Humildad para callar
Hablamos demasiado. Opinamos de todo
Francesc Torralba
Dictaminamos sobre el dolor ajeno como si lo hubiéramos atravesado. Francesc Torralba, que acaba de publicar Anatomía de la esperanza (Destino), premio Josep Pla 2026, desconfía de esa incontinencia verbal. Y rescata una advertencia antigua. Santa Teresa de Jesús lo dijo sin matices: “No hablaré de cosa que no haya experimentado mucho”. Quizá por eso la esperanza no nace del discurso, sino del testimonio. No del experto, sino del que ha pisado arena. Alcohólicos Anónimos funciona por eso: la comunidad y alguien que puede decir “yo estuve ahí”. La esperanza no es expectativa ni eslogan. Es persistencia compartida. Alguien sueña, otro resiste, otro recoge. Sin esa cadena silenciosa, la historia no avanza. Y sin esa humildad para callar cuando no sabemos, tampoco.
¿Cómo se transita del desencanto a la esperanza?
En comunidad, escuchando el testimonio de alguien que estuvo en el desierto y, por lo tanto, tiene autoridad moral para decirte: “Hay posibilidad, hay grieta, no todos son muros”. A mí me gusta mucho la idea de la grieta.
Usted ha estado ahí.
Mi hijo murió con 26 años mientras ambos paseábamos por la montaña. Cuando tú vives un duelo así, estás en un infierno, abandonas toda esperanza.
¿Cómo lo hizo usted?
Tengo amigos y vínculos familiares de calidad. Y recursos de orden espiritual. Encontré en textos bíblicos una fuente de consuelo y esperanza.
¿Y si eres ateo?
Incluso para el creyente, en situaciones límite el concepto de Dios se tambalea. La esperanza es la lucha contra la contrariedad, un valor humano transversal y necesario para desarrollar cualquier proyecto en tu vida, porque no tienes garantías de que vaya a acabar bien.
¿Y si el ser humano te ha decepcionado?
Entonces no te queda nada. Y si tampoco tienes un dios que te sostenga, viene el vacío. Por eso hoy se han puesto de moda manuales de supervivencia de inspiración estoica.
Dan claves para sobrevivir.
En efecto, si no hay comunidad ni un dios, solo queda tu resistencia individual, forjar un carácter y seguir soñando.
¿Con un mundo mejor?
El voto de la mujer alguien lo soñó. Un conjunto de mujeres, objeto de ironía y sarcasmo en la prensa, creyeron que eso era posible, y el tiempo y la tenacidad hicieron el resto.
Pero unos siembran y otros recogen.
Esa es la realidad. Pero si no soñamos, la historia se paraliza. “Toda realidad viene precedida por un sueño” decía Ernst Bloch. Hay muchísimos personajes que vivieron contextos muy oscuros de los que aprender.
¿Alguno le ha dado una idea nueva?
Camus, para mí, es un referente: “La lucha misma hacia las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo feliz”.
Bueno, subir una piedra que cae siempre no sé si es esperanza o falta de realismo.
Puede parecerlo. Pero al subir y bajar, el camino se va haciendo. Aprendes. Te fortaleces. La cuestión no es si la piedra cae, sino qué te hace seguir empujando: la fe, el carácter… Para mí es persistencia.
No sé si me sirve.
Depende de cómo mires la historia. Hay dos formas: el círculo y el camino. El círculo es repetir sin salida. El camino es el del Éxodo: hay una tierra prometida, sí, pero antes hay desierto. Largo.
¿Y?
Que no soportamos la espera. Tecleas y tienes lo que quieras. Pero la vida no funciona así.
¿Instalados en el cansancio existencial?
Sí, eso es la ausencia de propósito. Le pondré el ejemplo de un caso que trabajamos en un comité de ética. Un viudo de 90 años que vive en un geriátrico de alto standing de Barcelona, 4.000 euros al mes. Deja de comer.
No quiere vivir.
El dilema: respetas su decisión y lo dejas morir o le obligas a comer. La psicóloga intervino: “Démosle un motivo para vivir”. El señor José había tenido una empresa de jardinería. Le pedimos ayuda para el plantel de semillas. Empezó a mover tierra y a comer. Encontró un propósito y se sintió reconocido.
Entonces, la esperanza es una apuesta.
Sí. Es confiar sin garantías. No sabes cómo acabarán un negocio, una pareja o un hijo. Tampoco las guerras. Caminamos a tientas.
¿Y la esperanza no puede ser una forma sofisticada de autoengaño?
Lo sería si ignorara la realidad. Hoy confundimos esperanza con decirle a todo el mundo: “Tú lo puedes todo”. Eso es falso. Hay que conocer los propios límites.
Después de atravesar el dolor, ¿ha cambiado su forma de mirar la vida?
Totalmente. Aprendí humildad. No controlas nada y necesitas a los demás. Yo no habría salido solo de aquel barranco.
¿Qué más ha cambiado?
El uso del tiempo. Ya no voy donde no quiero estar. Y soy más compasivo: entiendes mejor a quien atraviesa su desierto. Empatizas sin hablar. Reconoces a quien ha perdido un hijo o ha vivido una adicción. Y aprendes a valorar el presente, porque el futuro es radicalmente incierto.
¿El gran aprendizaje?
En la vida sobre todo perdemos: la salud, la juventud, los amigos, la vida finalmente. El gran aprendizaje es aprender a perder.
¿Qué sabe la esperanza que el desencanto no alcanza a ver?
Que podemos hacer un recorrido distinto al habitual para que algo cambie. Por eso va muy unida la creatividad. Hay que buscar la grieta.
https://www.lavanguardia.com/lacontra/20260324/11497389/francesc-torralba-gran-aprendizaje-aprender-perder.html
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