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domingo, 28 de octubre de 2012

Paulo Freire sobre la educación bancaria


Fragmentos de la obra de Paulo Freire “Pedagogía del oprimido”

En la educación bancaria hay dos tipos de sujetos diferenciados, el educador y el educando(el que es “educado”). El educador es el que sabe, el único que posee conocimientos. Es el que transmite susconocimientos al educando. El educando recibe todos los conocimientos del educador, sin participar en el proceso, digamos que es como un archivador, en el que se depositan todo tipo de datos, que este va archivando.Esta educación se refiere a la realidad como algo estático, detenido, dividido, con contenidos totalmente ajenos al educanco. El educador es alguien indiscutible que llena como un recipiente a los educancos siempre mediante la narración, dividiendo la realidad en segmentos desvinculados de la totalidad en la que tienen sentido. La palabra se vacía de contenido y se transforma en una palabra hueca, en un verbalismo alienado y alienante. El aprendizaje consiste en la memorización mecánica de los contenidos con los que son llenados los estudiantes. Cuanto mas se dejen llenar , mejores educandos serán. En vez de comunicarse, el educador hace comunicados que el educanco memoriza y repite. Educadores y educandos se archivan en la medida en que no existe creatividad alguna, ni transformación, ni saber. Solo existe saber en la invención, en la reinvencion, en la búsqueda inquieta, impaciente, permanente que los hombres realizan en el mundo, con el mundo y con los otros. En la visión bancaria de la educación, el conocimiento es una donación de aquellos que se juzgan sabios a los que se juzgan ignorantes. Donación que se basa en una de las manifestaciones instrumentales de la ideología de la opresión: la absolutizacion de la ignorancia según la cual esta se encuentra siempre en el otro. Esta educación refleja la sociedad opresora siendo una dimensión de la cultura del silencio.
Cuanto mas se ejerciten los educandos en el archivo de los depósitos que les son hechos, tanto menos desarrollaran la conciencia critica de la cual resultaría su inserción en el mundo, como transformadores de el. Cuanto mas se les imponga pasividad, tanto mas tenderán a adaptarse al mundo en vez de transformalo. Se estimula así su ingenuidad y no su criticidad, satisfaciendo así los intereses de los opresores. Están mejor adaptados para su mejor dominación. Los oprimidos están en la estructura que les transforma en seres para otro, en vez de en seres para si. En las clases verbalistas, en los métodos de evaluación de los conocimientos, en el denominado control de lectura, en la distancia que existe entre el educador y el educando, en la indicación bibliográfica, existe siempre la connotacion digestiva y la prohibición de pensar.
El educador bancario no puede percibir que la vida humana solo tiene sentido en la comunicación. La falsa comprensión de los hombres a los que se reduce a meros objetos, hace que estos se vuelvan necrofilos. El individuo necrofilo ama todo lo que no crece, todo lo que es mecánico. Se mueve por el deseo de convertir lo orgánico en inorgánico, de mirar la vida mecánicamente como si todas las personas vivientes fuesen objetos. Todos los procesos, sentimientos y pensamientos de vida se transforman en cosas. La memoria y no la experiencia, tener y no ser es lo que cuenta. La opresión, que no es sino un control aplastador es necrofila. Se nutre del amor a la muerte y no del amor a la vida. Cuando por algún motivo los hombres descubren su incapacidad para desarrollar el uso de sus facultades, sufren. Intentan entonces recuperar su capacidad de acción, y una forma de hacerlo es someterse a una persona o grupo que tenga poder y identificarse con ello. Por esta participación simbólica en la vida de otra persona , el hombre tiene la ilusión de actuar. Sin embargo no hace otra cosa que someterse a los que actúan y convertirse en una parte de ellos. Violencia seria, como de hecho lo es, que los hombres, seres históricos y necesariamente insertos en un movimiento de búsqueda con otros hombres, no fuesen el sujeto de su propio movimiento. Es por ello que cualquiera que sea la situación en que algunos hombres prohiban a otros que sean sujetos de su búsqueda, se instaura como una situación violenta. No importan los medios para llevar a cabo la prohibición. Hacerlos objetos es enajenarlos de sus decisiones, que son transferidos a otro u otros.