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viernes, 18 de febrero de 2011

El inesperado forofo de España y los agoreros “que mean fuera del tiesto”, S. McCoy El Confidencial


España no va a ser rescatada. Al menos financieramente hablando. Lo hemos apuntado por activa y por pasiva. Un fenómeno de dicha envergadura traería tras de sí la inevitable ruptura del euro. Son muchos, demasiados los fondos que habría que comprometer en una decisión de enorme calado político y final incierto. No sólo eso. Nada impediría que la sucesiva caída de piezas del dominó se detuviera en nuestro país. Después vendría Bélgica y, tal vez, Italia. El corazón de la Unión quedaría herido de muerte. Eso no quita que esté de facto intervenida, como prueba el giro de la política económica y social de Zapatero desde los críticos primeros días de mayo de 2010. Como ha quedado suficientemente demostrado, no somos dueños de nuestra agenda. Para bien, impone disciplina y acelera reformas, y para mal, son otros los que marcan los tiempos.
A esa percepción general se une la ausencia de un catalizador específico justifique el aterrizaje de terceros en la economía española a día de hoy, pese a sus elevadas necesidades de refinanciación tanto bancaria como de la deuda soberana. La recaudación fiscal progresa adecuadamente y las entidades cuentan con activos en balance que podrían descontar en el BCE siempre y cuando éste mantenga su ventana de liquidez al 1%. Quizá el elemento de mayor vulnerabilidad sean las finanzas regionales y locales. Si algo nos ha enseñado recientemente Cataluña es que los cambios de gobierno, cuando se producen, y los finales de los procesos electorales, si hay continuidad en la gestión, suelen venir acompañados de un terrible ejercicio de realismo financiero, bien para echar la culpa al antecesor en el cargo, bien para aprovechar la distancia temporal hasta la siguiente elección, que la memoria ciudadana es muy corta. Aún con eso, lo más lógico es que tengamos unos meses de sobresaltos por delante, pero no de pánico. Esperemos.
Uno de los que sorprendentemente se ha unido al club de los optimistas es el corresponsal económico del The Telegraph, Ambrose Evans-Pritchard. Un articulista muy seguido en el mundo anglosajón que no es que sea apocalíptico, sino lo siguiente. Recuerda a veces por su catastrofismo al Paul Farrell de Market Watch. Pues bien, tras una visita por España, y más en concreto por el País Vasco, acaba de publicar, con escasa diferencia de unos días, un par de artículos en los que ensalza el modelo exportador español en general y de la cooperativa Mondragón en particular. Tal ha sido su convencimiento de que salimos adelante por nuestros propios medios que concluye la primera de sus piezas, titulada “Las exportaciones salvarán a España y, tal vez, al euro” con una de sus características frases lapidarias: “aquellos que todavía piensen que será España quien provoque la ruptura del euro están meando fuera del tiesto”, Más claro, agua.
Para llegar a tal conclusión, Evans-Pritchard se basa en un dato de partida: España ha mantenido su cuota exportadora mundial durante la crisis, a diferencia de Francia, Italia, Reino Unido, Estados Unidos o Japón que han visto reducida su participación. Y no lo ha hecho “vendiendo naranjas o aceitunas”, sino gracias, agárrense a la silla, a una especialización tecnológica que hace que sus ventas foráneas sean las menos sensibles a precio de toda la Eurozona, dato que toma de un estudio de Goldman Sachs. Imagino que se acaban de quedar como yo. Boquiabiertos. No sólo eso, tras entrevistarse con responsables de Indra, ITP o ZED concluye que España la competitividad española es mayor que la del norte de Europa. Y afirma sin rubor que nuestro país ha recuperado el espíritu creador del siglo XIV, “cuando era la sociedad más dinámica sobre la faz de la tierra”. La fe del converso. Pena que lo estropee al afirmar, “quizá el Rioja se me ha subido a la cabeza”. Pues, en ciertos aspectos, va a ser que sí.
No en vano, en el segundo de los reportajes, el dedicado a Mondragón como modelo de cooperativa a imitar, se mete de lleno en el charco político al aludir a la nación vasca, su diáspora poblacional y su diferenciación genética, al más puro estilo Arzallus. No me extenderé sobre él para no alentar polémicas estériles que escapan al contenido de este post. Ahí lo tienen, en el enlace. Lo importante, al final, es que alguien que viene de fuera y que tiene un perfil tan crítico como el de este autor es capaz de ver, por encima de las ramas de la desazón y las dudas que nos rodean, un bosque de cosas positivas en las que se puede apoyar España para salir de la crisis actual. Un cúmulo de modelos de negocio a imitar o de realidades estadísticas que alejan a nuestro país de la condena apriorística que, sobre él, tan alegremente se ha realizado. Una puerta a la esperanza abierta por un forofo inesperado que, además, tiene influencia en la percepción extranjera de lo que pasa por aquí. Ojalá tenga razón