traductor

lunes, 16 de abril de 2012

¿Qué quiere Alemania?


El gigante de la eurozona se muestra cauteloso e impone condiciones al continente

fuente :RAMON AYMERICH | BERLÍN / FRANKFURT

Es una tarde soleada de marzo, sin apenas nubes. Berlín se encuentra bajo la tiranía del anticiclón y los berlineses aprovechan para ir en bicicleta, pasear al perro o improvisar un picnic a orillas del Spree a su paso por el distrito de Moabit. La crisis parece una realidad lejana aquí, en la capital de la primera economía de Europa. La oficina estadística acaba de anunciar que el desempleo ha caído al 6,7%, la tasa más baja desde la reunificación alemana, en 1990. Y, más sorprendente todavía, ¡el consumo ha repuntado y tirará casi por entero de laeconomía en lo que queda de año! Alemania es hoy la primera exportadora mundial, la cuarta economía del mundo. El acentuado declive de Francia la ha convertido en la única potencia capaz de sacar a Europa de la crisis del euro, la misma que está devastando los países de la periferia sur, inmersos en una espiral deflacionista de recortes y subidas de impuestos que, paradójicamente, ella misma promueve.
Llegados hasta aquí, las preguntas que todo el mundo se hace son: ¿cuál es el sentido exacto de ese compromiso europeo? ¿Hasta dónde está dispuesta a sacrificarse Alemania para salvar al euro? ¿Se pondrá a la cabeza de Europa? O, como afirman algunos aquí en Berlín, ¿Europa y Alemania empiezan ya a ser una misma cosa?
Las prevenciones son lógicas. Alemania perdió un tiempo valioso en decidirse a acudir al primer rescate financiero de Grecia, en el 2010. En aquellos meses, Alemania dio muestras de desinterés por Europa y en Bruselas se empezó a temer que Alemania se comportara como otro BRIC más, con la vista puesta en su expansión hacia el Este. Sin embargo, la progresiva implicación germana en el desarrollo de la crisis habría devuelto a Alemania al redil europeo...
“Alemania ya lidera Europa. Se puede decir que tomó esa decisión en agosto del 2011. En julio, Italia estuvo a punto de ser intervenida por la inacción de Berlusconi. Y Alemania supo en aquel momento que tenía que tomar el liderazgo, porque nadie más iba a hacerlo”, razona Ulrike Guerot, politóloga, directora del European Council of Foreign Relations y buena conocedora de esta sociedad, tan escrutada como poco conocida en el exterior. “Por primera vez en la historia, los alemanes han decidido hacerse europeos y dejar a un lado el romanticismo... La élite neoconservadora que gobierna este país ha maniobrado para evitar la aparición de grupos antiinmigración y antieuro. Se ha interrogado a sí misma sobre su papel en Europa y sobre los cambios a que obligan la competencia de China y el envejecimiento de la sociedad. Y ha sacado sus conclusiones”.
El ancla de esa reflexión, concluye esta mujer, ha sido el pacto fiscal que ha impuesto Angela Merkel a sus socios europeos y que el Bundestag deberá aprobar en mayo. “Es con ese compendio de normas y sanciones que Alemania empieza a sentirse cómoda en su papel”.
Quien mejor describe la asombrosa performance de la economía germana en los últimos veinte años es Volker Treier, responsable internacional de las cámaras alemanas, la DIHK. Financiadas en una parte (35%) por la administración, presentes en 84 países –en Barcelona y en Madrid también– constituyen el sistema nervioso de esa presencia industrial en el mundo.
Treier habla de los logros recientes, del aumento de la cuota industrial, de las exportaciones ganadas “sin subvenciones” (en una nada disimulada alusión a Francia), de la caída del desempleo de cinco a tres millones, de la moderación salarial que goza este país desde el 2000... “La señora Lagarde, directora del FMI, dice que tenemos que elevar los salarios de nuestros trabajadores para aumentar el consumo y con ello las importaciones –guarda un largo silencio para después impostar la voz–. ¡Pero lo que sucede cuando aumentamos los salarios es que volvemos a esos cinco millones de parados!”.
