EEUU ha sido claro: el 'cambio de régimen' en Europa es un objetivo central de Trump
La administración estadounidense busca influir en Europa promoviendo gobiernos afines a sus intereses, generando tensiones con líderes europeos que defienden la democracia y la libertad frente a estas injerencias
La última reunión del CPAC en Hungría, la gran gala europea de la Conferencia de políticos conservadores de este y al otro lado del Atlántico trató sobre todo de Estados Unidos. Venían las elecciones en EEUU y, con ellas, el posible regreso triunfante de Donald Trump.
Era un año de oportunidad después de una travesía por el desierto tras la derrota del magnate en 2020 y la caída en desgracia de los que fueron sus grandes acompañantes ideológicos de su primera legislatura, como Steve Bannon. La edición europea del CPAC se había mantenido, pero casi por puro esfuerzo del líder húngaro Viktor Orbán, como uno de los escenarios para potenciar y tender lazos entre formaciones con distintas aleaciones de su derecha “iliberal”. Noviembre de 2024 lo cambió todo, por supuesto. Y ahora, en esta nueva CPAC que se clausurará este sábado, vuelve a mirar a Europa. A una Europa que Estados Unidos ya ha dejado claro que quiere cambiar.
"Este discurso podría ser mejor si hubiera tomado antes algo del rico vodka polaco que tenéis, pero no tengo tiempo para palabras bonitas", arengó, a principios de semana, la secretaria de Seguridad Nacional estadounidense, Kristi Noem, en la CPAC polaca. "Estamos en un momento de la historia en la que estamos luchando por la democracia (...) frente a los débiles líderes que (...) están destruyendo la civilización (...) Sois los líderes que devolverán Europa a los valores conservadores", continuó, pidiendo el voto para el candidato conservador polaco, que este domingo se juega la presidencia frente un candidato liberal.
"Civilización occidental", "lucha por la democracia", "débiles líderes liberales" y el apoyo directo a un candidato ultraconservador europeo... Las declaraciones de Noem siguen la estela de las del vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, del pasado febrero durante la Conferencia de Seguridad de Múnich. Allí, el vicepresidente dejó en shock a los líderes europeos presentes con un discurso incendiario que se leyó como un programa que abogaba por un de cambio de régimen en toda Europa y una ruptura total. Fue la principal señal de que los Estados Unidos de Trump no iba a ser sencillamente "aislacionista", sino que lo que pretende es promocionar una determinada visión ultraconservadora del mundo, y tiene intención de inmiscuirse en los asuntos internos de otros Estados para provocar cambios que den como resultados Gobiernos más acomodaticios hacia sus intereses. Eso no es, en realidad, ninguna novedad. Pero sí es la primera vez en tiempos modernos que los receptores de esa interferencia son los Estados europeos. Con aquel discurso se rompió la ilusión de que la administración americana se pudiera conformar con dar la vuelta a Estados Unidos.
Y si por faltaba alguien a la fiesta, las declaraciones de Noem y la participación estadounidense en el CPAC coinciden también con una reciente publicación oficial del Departamento de Estado, bajo la mano de Marco Rubio, en el que los europeos tienen, negro sobre blanco, que lograr cambios de régimen en Europa es uno de los muchos objetivos de la nueva administración al considerarlo como parte del "interés nacional americano".
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En el post, escrito Samuel Samson, asesor principal de la Oficina para la Democracia, los Derechos Humanos y el Trabajo (DRL), "el Secretario Rubio ha dejado claro que el Departamento de Estado actuará siempre en interés nacional de Estados Unidos. El retroceso democrático de Europa no solo afecta a los ciudadanos europeos, sino que afecta cada vez más a la seguridad y los lazos económicos de Estados Unidos, así como a los derechos de libertad de expresión de los ciudadanos y las empresas estadounidenses".
La vía para encontrar esos "aliados de civilización" está clara, y los miembros de la Administración estadounidense no han sido sutiles. Aunque no llegó a mencionarla directamente, en Múnich, Vance estaba allí para, entre otras cosas, promocionar al partido Alternativa para Alemania (AfD) y atacar al Gobierno alemán en el contexto de las elecciones federales. El post del Departamento de Estado sí es más explícito: llega a mencionar a AfD, para lamentar que los servicios de inteligencia alemanes la hayan etiquetado como "extremista"; pasa también por la líder de Agrupación Nacional Marine Le Pen, deplorando que los tribunales la hayan condenado por malversación, Polonia y Rumanía.
