicos (puesto que, al contrario, desde principios de la década de 1990 estos son estables o en baja en la Unión Europea en proporción al PIB) sino del desmoronamiento de los ingresos públicos debido a la debilidad del crecimiento económico en el periodo y a la contrarrevolución fiscal que han llevado a cabo la mayoría de los gobiernos desde hace veinticinco años. A más largo plazo la contrarrevolución fiscal ha alimentado continuamente el hinchamiento de la deuda de una recesión a otra. Así, en Francia un reciente informe parlamentario cifra en 100.000 millones de euros en 2010 el coste de las bajadas de impuestos consentidas entre 2000 y 2010, sin incluir siquiera las exoneraciones de cotizaciones sociales (30.000 millones) y otros “gastos fiscales”. A falta de una armonización fiscal, los Estados europeos se han entregado a la competencia fiscal, bajando los impuestos a las sociedades, los altos ingresos y los patrimonios. Aunque el peso relativo de sus determinantes varíe de un país a otro, la subida casi general de los déficits públicos y de las ratios de deuda pública en el curso de los treinta últimos años no resulta principalmente de una deriva culpable de los gastos públicos. Un diagnóstico que, evidentemente, abre otras pistas que la sempiterna reducción de los gastos públicos.

Para restaurar un debate público informado sobre el origen de la deuda y, por lo tanto, de los medios de remediarla, proponemos debatir una propuesta:

Medida n° 9: realizar una auditoría pública de las deudas públicas para determinar su origen y conocer la identidad de los principales poseedores de títulos de la deuda y los montantes que poseen.

FALSA EVIDENCIA N°5: HAY QUE REDUCIR LOS GASTOS PARA REDUCIR LA DEUDA PÚBLICA

Aunque el aumento de la deuda pública resultara en parte de un aumento de los gastos públicos, cortar en estos gastos no contribuiría necesariamente a la solución porque la dinámica de la deuda pública no tiene mucho que ver con la de un hogar: la macroeconomía no es reducible a la economía doméstica. Generalmente la dinámica de la deuda depende de varios factores: el nivel de los déficits primarios, pero también la diferencia entre la tasa de interés y la tasa de crecimiento nominal de la economía.

Y es que si este último es más débil que la tasa de interés la deuda va a crecer mecánicamente debido al “efecto bola de nieve”: explota el importe de los intereses y también el déficit total (incluidos los intereses de la deuda). Así, a principios de la década de 1990 la política del franco fuerte que llevó a cabo Bérégovoy y se mantuvo a pesar de la recesión de 1993-94 se tradujo en una tasa de interés más elevada de forma duradera que la tasa de crecimiento, lo que explica el salto de la deuda pública de Francia durante este periodo. Es el mismo mecanismo que explicaban el aumento de la deuda durante la primera mitad de la década de 1980 bajo el impacto de la revolución neoliberal y de la política de tasas de interés elevadas que llevaron a cabo Ronald Reagan y Margaret Thatcher.

Pero la propia tasa de crecimiento no es independiente de los gastos públicos: a corto plazo la existencia de gastos públicos estables limita la magnitud de las recesiones (“estabilizadores automáticos”); a largo plazo las inversiones y gastos públicos (educación, sanidad, investigación, infraestructuras …) estimulan el crecimiento. Es falso afirmar que todo déficit público crece tanto como la deuda pública o que toda reducción del déficit permite reducir la deuda. Si la reducción de los déficit compromete la actividad económica la deuda aumentará aún más. Los comentaristas liberales subrayan que algunos países (Canadá, Suecia, Israel) realizaron unos ajustes brutales de sus cuentas públicas en la década de 1990 e inmediatamente después conocieron un fuerte rebote del crecimiento. Pero esto sólo es posible si el ajuste concierne a un país aislado, que vuelve a ganar competitividad sobre sus rivales. Lo que evidentemente olvidan los partidarios del ajuste estructural europeo es que los países europeos tienen por principales clientes y rivales a otros países europeos ya que la Unión Europea está globalmente poco abierta al exterior. Una reducción simultánea y masiva de los gastos públicos del conjunto de los países de la Unión Europea sólo puede tener como efecto una recesión agravada y, por lo tanto, una nueva subida de la deuda pública.