Sólo una cosa perturba el discurso triunfalista de Treier, la financiación empresarial. “Nuestras empresas son bastante grandes para salir al exterior, pero no lo suficiente para financiarse... Cuando los españoles de ACS se hicieron con la constructora Hochtief, tuvimos discusiones muy serias sobre lo que había que hacer. ACS estaba bien financiada, Hochtief no...”. La pérdida de Hochtief es una espina clavada en el orgullo germano. “Cuando E.ON quiso quedarse con Endesa –explica un alto funcionario del Ministerio de Industria–, España reaccionó de una manera nacionalista. Hizo todo lo posible para evitarlo. En cambio, cuando Hochtief vino a nosotros a pedirnos ayudas, se la negamos. Somos una sociedad abierta”.
Los logros alemanes están en las cifras. Pero también en la calle, en el paisaje berlinés. Walter Gropius, Alvar Aalto u Oskar Niemayer pusieron lo mejor de su arquitectura para rehacer el Berlín derruido por los bombardeos aliados. El objetivo era transformarlo en el escaparate de Occidente frente a la Alemania proletaria de Erich Honecker y Erich Mielke (últimos huéspedes de la prisión de Moabit).
Medio siglo después, caído el Muro, Renzo Piano, Norman Foster y Jean Nouvel, entre otros, hicieron lo propio con el inmenso solar de la Podtsamer Platz, transformado en el corazón de la nueva capital de Europa, con una Friedrichstrasse revigorizada y convertida en la milla de oro comercial alemana (pese a la resistencia de otra gran arteria berlinesa, la Kurfürstendamm). Nada parece quedar del trauma de la vieja división alemana. Sí, en cambio, el orgullo de haber rescatado de la quiebra a la esclerotizada República Democrática Alemana y de haber aupado a las altas instituciones del Estado a dos personas formadas en el Este: la canciller Angela Merkel, hija de pastor luterano, y el nuevo presidente alemán, Joachim Gauck, también él pastor luterano.
El economista Treier asegura que “este es un momento óptimo para Alemania, estar en la zona euro nos hace más competitivos, imagínense ustedes dónde estaría hoy el deutsche mark con unas exportaciones tan fuertes”. Es la opinión de la industria. El mundo de la política se siente más a la defensiva cuando se le interroga por Europa. Acostumbrada históricamente a un voluntario y discreto segundo plano, Alemania ha sido catapultada a primera línea en los medios de comunicación y condenada al papel de policía malo, consciente de la hostilidad que su política despierta en los países del Sur.
En la calle, ese malestar por las críticas exteriores se expresa a veces de manera vociferante a través de diarios sensacionalistas como el Bild. “Europa es una idea bien aceptada entre los alemanes, pero no el euro, el euro nunca ha sido popular, y menos tras la crisis financiera”, justifica un alto funcionario de Exteriores que quiere mantener su anonimato. El consenso entre la clase política alemana es mucho más amplio de lo que se percibe en el exterior, más propio de países pequeños que de este gigante poblado por más de 80 millones de personas. Tanto los socialcristianos de la CDU y su asociada bávara la CSU, como el SPD, los liberales del FDP y los Verdes, e incluso los sindicatos –con una considerable cuota de poder gracias a las políticas de concertación en la industria– comparten los ejes básicos de la política alemana en relación con Europa. Con algún matiz del SPD, para quien “el pacto fiscal debe acompañarse de otras medidas” pero que, no obstante, rechaza combatir la crisis con políticas de expansión monetarias keynesianas. Sólo un partido queda al margen de ese consenso, Die Linke, la izquierda poscomunista, que rechaza “las políticas de austeridad porque provocan sufrimiento y no mejoran la vida de la gente”. Pero aun así, se mueve en la periferia del acuerdo.
“Entendemos la hostilidad que se respira en las manifestaciones en Atenas o en Roma. Aquí también tenemos nuestras minorías en la CSU o la FDP que han pedido la expulsión de Grecia del euro. Pero no podemos quedarnos en las respuestas emocionales. La gran mayoría, en uno y otro lado, aceptan que este es el camino que seguir para resolver la crisis”, asegura un político de la CDU entrevistado en el inmenso hall del Bundestag, edificio que más que un Parlamento asemeja una exhibición de tecnología alemana. Para él, como para la mayor parte de parlamentarios consultados, cuanto más se involucra Alemania en la marcha de Europa, más deben responder ante su opinión pública. “Los alemanes quieren saber qué se hace con su dinero, quieren verificar que se utiliza para proyectos concretos”.
