Este informe analiza el desempeño del FMI en el período previo a la crisis financiera yeconómica mundial y presenta recomendaciones para reforzar la capacidad del FMI para discernir los riesgos y vulnerabilidades y alertar a sus países miembros en el futuro.
Nos indica que el FMI proporcionó pocas señales claras de advertencia sobre los riesgos y vulnerabilidades vinculados a la crisis inminente antes de que esta estallara. El mensaje general fue de continuo optimismo tras más de una década de condiciones económicas benignas y un bajo nivel de inestabilidad macroeconómica. El FMI, en la supervisión bilateral realizada con respecto a Estados Unidos y el Reino Unido, respaldó en gran medida las políticas y las prácticas financieras que consideraba promovían la rápida innovación y el crecimiento. La creencia de que los mercados financieros eran fundamentalmente sólidos y que las grandes instituciones financieras podrían sobrellevar cualquier problema que pudiera surgir disminuyeron la necesidad de urgencia de hacer frente a los riesgos o a la preocupación por la posibilidad de serias consecuencias adversas. Tampoco se prestó la suficiente atención en la supervisión a los riesgos de contagio o propagación de una crisis en las economías avanzadas. Estas economías no fueron incluidas en los análisis de vulnerabilidad (“Vulnerability Exercise”) iniciados después de la crisis asiática, pese a las discusiones internas y a las solicitudes presentadas a tal efecto por miembros del Directorio y otros.
Algunos de los riesgos que posteriormente se materializaron fueron identificados en diferentes momentos en el informe sobre la estabilidad financiera mundial (Global Financial Stability Report), pero se presentaron en términos generales, sin una evaluación de la magnitud de los problemas, y quedaron opacados por el tono en general positivo de la evaluación global presentada. Estos riesgos no quedaron reflejados en el informe sobre las Perspectivas de la economía mundial (WEO), ni en las declaraciones públicas del FMI.
Como correspondía, el FMI destacó apropiadamente la urgencia de hacer frente a los grandes desequilibrios mundiales en cuenta corriente, que, en su opinión, creaban el riesgo de provocar una desvalorización rápida y abrupta del dólar que podría desencadenar una recesión mundial. Pero el FMI no estableció una vinculación entre estos desequilibrios y los riesgos sistémicos que se estaban acumulando en los sistemas financieros.
La capacidad del FMI para detectar riesgos y vulnerabilidades importantes y alertar a los países miembros se vio limitada por la compleja interacción de diversos factores, sobre muchos de los cuales se había alertado antes aunque no fueron atendidos cabalmente. La capacidad del FMI para identificar correctamente los crecientes riesgos se vio obstaculizada por un alto grado de pensamiento de grupo, captura intelectual, una tendencia general a pensar que era improbable una fuerte crisis financiera en las grandes economías avanzadas y enfoques analíticos inadecuados. Un débil régimen de gobierno interno, la falta de incentivos para integrar el trabajo de las distintas unidades y plantear opiniones contrarias, y un proceso de revisión que no lograba atar cabos o asegurar que se siguieran todos los pasos necesarios también jugaron un papel importante, en tanto que las limitaciones políticas posiblemente también hayan influido en cierta medida.
Anexo 2. Factores que
contribuyeron a la crisis según el personal técnico del FMI
Este anexo está
extraído del propio análisis ex-post del FMI. Según el personal técnico delFMI,
los siguientes factores contribuyeron a la crisis35:
-Fuerzas
macroeconómicas: Un largo período de alto
crecimiento, bajas tasas de interés real,y una volatilidad limitada propiciaron
un excesivo optimismo sobre el futuro, el aumento de los precios de los activos
y el apalancamiento, así como la búsqueda de rentabilidad,subestimando los
riesgos.