Para evitar que el restablecimiento de las finanzas públicas provoque un desastre social y politico proponemos debatir dos medidas:

Medida n°10: mantener el nivel de las protecciones sociales, incluso mejorarlas (subsidio de desempleo, vivienda…);

Medida n°11: aumentar el esfuerzo presupuestario en materia de educación, de investigación, de inversion en reconversión ecológica… para establecer las condiciones de un crecimiento sostenible que permita un fuerte descenso del paro.

FALSA EVIDENCIA N°6: LA DEUDA PÚBLICA TRASLADA EL PRECIO DE NUESTROS EXCESOS A NUESTROS NIETOS

La afirmación de que la deuda pública sería una transferencia de riqueza en detrimento de las generaciones futuras es otra afirmación falsa que confunde economía doméstica y macroeconomía. La deuda pública es un mecanismo de transferencia de riquezas, pero es sobre todo de los contribuyentes ordinarios hacia los rentistas.

En efecto, basándose en la creencia raramente verificada según la cual bajar los impuesto estimularía el crecimiento y aumentaría in fine los ingresos públicos, desde 1980 los Estados europeos han imitado a Estados Unidos en una política sistemática de hacer la oferta fiscal más baja. Se han multiplicado las reducciones de impuestos y de cotizaciones (sobre los beneficios de las sociedades, sobre los ingresos de los particulares más acomodados, sobre los patrimonios, sobre las cotizaciones patronales…), pero su impacto en el crecimiento económico sigue siendo muy incierto. Por consiguiente, estas políticas fiscales anti-redistributivas han agravado a la vez y de manera acumulativa las desigualdades sociales y los déficits públicos.

Estas políticas fiscales han obligado a las administraciones públicas a endeudarse con hogares acomodados y mercados financieros para financiar los déficits así creados. Es lo que se podría llamar “el efecto jackpot”: con el dinero ahorrado de sus impuestos los ricos han podido adquirir títulos (portadores de interés) de la deuda pública emitida para financiar los déficits públicos provocados por la reducciones de los impuestos… Así, el servicio de la deuda pública en Francia representa 40.000 millones de euros, casi tanto como las recaudaciones del impuesto sobre la renta. Tour de force tanto más brillante cuanto que a continuación se ha logrado hacer creer al público que los culpables de la deuda pública eran los funcionarios, los jubilados y los enfermos.

Por consiguiente, el aumento de la deuda pública en Europa o en Estados Unidos no es el resultado de políticas keynesianas expansionistas o de políticas sociales dispendiosas sino más bien de una política en favor de las capas privilegiadas: los “gastos fiscales” (bajadas de impuestos y de cotizaciones) aumentan los ingresos disponibles de quienes menos lo necesitan, los cuales gracias a ello pueden aumentar más sus inversiones, sobre todo en Bonos del Tesoro, que son remunerados en intereses por medio del impuesto procedente de todos los contribuyentes. En resumen, se establece un mecanismo de redistribución al revés, desde las clases populares hacia las clases acomodadas, vía la deuda pública cuya contrapartida es siempre la renta privada.

Para rectificar de manera equitativa las finanzas públicas en Europa y en Francia proponemos debatir dos medidas:

Medida n°12: volver a dar un carácter fuertemente redistributivo a la fiscalidad directa sobre los ingresos (supresión de los vacíos [fiscales], creación de nuevas series y aumento de las tasas del impuesto sobre la renta…)

Medida n°13: suprimir las exoneraciones consentidas a las empresas que no tienen suficiente efecto sobre el empleo.

FALSA EVIDENCIA N°7 : HAY QUE ASEGURAR A LOS MERCADOS FINANCIEROS PARA PODER FINANCIAR LA DEUDA PÚBLICA

A nivel mundial se debe analizar el ascenso de las deudas públicas correlativamente a la financiarización. Durante los últimos treinta años a favor de la liberalización total de la circulación de los capitales las finanzas han aumentado considerablemente su influencia sobre la economía. Las grandes empresas recurren cada vez menos al crédito bancario y cada vez más a los mercados financieros. Los hogares también ven una parte cada vez mayor de su ahorro drenado hacia las finanzas para sus pensiones, vía los diversos productos de inversión o incluso en algunos países vía la financiación de su vivienda (préstamos hipotecarios). Los gestores de carteras que tratan de diversificar los riesgos buscan títulos públicos como complemento a los privados. Los han encontrado fácilmente en los mercados porque los gobiernos han llevado a cabo unas políticas similares que han llevado a un relanzamiento de los déficits: tasas de interés altas, bajada de los impuestos centradas en los ingresos altos, incitaciones masivas al ahorro financiero de los hogares para favorecer las jubilaciones por capitalización, etc.