Y se irritan cuando se les inquiere por su tacañería a la hora de aportar fondos. “Ustedes no saben hacer otra cosa que preguntar por los fondos de rescate... Deben comprender que la liquidez sólo permite ganar tiempo. Y esa no es buena política. Cada vez que los mercados financieros recobran la calma, los gobiernos se relajan y evitan hacer las reformas dolorosas e impopulares que hay que tomar. Pero son necesarias”.
La politóloga Guerot coincide en ese diagnóstico. “No somos monstruos sedientos de sangre –bromea–. Todo es mucho más simple. Alemania cree en su modelo, quizá menos solidario que el francés, con menos sector público, pero es así como ve el mundo”. De ahí, entonces, el pacto fiscal: una forma de hacer probar a los socios de la periferia europea la misma medicina que Alemania se autoadministró en la segunda mitad de los noventa y que culminó con las impopulares reformas impulsadas por un canciller socialdemócrata, Gerhard Schröder.
Cada vez que se menciona a Alemania, se piensa en la economía social de mercado, plasmada en parte por la CDU de Ludwig Erhard en los años 50 y 60 del siglo pasado. Pero en Alemania no abundan los keynesianos. En cambio, hay una legión de economistas formados al calor del ordoliberalismo, una corriente autóctona del pensamiento liberal distante del anglosajón en lo que toca a las finanzas y el papel del Estado, pero igualmente deudor de las teorías de la oferta. La CDU ya reclamó la independencia del banco central en los años 50, se opuso siempre a la implantación del salario mínimo y empezó a poner orden en el sector público en la década de los 90.
Alemania culmina ahora dos décadas de crecimiento, pero es una sociedad más desigual que en los 70, con los ingresos de la clase media estancados y con millones de personas empleadas en los minijobs, empleos precarios con salarios muy reducidos, seguramente la apuesta de política económica más discutible de entre las surgidas en los últimos años en este país.
“Se habla mucho de la hiperinflación en la República de Weimar para justificar la actual posición alemana, su obsesión por la estabilidad. En realidad esa posición descansa en la visión liberal hegemónica en Alemania”, sostiene Guerot. Para Alemania, las causas de la crisis del euro no están el diseño de la propia Unión, sino en la indisciplina fiscal de los países de la periferia del euro.
“Nosotros sólo queremos cumplir con Maastricht”, resume un alto funcionario del Ministerio de Economía. Y cuando dice eso, dice exactamente cumplir las severas reglas del tratado firmado en 1992. Las mismas que Alemania pudo aprobar a cambio de sacrificar el deutsche mark. Las mismas severas reglas que ellos mismos vulneraron en los malos tiempos. Las mismas que ahora consideran de obligado cumplimiento.
Las convicciones alemanas afloran cuando se habla del Banco Central Europeo (BCE), la institución que despierta ahora mismo más intranquilidad en Alemania. “No podemos criticar al BCE, pero a título personal no comparto sus actuaciones”, asegura un funcionario. “No puedo decir nada del BCE, pero debe saber que su actuación está fuera de la ley”, apunta otro. El no censurar de forma abierta al BCE para instantes después criticarlo en privado es una constante de la élite política alemana.
El BCE se percibe como una intrusión europea –de la mala Europa, la que gasta y ha perdido la virtud del ahorro– en el corazón alemán. Y su presidente, Mario Draghi, “el más charmant de los presidentes de bancos centrales” como lo califica con sorna y cierto desdén un parlamentario, parece la encarnación del diablo.
Las relaciones entre el BCE y el Bundesbank llegaron a su peor momento en la etapa final del mandato del francés Jean-Claude Trichet, cuando su política fue abiertamente criticada por el entonces presidente del Bundesbank, Axel Weber. Se abrió entonces una fase de inestabilidad que culminó con la dimisión del economista jefe del banco, Jürgen Stark, en septiembre del 2011. Weber y Stark, considerados dos halcones de la política monetaria, se enfrentaron abiertamente a la política de compras de bonos de países periféricos, destinada a mejorar las condiciones de financiación de esos países y suavizar la travesía del desierto. Weber, que en algunos momentos acarició la idea de optar a presidir el BCE, marchó finalmente al sector privado en julio del 2011 y fichó por UBS.
