Andrei Shleifer, catedrático de Economía en Harvard; medalla John Bates Clark
Lo que vemos en Grecia es un escandaloso divorcio entre la realidad y la política.
¿Cuál es la realidad?
Que Grecia está en bancarrota y, lo peor, sin perspectivas de crecimiento.
Hasta ahí lo sabíamos.
El otro problema es que el BCE también está en bancarrota precisamente porque puso demasiado dinero en Grecia.
¿Decir "bancarrota" no es exagerar?
Tal vez imprima más dinero, pero está en bancarrota: el problema de
fondo es que Grecia no tiene modo de crecer, porque no fabrica, luego no
tiene nada que exportar.
Tiene turismo.
Está Turquía al lado con la misma oferta a mitad de precio.
¿Por qué se le prestó tanto a Grecia si ya se veía que no podría devolverlo?
La Unión Monetaria Europea no era sólo un acuerdo para la moneda
única, sino unos compromisos resumibles en uno: que ningún Estado gaste
más de lo que podrá pagar.
¿Qué pasó?
Pues imagínese a un niño al que se le deja de repente la Visa de papá
y se va por la ciudad de compras: evidentemente todos quieren venderle
algo.
¿Es culpa de los padres que dejan la Visa a su alcance o del niño?
El griego hizo lo que haría cualquier niño y se beneficiaron de él
todo tipo de vendedores alemanes y franceses y de todas partes.
Ya.
España abusó de la misma Visa del euro, pero se dedicó a comprar
pisos con ayuda de su banca. Ahora nadie quiere dar el dinero por
perdido en Grecia y asistimos al forcejeo. Pero no se trata de buscar
culpables...
¿Qué espera usted que suceda?
Que, por mucho que se renegocie la deuda, como Grecia no puede crecer, seguirá estancada durante años... Tal vez una década.
¿No hay solución?
Nadie se resigna a la solución real: que los griegos se reduzcan
masivamente los salarios para empezar. Y eso es imprescindible pero no
suficiente: Grecia necesita, además y sobre todo, una estrategia de
crecimiento.
¿Y cómo se crece?
Trabajando y produciendo y ahorrando hasta ganar más de lo que gastas.
¿Puede ser más específico?
Mire a Europa del Este: todo es cuestión de precio. Se invierte en
Eslovaquia o Polonia porque allí trabajan por menos. Si los griegos
convencieran a los inversores extranjeros de que iban a aceptar esas
fábricas y trabajar en ellas más y mejor por menos salario, pues las
inversiones serían para ellos.
Crudo y directo.
Y ahí es donde España es diferente: por un lado España tiene reformas
pendientes, entre otras liberalizar uno de los mercados laborales más
regulados del mundo. Pero también hay buenas noticias...
¡Adelante!
El consenso considera que España puede crecer. Es un gran exportador.
La gente quiere estar aquí en España; hacer cosas aquí y exportar desde
aquí. Lo que tienen que hacer ustedes es diseñar una estrategia para
poder crecer más y más rápido.
¿Podemos arreglar el motor?
Ustedes, sí, pero Grecia no, porque no tiene. Europa puede socializar
la deuda griega, pero no servirá de nada si Grecia no consigue diseñar
esa estrategia para crecer.
¿Y si no la encuentran?
Es como si los padres pagaran los recibos de la Visa, pero la siguen
dejando al niño. Es necesario que los niños maduren y ahorren y se
paguen sus gastos trabajando. Si no, volveremos a perder tiempo y otro
dineral.
¿Los recortes no reducen empleo y crecimiento y eso trae más recortes?
No es cierto. Mire España: hay un paro enorme y al mismo tiempo
empleo reprimido: hay empresas que contratarían para crecer más, pero no
crean empleo por exceso de regulación. Si desregulan su mercado de
trabajo, surgirán miles de empleos en servicios, donde los jóvenes
pueden trabajar.
Empleos mal pagados y precarios.
Mejor que estar acampados en las calles. Porque los otros empleos, los de alto valor añadido se crean con o sin regulación.
Eso es desproteger al empleado débil.
Falso mantra de la izquierda. Es el exceso regulatorio el que deja
sin empleo al débil.Proteger al débil es un deber de cualquier sociedad
civilizada, pero se le puede proteger de muchas formas. Los países
escandinavos apenas tienen regulado su mercado de trabajo y en cambio
protegen muchísimo a sus ciudadanos. Un joven sueco puede tener un
empleo no tan bien pagado, pero gozar de buenos servicios públicos. Y ya
sabrá que Suecia tiene un paro muy bajo.
¿Aboga por el despido libre?
Creo que tienen ustedes que construir un consenso social sobre la
flexibilidad laboral. El empresario debe poder emplear y despedir con
flexibilidad para lograr mayor eficacia, pero eso no significa que la
sociedad deje al empleado sin protección: se puede repartir la
prosperidad a través de los impuestos y el Estado de bienestar.
¿Cómo ve el resto del planeta?
Hace veinte años los países en desarrollo, en Asia y parte de
Latinoamérica, decidieron adoptar la economía libre de mercado y, desde
entonces, crecen sin cesar. Hoy les llamamos emergentes y lo son hasta
el punto de que el modo de crecer para Occidente –como bien saben los
alemanes– es exportarles productos de calidad.
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