A nivel de la UE la financiarización de la deuda pública se ha inscrito en los tratados: desde Maastricht los Bancos Centrales tienen prohibido financiar directamente a los Estados, que deben encontrar prestamistas en los mercados financieros. Esta “represión monetaria” acompaña a la “liberación financiera” y hace exactamente lo contrario de las políticas adoptadas tras la gran crisis de la década de 1930, de “represión financiera” (drásticas restricciones a la libertad de acción de las finanzas) y de “liberación monetaria” (con el final del patrón oro). Se trata de someter a los Estados, que se supone que son por naturaleza demasiado dispendiosos, a la disciplina de los mercados financieros, que se supone que son eficientes y omniscientes por naturaleza.

Como resultado de esta elección doctrinaria, el Banco Central Europeo no tiene así derecho a suscribir directamente las emisiones de obligaciones públicas de los Estados europeos. Privados de la garantía de poder financiarse siempre en el Banco Central, los Estados europeos del sur han sido así víctimas de ataques especulativos. En efecto, aunque en nombre de una ortodoxia sin fisuras el BCR siempre se había negado a ello, desde hace algunos meses compra obligaciones de Estado a la tasa de interés del mercado para calmar las tensiones en el mercado de obligaciones europeos. Pero nada dice que esto sea suficiente si la crisis de la deuda se agrava y y se esfuman las tasas de interés de mercado. Entonces podría ser difícil mantener esta ortodoxia monetaria que carece de fundamentos científicos serios.

Para remediar el problema de la deuda pública proponemos debatir dos medidas:

Medida n°14: autorizar al Banco Central Europeo a financiar directamente a los Estados (o a imponer a los bancos comerciales suscribir la emisión de obligaciones públicas) a bajo interés, aflojando así el lastre con el que les traban los mercados financieros,

Medida n°15: si fuera necesario, reestructurar la deuda pública, por ejemplo, limitando el servicio de la deuda pública a determinado tanto por ciento del PIB, y operando una discriminación entre los acreedores según el volumen de los títulos que poseen: los rentistas muy grandes (particulares o instituciones) deben aceptar un alargamiento sensible del perfil de la deuda, incluso anulaciones parciales o totales. También hay que volver a negociar las exorbitantes tasas de interés de los títulos emitidos por los países en dificultades desde la crisis.

FALSA EVIDENCIA N°8: LA UNIÓN EUROPEA DEFIENDE EL MODELO SOCIAL EUROPEO

La construcción europea parece una experiencia ambigua. Coexisten dos visiones de Europa sin osar enfrentarse abiertamente. Para los socialdemócratas, Europa hubiera debido proponerse el objetivo de promover el modelo social europeo, fruto del compromiso social de la época posterior a la Segunda Guerra Mundial, con su protección social, sus servicios públicos y sus políticas industriales. Europa hubiera debido construir una muralla defensiva frente a la globalización liberal, un medio de proteger, de hacer vivir y progresar este modelo. Europa hubiera debido defender una visión específica de la organización de la economía mundial, la globalización regulada por unas organizaciones de gobernanza mundial. Hubiera debido permitir a los países miembro mantener un nivel elevado de gastos públicos y de redistribución, protegiendo su capacidad de financiarlos por medio de la armonización de la fiscalidad sobre las personas, las empresas y los ingresos del capital.

Sin embargo, Europa no ha querido asumir su especificidad. Actualmente la visión dominante en Bruselas y en el seno de la mayoría de los gobiernos nacionales es la contraria a la de una Europa liberal, cuyo objetivo es adaptar a las sociedades europeas a las exigencias de la globalización: la construcción europea es la ocasión de poner en tela de juicio el modelo social europeo y de desregular la economía. La preeminencia del derecho de la competencia sobre las reglamentaciones nacionales y sobre los derechos sociales en el Mercado Único permite introducir más competencia en los mercados de los productos y de los servicios, disminuir la importancia de los servicios públicos y organizar competitividad de los trabajadores europeos. La competencia social y fiscal permitió reducir los impuestos, sobre todo sobre los ingresos del capital y de las empresas (las “bases móviles”) y hacer presión sobre los gastos sociales. Los tratados garantizan cuatro libertades fundamentales: la libre circulación de las personas, de las mercancías, de los servicios y de los capitales. Pero lejos de limitarse al mercado interior, la libertad de circulación de los capitales se ha concedido a los inversores del mundo entero, sometiendo así al tejido productivo europeo a los imperativos de valorización de los capitales internacionales. La construcción europea perece un medio de imponer a los pueblos unas reformas neoliberales.