La llegada del italiano Mario Draghi no ha mejorado exactamente las cosas. Todo lo contrario. Las dos últimas inyecciones de liquidez a la banca europea –casi un billón de euros– a tres años y a un interés del 1% son vistas como las causantes de algunos de los (pocos) males que hoy sacuden a Alemania.
“El BCE es una institución joven, que ha tenido que aprender a moverse en tiempos de crisis. Lo hicimos en los días que siguieron a la quiebra de Lehman Brothers, en el 2008, y lo hemos vuelto a hacer a partir de enero del 2010, con la crisis griega –dice el belga Paul Mercier, alto funcionario del banco, que dirige las operaciones de mercado–. “Mucha gente no entiende nuestra política. Y hay que repetirla para explicar que nunca hemos querido intervenir en países concretos. Hemos actuado para garantizar el buen funcionamiento del mercado interbancario, para que el crédito fluya. Esa es nuestra misión”. Y añade: “Es cierto, como algunos critican, que nuestro balance se ha vuelto muy voluminoso. Es lo que ocurre cuando el mercado interbancario tiene problemas, que los bancos depositan aquí sus pasivos y, a la inversa también, los bancos nos piden prestado a nosotros porque el resto de las entidades no les financian”.
No todo el mundo se contiene a la hora de criticar al BCE. Hans Werner Sinn, el presidente del Ifo, el poderoso think tank con sede en Munich, lleva meses cargando contra el banco que dirige Mario Draghi por entender que su política no hace más que incrementar el riesgo de desequilibrios en la zona euro.
Pero el mayor opositor del BCE se encuentra a sólo unos kilómetros, en la propia Frankfurt. Ciudad de bancos y banqueros, de grandes esculturas y de amplios parques, el centro de la ciudad cobija al BCE, en una altísima torre de leves aires bruselenses. El Bundesbank tiene su sede en las afueras, en una zona de parques que refuerzan la severidad del edificio que ocupa su sede. Desde las plantas superiores de ese edificio, con el skyline de Frankfurt al fondo, es fácil dejarse llevar por el tópico y sentirse tan poderoso como el nombre del banco puede sugerir.
El Bundesbank, presidido ahora por un ex consejero de la canciller, Jens Weidmann, lleva mal su pérdida de influencia en el seno del BCE. “La inflación siempre es una amenaza”, masculla Andreas Dombret a modo de saludo, nada más iniciar su encuentro con los periodistas. Este hombre, miembro del comité ejecutivo del banco central alemán, se reúne con un grupo de periodistas europeos para anunciar que se va a endurecer la vigilancia del sistema bancario alemán ante la aparición de noticias inquietantes sobre el inicio de burbujas inmobiliarias en ciudades como Berlín, Hamburgo o Munich.
El Bundesbank ha convencido a Angela Merkel para que apruebe un proyecto de ley que concederá al banco nuevos instrumentos “macroprudenciales” que le permitirán matar de raíz cualquier crecimiento excesivo del crédito. Y, por supuesto, cualquier atisbo de burbuja en el sector inmobiliario. Los precios inmobiliarios se incrementaron un 5,6% en el 2011 después de una década de estancamiento. En ciudades como Munich o Berlín, esa cifra es incluso más alta.
Curiosamente, la clase política habla ya abiertamente de burbuja inmobiliaria, mientras que el Bundesbank todavía rechaza ese término. Los nuevos instrumentos de que dispondrá el Bundesbank implican la imposición de topes a la concesión de créditos e, incluso, el incremento de provisiones a las entidades que más prestan. Los referentes más próximos a este tipo de políticas hay que buscarlos en Hong Kong y otros países asiáticos. Excusa decir que se trata de políticas nada ortodoxas (de nuevo el ordoliberalismo que asoma la cabeza) y son una manera de sortear la política de liquidez del BCE, a la que consideran responsable de esta incipiente burbuja.