Lo que en cualquier otro contexto se podría haber leído como injerencia interna (y, en Múnich, el entonces ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, tuvo que salir a declarar que el discurso de Vance, en el que comparaba a las democracias europeas con autocracias, era "inaceptable"), entre los asistentes a la CPAC europea se ve como una oportunidad. "No hay necesariamente un acuerdo pleno entre los intereses del partido republicano estadounidense, o de sus ideólogos, y los europeos, pero se deja debajo de la alfombra", apunta Zsuzsanna Szelenyi, analista política autora del libro Democracia contaminada: Viktor Orban y la subversión de Hungría.
La cuestión de cómo cada uno de los partidos políticos de ultraderecha digerían la avalancha Trump ("hacer Estados Unidos grande de nuevo" haciendo "Europa más débil) es una gran pregunta. Giorgia Meloni, con sus discursos dorándole la píldora e intentando reconducir a Trump, AfD abrazando el apoyo de Elon Musk, pero su partido votando en contra de una gran fábrica de Tesla en Alemania. Le Pen y Jordan Bardella, eligiendo la vía del distanciamiento, silencio y algo de menor perfil. En la CPAC húngara de esta semana hemos visto la versión de Viktor Orbán. Ignorar los choques inevitables de las políticas de Trump buscando una Europa más débil "es parte del juego. Lo importante es básicamente la ideología. La guerra cultural, cuestionar el liberalismo y la legitimidad de los partidos liberales", concluye Szelenyi.
Si el documento del Departamento de Estado mira hacia el pasado para los ejemplos que menciona sobre el cambio de régimen necesario en Europa, en su discurso de la CPAC mira hacia adelante. "Si las fuerzas de derecha ganan en Polonia esta semana, luego República Checa en otoño, y en Hungría la primavera que viene, y en Francia en 2027, estaremos preparados para tomar Bruselas de nuevo a manos de los patriotas. Tras Estados Unidos, reclamaremos de nuevo nuestros sueños y tomaremos Bruselas".
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Uno de los asuntos que ha obsesionado a la administración americana, lo que consideran que es un método de censura o de ataque a la libertad, son las medidas que toman las democracias europeas, que no dejan de ser el producto final de un proceso histórico por el que antes la inmensa mayoría de ellas han nacido de dictaduras y de tiranías, de protegerse. No toleraron que el Constitucional rumano anulara las elecciones ante el riesgo de injerencia o que los servicios de inteligencia alemanes consideraran a AfD como un partido extremista que iba contra la constitución.
La propia idea de "democracia militante", que en menor o mayor medida está más o menos presente en muchos países europeos, y que quiere decir que el sistema debe protegerse de aquellas opciones políticas que ponen en riesgo la democracia, que siendo imperfecta es la mejor manera de evitar la tiranía, es para la administración Trump una aberración.
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Pero ni siquiera es una guerra contra la idea de que las democracias se defiendan de aquellos que quieren destruirla. Es incluso una guerra contra la propia separación de poderes que se ve en el día a día de Estados Unidos, con una administración que ataca sistemáticamente a los jueces que ponen trabas a su visión de un poder ejecutivo con mayores poderes. Por ejemplo, que Marine Le Pen no pueda, en estos momentos, presentarse a las elecciones presidenciales de 2027, no es una cuestión de "censura", sino un caso demostrado de malversación de fondos europeos. El Departamento de Estado no menciona en todo caso que Le Pen ha podido recurrir esa sentencia y que el Tribunal de Apelación tendrá la última palabra en 2026.
Desde el Viejo Continente se ve con estupor cómo Rubio, al igual que Vance, atacan a la UE por sus supuestos ataques a la "libertad de expresión" mientras se admite abiertamente que se están revocando visados de estudiantes por sus opiniones respecto a la ofensiva de Israel en Gaza. Rubio también ha anunciado que EEUU revocará los visados de ciudadanos extranjeros que participen en lo que considera que es la "censura" de las redes sociales americanas, lo que podría afectar a los funcionarios y políticos europeos que han sacado adelante regulación que aumenta la responsabilidad de las plataformas respecto a los contenidos que alojan.