La organización de la política macroeconómica (independencia del BCE frente a la política, Pacto de Estabilidad) está marcada por la desconfianza respecto a los gobierno elegidos democráticamente. Se trata de privar a los países de toda autonomía en materia tanto de política monetaria como en materia presupuestaria. Para ya sólo dejar jugar a la “estabilización automática” se debe alcanzar el equilibrio presupuestario y después toda política discrecional desterrada de reactivación. A nivel de la zona no se ha establecido ninguna política coyuntural común ni se ha definido ningún objetivo común en términos de crecimiento o de empleo. No se tienen en cuenta las diferencias de situación entre los países porque el pacto no se interesa ni por las tasas de inflación ni por los déficits exteriores nacionales; los objetivos de las finanzas públicas no tienen en cuenta situaciones económicas nacionales.

Las instancias europeas trataron de impulsar unas reformas estructurales (por medio de las Grandes Orientaciones Políticas Económicas, el Método Abierto de Coordinación o la Agenda de Lisboa) con un éxito muy desigual. Como su modo de elaboración no era democrático ni movilizador, su orientación liberal no correspondía obligatoriamente a las políticas decididas a nivel nacional, teniendo en cuenta las relaciones de fuerza existentes en cada país. Esta orientación no conoció de entrada los brillantes éxitos fulgurantes que la habría legitimado. Se puso en tela de juicio el movimiento de liberalización económica (fracaso de la Directiva Bolkestein); se tentó a algunos países con nacionalizar su política industrial mientras que la mayoría se oponía a la europeización de sus políticas fiscales o sociales. La Europa social ha seguido siendo una palabra vacía, sólo se ha afirmado realmente la Europa de la competencia y de las finanzas.

Para que Europa promueva verdaderamente un modelo social europeo proponemos debatir dos medidas:

Medida n°16: poner en tela de juicio la libre circulación de los capitales y de las mercancías entre la UE y el resto del mundo negociando si fuera necesario acuerdos multilaterales o bilaterales,

Medida n°17: en vez de la política de competencia, convertir a “la armonización en el progreso” en el hilo director de la construcción europea. Establecer unos objetivos comunes de alcance constringente tanto en materia de progreso social como en materia macroeconómica (unas GOPS, grandes orientaciones de política social).

FALSA EVIDENCIA N°9: EL EURO ES UN ESCUDO CONTRA LA CRISIS

El euro debería haber sido un factor de protección contra la crisis financiera mundial. Después de todo, la supresión de toda incertidumbre sobre las tasas de cambio entre las monedas europeas eliminó un factor fundamental de inestabilidad. Sin embargo, no ha habido nada de eso: Europa se ha visto afectada más duramente y de forma duradera por la crisis que el resto del mundo. Esto se debe a las propias modalidades de construcción de la unión monetaria.

Desde 1999 la zona euro conoció un crecimiento relativamente mediocre y un aumento de las divergencias entre los Estados miembro en términos de crecimiento, de inflación, de paro y de desequilibrios exteriores. El marco de política económica de la zona euro, que tiende a imponer a unos países en situaciones diferentes unas políticas macroeconómicas parecidas, ha ampliado las disparidades de crecimiento entre los Estados miembro. En la mayoría de los países, en particular los más grandes, la introducción del euro no ha provocado la prometida aceleración del crecimiento. Para otros, hubo crecimiento pero a costa de desequilibrios difícilmente sostenibles. La rigidez monetaria y presupuestaria, reforzada por el euro, ha permitido hacer caer todo el peso de los ajustes sobre el trabajo. Se ha promovido la flexibilidad y la austeridad salarial, reducido la parte de los salarios en el ingreso total, aumentado las desigualdades.