El Bundesbank no quiere repetir los errores que cometieron los bancos centrales de España e Irlanda, que no supieron contener la burbuja inmobiliaria a tiempo”, dice Bernhard Speyer, jefe de Deutsche Bank Research. Speyer acaba de exponer sus previsiones, que apuntan a una década de estancamiento en la mayor parte de países europeos en los que la única brizna de crecimiento que se percibe son las exportaciones...
Pero para que países como España (a la cabeza en el ritmo de aumento de ventas al exterior) puedan suavizar los rigores del ajuste, alguien debe incrementar sus importaciones y su consumo. Y ese alguien es Alemania. Es lo que reclaman Paul Krugman desde las páginas del The New York Times o Martin Wolf desde el Financial Times. Para ambos, nada mejor que una dosis de inflación para engrasar ese tirón del consumo en Alemania. Pero esa opción puede ser excesiva para la nueva “supremacía protestante” que gobierna Alemania (la caracterización es de Joschka Fischer, ex ministro de Exteriores germano). Una caracterización que entronca con las ya conocidas críticas de Krugman, que ve la política alemana presa de los imperativos categóricos, es decir, de la fidelidad a las reglas por encima de un pragmatismo que él considera necesario en tiempos de crisis.
Las políticas de austeridad dañan al crecimiento –admite Ferdinand Fichtner, jefe del departamento de previsiones de DIW, un think tank berlinés también financiado en parte por la administración–, pero son una señal dirigida a los mercados para que estos recuperen la confianza. El crecimiento negativo puede ser bueno en ocasiones, porque es la única manera de acabar con los desequilibrios”. Instantes después añade, y mide mucho sus palabras: “Yo creo que si ahora mismo nos reuniéramos los economistas alemanes habría cierto consenso en torno a que una subida salarial del 3% en los salarios sería aceptable. Parece un alza razonable, que se corresponde con el fin del ajuste que se inició con la reunificación”.
IG Metall en la industria y Verdi en los servicios reclaman subidas salariales próximas al 6% en el sector privado. Pero no parece que eso vaya a convencer a Dombret y los otros miembros del comité ejecutivo del Bundesbank. ¿Es la política de férrea disciplina de Alemania y su apego a las reglas la que salvará a Europa? ¿O son las inyecciones de liquidez del BCE lo que ha impedido, hasta ahora, que el euro salte por los aires? Alemania está convencida de lo primero, de la virtud de su política. Esperemos que acierte en ello. Porque tampoco existe un plan B.
Comentario:
Para entender el dilema Alemán, la "salida" de Europa...las relaciones acción -reacción del resto de economías hay que leer los artículos anteriores de este blog, en especial los  cinco  ultimos.
Dicen..."las causas de la crisis del euro no están el diseño de la propia Unión" cuando todos sabemos que precisamente esta es la primera causa, un mal diseño, es solo una unión monetaria no es una union económica y fiscal como EEUU, no es un estado federal como USA, con federalismo fiscal, estos temas estan bien explicados en los libros de economía de hace 15 años.
El texto no explica, que Alemania jugo a dos cartas (estado-nación para los temas, sus bancos, sus empresas, su geoeconomia-geoestrategica y la Unión europea para otros temas, amplio mercado donde dar crédito via células hipotecarias, su interbancario de Frankfurt y sumar y sumar mas países que no convergían en Europa para poder colocar / vender sus productos), ahora si ahora parece que si le interesa disciplina fiscal, y mas unión europea, pero no hace unos 20 años en plena reunificación y ajuste de su economía.
Los intereses de Alemania son mantener un paro bajo, si aumenta su demanda interior, aumentan sus sueldos, y claro crece su paro, tienen claro su ordoliberalimos-economía social de mercado,  su co-gestion alemana, su control de precios....su control de inflación, y por otra parte querían mas países, mas mercado, poco importaba la convergencia real, asi dirigir su geoeconomia hacia nuevas inversiones al Este, y ahora estableciendo mas conexiones con China, dejando al Sur a su suerte, sin favorecer su reindustrialización. 