Política monetaria: Las tasas de interés de
corto plazo eran bajas, lo que reflejaba
una política monetaria acomodaticia. Los bancos
centrales y los reguladores
financieros centraron su atención principalmente
en la inflación y la actividad
agregada, y de ese modo no prestaron suficiente
atención a la acumulación de riesgos
sistémicos asociados con los rápidos aumentos de
precios de los activos
(especialmente en los mercados de vivienda) y
con el creciente apalancamiento.
Desequilibrios mundiales: Estos
también jugaron un papel en la acumulación de
riesgos sistémicos. El alto nivel de ahorro en
Asia y en los países con superávit
petrolero tuvo como contrapartida una gran
afluencia de capitales a Estados Unidos y
Europa. Esto contribuyó a las bajas tasas de
interés de largo plazo y apuntaló el
aumento de precios de los activos, el
apalancamiento, la búsqueda de rentabilidad y la
correspondiente creación de activos más
riesgosos.
Arquitectura mundial: El sistema fragmentado de supervisión agravó la incapacidad de detectar
vulnerabilidades/ riesgos crecientes. La coordinación y colaboración
multilateral carecían del liderazgo suficiente para lograr la reacción
necesaria ante los riesgos sistémicos.
En materia de regulación financiera, no existían
reglas ex ante con respecto a los casos de quiebras transnacionales o a la
distribución de la carga. Dada la ausencia de un seguro general de liquidez, la
respuesta internacional ante el congelamiento de los mercados interbancarios de
todo el mundo fue inadecuada.
Sistema financiero: Las nuevas estructuras y los nuevos instrumentos eran más
riesgosos de lo que parecían. La suposición de que estos instrumentos
dispersaban el riesgo bancario ignoraba el hecho más importante de que el riesgo
seguía estando concentrado en las entidades vinculadas al núcleo del sistema
bancario. La disciplina de mercado fracasó ante el optimismo reinante, la
función de mantener la debida diligencia fue delegada a las agencias calificadoras
del riesgo crediticio, y el sistema de remuneraciones del sector financiero, basado
en las ganancias a corto plazo, estimuló la asunción de riesgos.
Perímetro regulatorio: En Estados Unidos, un
sistema bancario paralelo, poco
regulado y generalmente no supervisado, había
logrado igualar en tamaño al sistema
bancario formal. Los bancos evadían los
requisitos de capital trasladando los riesgos a
sus filiales del sistema bancario paralelo. La
regulación no estaba equipada para
advertir la concentración de riesgos y los
incentivos viciados que impulsaban el auge
de la innovación financiera. Había deficiencias
en la supervisión consolidada y las
normas de suscripción.
Disciplina de mercado: La debida diligencia—para
evaluar la solidez de las
contrapartes y las garantías—fracasó. La
supervisión y regulación crearon incentivos
para que se dependiera excesivamente de las
calificaciones crediticias, que a su vez
estaban basadas en metodologías deficientes e
inapropiadas para aplicarlas a
productos estructurados complejos y, por ello,
no lograron detectar los riesgos. Las
agencias calificadoras del riesgo crediticio
también estaban sujetas a conflictos de
interés. La disciplina de mercado fue erosionada
por la característica de “demasiado
grande para quebrar” de las instituciones más
grandes e interconectadas. La
complejidad y opacidad de los instrumentos de
crédito estructurado socavaron la
disciplina de mercado. En muchas instituciones
financieras, las prácticas de gestión
del riesgo, basadas una capacidad de evaluación
y un marco administrativo poco
sólidos, eran deficientes: los modelos de
gestión del riesgo eran utilizados por
personas cuya capacidad de evaluación era mediocres,
y a veces la alta gerencia
ignoraba o subestimaba las advertencias
formuladas por los gestores de riesgos.
Prociclicidad: Una constelación de
prácticas regulatorias, el tratamiento contable (a
valor razonable) de los productos estructurados,
las calificaciones y los incentivos
amplificaron el auge del crédito y exacerbaron
la turbulencia del mercado. Algunas
iniciativas regulatorias recientes (tales como
Basilea II) también pueden haber
intensificado el comportamiento procíclico.