Esta carrera a la baja social la ha ganado Alemania, que ha sabido liberar importantes surplus comerciales en detrimento de sus vecinos y, sobre todo, de sus propios asalariados, imponiéndose una bajada del coste del trabajo y de las prestaciones sociales, lo que le ha conferido una ventaja comercial en relación a sus vecinos que no han podido tratar tan duramente a sus trabajadores. Los excedentes comerciales alemanes pesan sobre el crecimiento de los demás países. Los déficits presupuestarios y comerciales de unos sólo son la contrapartida de los excedentes de los demás … Los Estados miembro no han sido capaces de definir una estrategia coordinada.

La zona euro hubiera debido verse menos afectada por la crisis que Estados Unidos y Reino Unido. Los hogares están claramente menos implicados en los mercados financieros, que son menos sofisticados. Las finanzas públicas estaban en una situación mejor; el déficit público del conjunto de los países de la zona era del 0,6% del PIB en 2007, frente a casi el 3% en Estados Unidos, en Reino Unido o Japón. Pero la zona euro sufría un aumento de los desequilibrios: los países del norte (Alemania, Austria, Países Bajos, países escandinavos) limitaban sus salarios y sus demandas internas, y acumulaban excedentes exteriores, mientras que los países del sur (España, Grecia, Irlanda) conocían un crecimiento vigoroso impulsado por unas tasas de interés débiles en relación a la tasa de crecimiento, al tiempo que acumulaban unos déficits exteriores.

Aunque la crisis económica partió de Estados Unidos, éste ha tratado de establecer una política real de reactivación presupuestaria y monetaria al tiempo que iniciaba un movimiento de desregulación financiera. Europa, por el contrario, no ha sabido emprender una política suficientemente reactiva. De 2007 a 2010 el impulso presupuestario ha sido del orden de 1,6 puntos de PIB en la zone euro, de 3,2 puntos en Reino Unido y de 4,2 puntos en Estados Unidos. La pérdida de producción debida a la crisis ha sido claramente más fuerte en la zona euro que en Estados Unidos. En la zona se ha sufrido más el aumento del déficits que el resultado de una política activa.

Al mismo tiempo, la Comisión ha seguido lanzando unos procedimientos de déficit excesivo contra los Estados miembro de modo que a mediados de 2010 prácticamente todos los Estados de la zona estaban sometidos a ellos. Ha pedido a los Estados miembro que para 2013 ó 2014 se comprometan a volver bajo la línea del 3%, independientemente de la evolución economía. Las instancias europeas han seguido reclamando unas políticas salariales restrictivas y que se replanteen los sistemas públicos de jubilación y de sanidad, con el riesgo evidente de hundir al continente en la depresión y de aumentar las tensiones entre los países. Esta ausencia de coordinación y, más fundamentalmente, la ausencia de un verdadero presupuesto europeo que permita una solidaridad efectiva entre los Estados miembro han incitado a los operadores financieros a desviarse del euro, incluso a especular abiertamente contra él.

Para que el euro pueda proteger realmente a los ciudadanos europeos de la crisis proponemos debatir dos [sic] medidas:

Medida n°18: garantizar una verdadera coordinación de las políticas macroeconómicas y una reducción concertada de los desequilibrios comerciales entre los países europeos,

Medida n°19: compensar los desequilibrios de pago en Europa por medio de un Banco de Pagos (que organice los préstamos entre los países europeos),

Medida n°20: si la crisis del euro lleva a su desintegración y esperando el ascenso en régimen del presupuesto europeo (cf. infra), establecer un régime monetario intraeuropeo (moneda común tipo “bancor”) que organice la reabsorción de los desequilibrios de los balances comerciales en el seno de Europa.

FALSA EVIDENCIA N°10: LA CRISIS GRIEGA HA PERMITIDO FINALMENTE AVANZAR HACIA UN GOBIERNO ECONÓMICO Y UNA VERDADERA SOLIDARIDAD EUROPEA

A partir de mediados de 2009 los mercados financieros empezaron a contar con las deudas de los países europeos. Globalmente la fuerte subida de las deudas y de los déficits públicos a escala mundial no ha provocado (todavía) subidas de las tasas largas: los operadores financieros consideran que los bancos centrales mantendrán mucho tiempo las tasas monetarias reales a un nivel próximo de cero y que no hay riesgo de inflación ni de falta [de pago] de un gran país. Pero los especuladores han percibido los fallos de la organización de la zona euro. Mientras que los gobiernos de los demás países desarrollados siempre pueden ser financiados por su Banco Central, los países de la zona euro han renunciado a esta posibilidad y dependen totalmente de los mercados financieros para sus déficits. Por ello se ha podido desencadena la especulación sobre los países más frágiles de la zona: Grecia, España e Irlanda.