Aunque también es verdad que países como España obtuviesen 3 planes Marshall en fondos estructurales que no supieron rentabilizar, por la ineficacia y por el exceso de alegría en nuestros gastos, cierto descontrol y políticas de corto plazo, en este caso es  nuestra responsabilidad como pais.


Mas tiempo necesita España para hacer sus reformas, necesita una década, pero mientras no puede estar ahogada con la austeridad impuesta, el proceso debe ser lento pero seguro.
-----
....en materia de desequilibrios externos y pérdida de competitividad, España superó el umbral máximo considerado saludable en tres indicadores: déficit por cuenta corriente (-6,5% de media en los últimos tres años, frente al umbral del -4%), posición neta de inversión internacional (-89,5% del PIB, frente al límite del -35%) y pérdida de cuota de mercado exportador (-11,6% frente al -6%).


En cuanto a los desequilibrios internos, la economía española registró problemas en materia de deuda privada (220% del PIB, frente a un límite de 160%), deuda pública (61% frente al 60%) y nivel de paro (16,5% de la población activa de media en tres años frente a un límite del 10%).


Junto a España, la Comisión identificó desequilibrios graves en otras once economías europeas, entre ellas, por ejemplo, las de Reino Unido y Suecia. El objetivo de este procedimiento es detectar y corregir a tiempo problemas económicos que amenacen el crecimiento (M.Correa)



Muy interesante lo de crear "mercados de deuda estancos", aunque un poco tarde. De todas maneras, creo que deja claro que muchos ya reconocen que una unión monetaria sin una unión económica es inviable. (Alberto C) ....solo hace 15 años que asi se indica en los libros de economia


!! Qué hermoso una Europa unida!!- por encima de la lógica sistémica: la moneda unida sólo puede ser el destino de una política económica común y no su origen. Y cada vez les costará más enmendar ese error..."   "Si nos dieran más tiempo para reformar, podríamos crecer y reducir el déficit.".. "Traten a Alemania como socios y no como súbditos y adviertan que, antes de vivir peor que con la peseta y empobrecerse sin esperanza, prefieren irse del euro. Esa amenaza tal vez les haga ceder tiempo para que cundan las reformas, volver a crecer, reducir el déficit y, paradójicamente, salvar el euro...".
http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120416/54284816457/antonio-rangel-para-vivir-peor-con-el-euro-que-con-la-peseta-mejor-dejarlo.html 

