Páginas

sábado, 28 de marzo de 2026

España ya es una gran Red Social

 Durante el atroz encierro pandémico empecé a darme cuenta de que algo había cambiado en nuestra manera de interpretar la realidad por la cantidad de SMS que recibí de conocidos y amigos dando pábulo a las más absurdas teorías sobre el virus y las vacunas, basadas en webs desconocidas o en charlatanes de redes sociales. 

Lo más inquietante no era el tóxico contenido de esos mensajes, sino que abogados, académicos y empresarios conocidos se tragaran esa mierda conspiranoica y la compartieran.

Fue el primer indicio que tuve de que se había roto el marco cognitivo -cuya base durante siglos fue la tradición humanista e ilustrada- y de que entrábamos en un nuevo paradigma en el que la verdad y la mentira, lo real y el simulacro, son cada vez más difíciles de distinguir. Y si todo puede ser verdad o fake, nada es del todo verdad, ni mentira.

Una mutación que, sin embargo, empezó hace dos décadas, con la explosión del capitalismo tecnológico y la web 2.0: la redes sociales se presentaron como garantía del libre debate, el foro donde la gente decide a través del «me gusta» lo que tiene valor, también lo que merece ser despreciado y silenciado. Un proceso que está siendo acelerado ahora por la IA -los deepfakes pasaron de 500.000 en 2023 a 8 millones en 2025- pero que ya en 2007 Andrew Keen, en El culto al amateurismo, definió como una devaluación programada del conocimiento en la que Youtube, TikTok etc desprestigian las fuentes tradicionales -el libro, los filósofos, la academia, la ciencia, los medios-, fragmentan el conocimiento y promueven una desinformación masiva, camuflada de libertad y democratización, pero que sobre todo abona un nocivo sentimiento de sospecha general. Tan bien aprovechado por los enemigos de la democracia y sus instituciones

Además, esta youtuberización ha destruido el debate público: hoy toda cuestión se aborda desde la lógica tribal de las redes, un combate binario de buenos y malos, amigos y enemigos, lleno de zascas, mentiras y sin opciones a los matices ni a la duda ética. Lo hemos visto esta semana con la polémica en torno a la eutanasia de Noelia, reducida a una guerra cultural en la que mucha gente mintió -propagando que fue violada por inmigrantes cuando era menor de edad y estaba tutelada por la Generalitat- para que «ganara» la idea de que su vida desgraciada y final trágico son responsabilidad de un Estado fallido, que no cuida de los suyos y es incapaz de proteger a los españoles frente a «peligros» como la inmigración.

Así estamos: atrapados bajo los escombros del derrumbe del que avisó Keen. No hay debate ni diálogo posible porque lo que importa ya no es la verdad de los hechos -sobre Noelia, Irán, Adamuz...-, sino que tu particular relato sume likes y se imponga en esta gran Red Social que es España

Actualizado 

https://www.elmundo.es/opinion/columnistas/2026/03/28/69c6cd81e9cf4a7e588b459e.html

El caso es muy complejo, y hay gente que habla mucho a la ligera. Ahora preocupándose mucho, dentro de unas semanas veremos quien se sigue preocupando por la poca asistencia que tienen las personas con problemas mentales graves.

No se entiende porque se escucha más a los opinadores en las redes, que la opinión de los expertos, de los psiquiatras, hay muchas opiniones simples en las redes para un tema tan complejo

https://articulosclaves.blogspot.com/2026/03/psiquiatras-y-psicologos-forenses.html

"Vivimos en una era paradójica: el acceso a información y tecnología nunca ha sido tan amplio, pero el pensamiento crítico y la reflexión profunda disminuyen. Se lee y dialoga menos, mientras aumenta el consumo pasivo de contenidos".

https://www.pressenza.com/es/2026/03/pensar-en-tiempos-de-la-inteligencia-artificial-una-preocupacion-humanista-2/

No hay comentarios:

Publicar un comentario