Las instancias europeas y los gobiernos han tardado en reaccionar al no querer dar la impresión de que los países miembro tenían derecho a un apoyo ilimitado de sus socios y querer sancionar a Grecia, culpable de haber ocultado (con ayuda de Goldman Sachs) la magnitud de sus déficits. Con todo, en mayo de 2010 el BCE y los países miembro tuvieron que crear urgentemente un Fondo de Estabilización para indicar a los mercados que aportarían este apoyo sin límites a los países amenazados. En contrapartida estos han tenido que anunciar unos programas de austeridad presupuestaria sin precedentes que los van a condenar a un retroceso de la actividad a corto plazo y a un largo periodo de recesión. Bajo la presión del FMI y de la Comisión Europea Grecia debe privatizar sus servicios públicos y España flexibilizar su mercado laboral. Del mismo modo, Francia y Alemania, que no están afectadas por la especulación, han anunciado medidas restrictivas.

Sin embargo, la demanda no es en modo alguno excesiva en Europa. La situación de las finanzas públicas es mejor que la de Estados Unidos o de Gran Bretaña, lo que deja márgenes de maniobra presupuestaria. Hay que reabsorber los desequilibrios de manera coordinada: los países excedentarios del norte y del centro de Europa deben llevar a cabo políticas expansionistas (amento de los salarios, de los gastos sociales …) para compensar las políticas restrictivas de los países del sur. Globalmente la política presupuestaria no debe ser restrictiva en la zona euro mientras que la economía no se acerque al pleno empleo a una velocidad satisfactoria.

Pero, por desgracia, hoy se han reafirmado los partidarios de las políticas presupuestarias automáticas y restrictivas en Europa. La crisis griega permite hacer olvidar los orígenes de la crisis financiera. Quienes han aceptado apoyar financieramente a los países del sur quieren imponer en contrapartida un Pacto de Estabilidad. La Comisión Europea y Alemania quieren imponer a todos los países miembro que inscriban en su Constitución el objetivo del presupuesto equilibrado, hacer que unos comités de expertos independientes vigilen la política presupuestaria. La Comisión quiere imponer a los países una larga cura de austeridad para volver a una deuda pública inferior al 60% del PIB. Si hay un avance hacia un gobierno económico es hacia un gobierno que en vez de aflojar el torno de las finanzas va a imponer la austeridad y profundizar las “reformas” estructurales en detrimento de las solidaridades sociales en cada país y entre los países.

La crisis ofrece a las elites financieras y a las tecnocracias europeas la tentación de establecer la “estrategia del choque” aprovechando la crisis para radicalizar la agenda neoliberal. Pero esta política tiene pocas posibilidades de éxito:

La disminución de los gastos públicos va a comprometer el esfuerzo necesario a escala europea para mantener los gastos del futuro (investigación, educación, política familiar), para ayudar a la industria europea a mantenerse y a invertir en los sectores del futuro (economía verde).

La crisis va a permitir imponer fuertes reducciones de los gastos sociales, objetivo incansablemente buscado por los paladines del neoliberalismo, a riesgo de comprometer la cohesión social, de reducir la demanda efectiva, de empujar a los hogares a ahorrar para su jubilación y su salud en las instituciones financieras, responsables de la crisis.

Los gobiernos y las instancias europea se niegan a organizar la armonización fiscal que permitiría la subida necesaria de los impuestos en el sector financiero, en los patrimonios importantes y en los ingresos altos.

Los países europeos instauran duraderamente unas políticas presupuestarias restrictivas que van a pesar enormemente sobre el crecimiento. Van a descender las recaudaciones fiscales. Los sueldos públicos apenas mejorarán, las ratios de deuda se degradarán, no se tranquilizará a los mercados.