Juan Carlos indica ..."Desde hace tiempo se viene proponiendo una cosa sencilla: "No hay ninguna necesidad de modificar los Tratados europeos para poner en práctica esta idea: ciertamente el Banco Central no tiene derecho a prestar a los Estados miembros de la Unión Europea, pero puede prestar sin límite alguno a organismos públicos de crédito (artículo 21.3 del estatuto del sistema europeo de los bancos centrales) y a organizaciones internacionales (artículo 23 del mismo estatuto). Así pues el Banco Central Europeo puede prestar al 0,01% al Banco Europeo de Inversiones o a cualquier banco público nacional y ellos, pueden prestar al 0,102% a los Estados que se endeudan para pagar sus deudas viejas.
Nada impide establecer esta forma de financiación a partir del mes que viene. No lo decimos lo suficiente: el presupuesto de Italia tendría un excedente primario si no tuviera que pagar gastos financieros cada vez más elevados.
¿Tenemos que dejar que Italia se hunda en la recesión económica y la crisis política o hay que poner fin a las rentas de los bancos privados? La respuesta tendría que ser evidente para quien actúa a favor del bien común"
...
Miguel C indica: indica..."No se hara lo que dices porque el objetivo es someter al sector publico a los mercados. Mira lo que decia la declaracion del primer "rescate de Grecia": "In order to set incentives for Greece to return to market financing, Euro area Members States loans will be granted on non-concessional interest rates." - "non-concessional" en este caso significa "punitivo". Y, por lo tanto, no es "mal diseño". El objetivo esta claro.

Todo por un mal diseño:


101 Maastricht = 123 Funcionamiento: 104 Maastricht = 126 Funcionamiento.

El 123 (ex 101) es el que dice que el BCE puede financiar al sector privado pero no al publico. El 126 (ex 104) es el que dice sencillamente "los gobiernos evitaran los deficits excesivos". El problema con el 126 (ex 104) no es el articulo en si mismo sino el pacto de estabilidad y crecimiento o la obsesion por el deficit cero. (informacion Miguel C)

---------------


Ver articulo:


J. Jacks   13/12/2011
En 1973, Francia aprobó la Ley 73-7 por la que el Estado francés tenía que financiarse más caro a través de las entidades financieras en lugar de al 0% con su propio banco. La servidumbre de los ciudadanos al poder financiero. Esta Ley fue la base del artículo 104 del Tratado de Maastricht, que extendía dicha servidumbre al resto de Europa.
http://articulosclaves.blogspot.com/2011/12/la-culpa-brutus-no-es-de-las-estrellas.html

http://www.cotizalia.com/opinion/desde-londres/2012/02/28/esta-ue-es-un-cachondeo-6703/
----
Una entrevista con Delors en la que se quejaba de que en los 90 cuando se diseño el "pacto de estabilidad" por iniciativa de Alemania el se quejo de que eso no era manera de hacer una union monetaria y la reaccion del Consejo fue añadir "y crecimiento" al nombre sin cambiar la estructura del pacto. Luego vino la "Agenda 2010 
http://www.euractiv.com/future-eu/delors-points-finger-europes-killers-news-511850


El ocaso del Pacto de Estabilidad 4-12-2003
http://www.wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&ID=693



Mejor diseño Federalismo fiscal de EEUU:




 Paul de Grauwe en el FT en 1998 
http://brujulaeconomica.blogspot.com.es/2011/05/n-161-paul-de-grauwe-en-1998-sobre-la.html


Sin olvidar los temas del G-2, acoples Chinamerica, sin olvidar las razones geoestrategicas...


Necesitamos un nuevo cosmopolitismo que sepa ver que nuestros grandes problemas globales ya no tienen soluciones nacionales. Así podremos crear instituciones globales para solucionarlos
http://ecologiafacil.com/2012/03/02/entrevista-a-nancy-fraser-en-la-contra-de-la-vanguardia/
¿Cuestión de un mal diseño o cuestión de incompetencia?......