Carencias de información: La
información financiera era insuficiente, por lo que se
subestimaban los riesgos de las entidades que
proporcionaban dicha información.
Había grandes lagunas en los datos de que
disponían los reguladores y los mercados y
en la comprensión de los riesgos subyacentes.
Esta carencia de información afectaba
especialmente a los riesgos inherentes a los
productos estructurados complejos, el
grado de apalancamiento y concentración de
riesgos en instituciones financieras de
importancia sistémica, la dificultad de evaluar
los riesgos de liquidez y de
contraparte, así como los riesgos incluidos en
el balance y los vínculos con los no
incluidos en el balance. Los defectos de los
modelos y prácticas de valoración
también jugaron un papel.
Gestión de la crisis: Las diferencias entre los
marcos de liquidez de emergencia de
los distintos países y las deficiencias de los
marcos de gestión de crisis, incluidas las
garantías de depósitos, incidieron en la
propagación de la crisis.
Sobre los problemas de
organización:
A menudo se citaba la alta rotación del personal de los equipos de
las misiones. Esto
implicaba una considerable pérdida de
conocimientos sobre el país y una constante
capacitación de nuevos miembros de las misiones
para comprender la coyuntura,
historia y cultura de un país, todo lo cual es
muy importante para formular un
asesoramiento relevante sobre políticas
económicas y ganarse la atención de las
autoridades nacionales.
El problema de la rotación del personal se agravó por la
reestructuración del FMI, quefue llevada a cabo precisamente cuando se estaba
desatando la crisis. En algunos
casos, la reestructuración dio lugar a que los
equipos de algunas misiones rotaran la
totalidad de sus integrantes o incluso
transcurrieran períodos sin jefe de misión.
Por último, el problema de carácter más general de la
insuficiencia de personal
también se reflejó en la muy escasa frecuencia
de las actualizaciones de los FSAP. Un
seguimiento más continuo de los problemas del
sector financiero podría haber puesto
en evidencia los problemas mucho antes.
Los encuestados
también plantearon algunas cuestiones que podrían interpretarse
como que presentaban
aspectos tanto positivos como negativos con respecto al
desempeño del FMI:
Casi todo el mundo considera que el FMI debe mantener un delicado equilibrio
entre la
necesidad de señalar los riesgos de una crisis y el riesgo de precipitar esa
crisis. Por esta razón, los mensajes más difíciles a veces deben ser
comunicados a las
autoridades en privado y verbalmente. Sin
embargo, hubo casos en que las
autoridades receptoras de dichos mensajes
admitieron que no recordaban lo que se
había dicho, porque los únicos comentarios
documentados de la misión figuraban en
el informe final.
Muchas de las autoridades coincidieron en que los equipos de las
misiones del FMI
señalaban claramente las vulnerabilidades y los
riesgos internos… pero agregaron que
los mismos resultaban obvios para todo el mundo.
Por último, si bien los informes WEO y el GFSR40 señalaron muchos de los riesgos y
las vulnerabilidades pertinentes y en general
gozaban de alta estima, las autoridades
no notaron ninguna advertencia con respecto a la
inminencia de una crisis. Esto fue
atribuido en gran medida al optimismo general de los mensajes globales que
tipificaban a estos documentos en el período
previo a la crisis.
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Recomiendo
leer todo el informe de la
Oficina de Evaluación Independiente (OEI), que controla la
labor del Fondo Monetario Internacional, ademas del Anexo 6: Informes anteriores a la crisis Conclusiones/recomendaciones
de anteriores informes y evaluaciones (informes anteriores del 1995-2005
preveían la crisis actual) y del Anexo 2 ex-post. Factores que contribuyeron a la crisis.
-Desempeño
del FMI en el período previo a la crisis financiera y económica.
La
supervisión del FMI entre 2004-07 -10 de enero de 2011-
http://imf-
ieo.org/eval/complete/pdf/01102011/Crisis_Main_Report_SPANISH.pdf
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