Debido a la diversidad de sus culturas políticas y sociales los países europeos no han podido plegarse todos a la disciplina de hierro impuesta por el Tratado de Maastricht; no se plegarán todos al reforzamiento de éste que se está organizando actualmente. El riesgo de activar una dinámica generalizada de repliegue sobre sí mismo es real.

Para avanzar hacia un verdadero gobierno económico y una solidaridad europea proponemos debatir dos medidas:

Medida n°21: desarrollar una fiscalidad europea (tasa carbono, impuesto sobre los beneficios, …) y un verdadero presupuesto europeo para ayudar a la convergencia de las economías y tender a una igualación de las condiciones de acceso a los servicios públicos y sociales en los diversos Estados miembro sobre la base de las mejores prácticas.

Medida n°22: lanzar un vasto plan europeo, financiado por suscripción pública a tasas de interés débil pero garantizado y/o por medio de creación monetaria del BCE para emprender la reconversión ecológica de la economía europea.

CONCLUSIÓN

DEBATIR LA POLÍTICA ECONÓMICA,

TRAZAR CAMINOS PARA REFUNDAR LA UNIÓN EUROPEA

Desde hace tres décadas Europa se ha construido sobre una base tecnocrática que excluye a las poblaciones del debate de política económica. Se debe abandonar la doctrina neoliberal que descansa sobre la hipótesis hoy indefendible de la eficiencia de los mercados financieros. Hay que volver a abrir el espacio de las políticas posibles y debatir propuestas alternativas y coherentes que limiten el poder de las finanzas y organicen la armonización en el progreso de los sistemas económicos y sociales europeos. Esto supone la mutualización de importantes recursos presupuestarios, obtenidos por medio del desarrollo de una fiscalidad europea fuertemente redistributiva. También hay que liberar a los mercados del cerco de los mercados financieros. Solamente así el proyecto de construcción europea podrá esperar recuperar una legitimidad popular y democrática de la que hoy carece.

Evidentemente, no es realista esperar que 27 países decidan al mismo tiempo operar semejante ruptura en el método y los objetivos de la construcción europea. La Comunidad Económica Europea comenzó con seis países: también la refundación de la Unión Europea pasará al principio por un acuerdo entre algunos países deseosos de explorar unas vías alternativas. A medida que se hagan evidentes las consecuencias desastrosas de las políticas adoptadas hoy, aumentará por toda Europa el debate sobre las alternativas. Luchas sociales y cambios políticos intervendrán a ritmo diferente según los países. Unos gobiernos nacionales tomarán decisiones innovadoras. Quienes lo deseen deberán adoptar unas cooperaciones reforzadas para adoptar medidas audaces en materia de regulación financiera, de política fiscal o social. Por medio de unas propuestas concretas tenderán la mano a los demás pueblos para que se unan al movimiento.

Por ello nos parece importante esbozar y debatir ahora las grandes líneas de políticas económicas alternativas que harán posible esta refundación de la construcción europea.



Premiers signataires :

Philippe Askenazy (CNRS, Ecole d’économie de Paris), Thomas Coutrot (Conseil scientifique d’Attac), André Orléan (CNRS, EHESS), Henri Sterdyniak (OFCE)

Traducido gracias a:
http://www.attacmadrid.org/?p=2754
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Comentario al manifiesto:

Matizo Europa es solo una unión monetaria, que se enfoco erróneamente a ganar dimensión, en base a introducir mas países, cuando aun no había convergencia de los anteriores países que entraron.



-Cuando aun no era una unión económica y fiscal.

-Cuando aun no tenia un banco europeo industrial resultado de la unión de varios bancos nacionales

    Europa lleva mas de 10 años entre la espada y la pared, al filo de la navaja esta entre dos frentes el dólar y el yuan, entre los desequilibrios económicos que han provocado el acople de economías G-2 Usa y China.

Uno de los paises con menor concentración de poder, en Estados Unidos de América, se dan situaciones como las que siguen:


1. El uno por mil controla el 42% del sector industrial.

2. Un sector bancario en el cual el 0.4%, el cuatro por mil, controla el 48% 

3. El 3% de las aseguradoras es titular del 82% de los activos. *

   En Bruselas se fue creando un escenario perverso parecido al de Whasington, donde crecían como setas los lobbies que han influido en la deriva actual...por que algunos han utilizado su poder para direccionar a la comunidad a sus intereses particulares.


*informacion de Manu Q.