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La particular visión de la "libertad de expresión" y de la lucha contra la censura que plantean Trump, Vance y Rubio, igualando censura a las medidas que toman los Estados europeos contra lo que es "discurso de odio", considerado un delito por el derecho de la Unión, es una aproximación libertaria y de ausencia total de normas en internet. Al mismo tiempo que consideran que no se debe hacer nada en ese frente y que no existe tal cosa como el discurso de odio, rechazan por completo regular internet, donde los algoritmos benefician sistemáticamente los discursos radicales.
Hay 19 Estados europeos por delante de Estados Unidos en el índice de libertad de expresión del instituto V-Dem. Hungría, a la que la nueva administración americana sitúa como último bastión de la libertad en Europa, en palabras del Departamento de Estado una "nación cristiana injustamente tachada de autoritaria", está justo por debajo de Kirguistán y solamente Rusia, Bielorrusia, Serbia y Ucrania, un país en guerra desde 2022, están por debajo de Budapest en ese índice en el continente europeo. El informe de libertad de prensa elaborado por Reporteros Sin Fronteras (RSF) sitúa a Estados Unidos como el número 59 en su ránking, por detrás de todos los países de la Unión Europea salvo tres: Croacia, Grecia y Hungría.
Escasa respuesta
Hasta ahora no ha habido una respuesta demasiado decidida por parte de líderes europeos a la ofensiva ideológica de Trump, Vance y Rubio. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, tuvo la oportunidad de hacerlo en un discurso este jueves en Aquisgrán, en la ceremonia en la que se le entregó el Premio Carlomagno por su contribución a la unidad europea. Y recordando la destrucción de la sinagoga de la ciudad, en la que se casaron los padres de Anna Frank, la alemana lanzó un mensaje defendiendo su versión ‘light’ de la democracia militante. "Hoy Aquisgrán cuenta con una nueva sinagoga. Un símbolo de renacimiento, pero también de recuerdo. Un agudo recordatorio para que Europa se mantenga vigilante e intransigente con todos aquellos que tratan de sembrar el odio y la división en nuestra sociedad. Es un camino que Europa conoce muy bien. Sabemos que conduce inevitablemente a la ruina. Nunca jamás debemos volver a recorrer ese camino", explicó. Ese "vigilante e intransigente" es lo que Trump, Rubio y Vance no toleran.
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Sin embargo, la respuesta más decidida esta semana en Aquisgrán llegó por parte de Friedrich Merz, canciller alemán, que se refirió directamente al discurso de Vance en Múnich. "En Europa defendemos lo que, a lo largo de los siglos, a través de innumerables reveses y catástrofes, hemos concebido, desarrollado, logrado y por lo que hemos luchado juntos: a saber, la convicción de que merece la pena defender de manera decidida la libertad y la democracia y, si es necesario, luchar para preservarlas", señaló Merz. Justo después de la mención a Vance, el canciller alemán parecía lanzar un mensaje directo a Estados Unidos: "Lo que nos une a los europeos es el conocimiento de que el poder debe estar vinculado a la legalidad, de lo contrario existe el riesgo de la tiranía. Y estamos unidos por la idea de que todo ser humano tiene dignidad".
Hay, de fondo, una cuestión histórica. Europa y los europeos han circulado por los rincones más oscuros de la humanidad. Auschwitz está en Europa, no en Iowa. La memoria colectiva y la conversión del dolor y de la destrucción en un elemento de futuro separa por completo a la sociedad americana de la europea. Y su relación con la democracia está marcada por esa diferencia: en Europa existe la sensación de que hay que estar siempre vigilantes ante la creación de monstruos domésticos, mientras que eso no está en el ADN de la política americana, que ha sido incapaz de tomar ninguna medida relevante contra un presidente saliente que alentó al asalto al Capitolio y que sigue negando que perdiera las elecciones de 2020
https://www.elconfidencial.com/mundo/2025-05-31/eeuu-ha-sido-claro-el-cambio-de-regimen-en-europa-es-un-objetivo-central-de-trump_4141380/
Diversificar nuestras alianzas es esencial. La Cumbre UE–LatAm tras dos años muestra un renovado compromiso. Pero lo decisivo ahora es avanzar en el acuerdo con Mercosur y modernizar el de México: eso sí sería un game changer.
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