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domingo, 29 de marzo de 2026

Cómo sobrevivir en un mundo que ya no juega a crecer juntos

 Cómo sobrevivir en un mundo que ya no juega a crecer juntos


La UE se construyó sobre dos apuestas: tejer interdependencias que hicieran la cooperación más rentable que el conflicto, y externalizar la defensa para evitar escaladas internas. Funcionó siete décadas. Pero ambas dependían de que quien tuviera el poder jugara a crecer juntos. Y hoy quien tiene el poder juega a lo contrario: juega a restarnos.

¿Qué hacemos?
1⃣ Coordinemos la posición, y enfoquémosla a construir capacidad defensiva.
Es la diferencia entre ser el primero en decir "No a la guerra" 🇪🇸 y ofrecer tu paraguas nuclear a tus vecinos 🇫🇷. "No a la guerra" como posición final es virtue signaling de cumplimiento moral sin alterar la ecuación de poder. Oposición sin proposición no es estrategia. Es ritual.

2⃣ Utilicemos la interdependencia como arma.
No vamos a ser los únicos que no lo hacen. Con Rusia fuimos demasiado lentos y demasiado blandos. No podemos repetirlo. Cientos de millones de consumidores, poder regulatorio que condiciona el acceso de las grandes tecnológicas, capacidad de compra energética conjunta, palancas arancelarias propias. Tenemos munición. Lo que falta es la conversación honesta sobre cuándo y cómo dispararla.

3⃣ Lealtad al diseño, no al líder.
Hemos visto en EEUU lo que pasa cuando los checks and balances existen en el papel pero nadie ejerce la voluntad de apretar el freno. Mantenerlos es nuestro seguro de vida a futuro: no solo disponer de instituciones con contrapesos reales sino poner en ellas a gente que nos frenaría si cruzáramos la línea. Seamos Ulises atándose al mástil.

4⃣ Obsesionémonos con el crecimiento.
El proteccionismo ofensivo de Trump brilla porque contiene una promesa: yo te traigo prosperidad quitándosela a otros. Distorsionada, frágil, pero promesa al fin. Si no tenemos una contraoferta que funcione, perdemos. La única respuesta es demostrar que la cooperación produce resultados mejores. No decirlo. Demostrarlo.

Europa frente a quien solo sabe ganar si tú pierdes

Ante un mundo en el que depender de otros se ha convertido en vulnerabilidad, cuatro principios para no perder lo que siete décadas de paz nos dieron


Da igual las veces que pase por aquí: siempre me emociono un poquito.

Estuve en Bruselas esta semana. Me invitaron a presentar mi libro en el Parlamento Europeo, y entre presentaciones y reuniones allí, en la Comisión, en think tanks, hablando de vivienda, de IA, de infraestructuras… pero siempre tenía en la cabeza, alrededor de ella al menos, un ruido de fondo.

Lo que pasaba ahí afuera.

Me acordé mucho del discurso de Mark Carney en Davos a inicios de año, claro. Lo recordaréis: Carney empieza con Havel, con la imagen del tendero que coloca cada mañana en su escaparate un cartel que dice “Proletarios del mundo, uníos”. No se lo cree. Nadie se lo cree. Pero lo pone igual. Y como cada tendero en cada calle hace lo mismo, el sistema se sostiene. Carney usaba eso para decir que el “orden internacional basado en reglas” era en parte ficción, y que ya es hora de quitar el cartel del escaparate.

Pues bien: en Bruselas, estando ahí dentro, aquello no se siente como un ritual vacío ni como una ficción. En absoluto. Las instituciones funcionan. Las personas que trabajan en ellas son serias, preparadas, cooperativas y competitivas a la vez. Lo que sí se aprecia es el contraste fortísimo entre ese entorno tranquilo y funcional y lo que aparece cuando abres la portada del Financial Times.

Un mundo que se resquebraja fuera mientras dentro se discute con calma.

Un artefacto para la paz

La Unión Europea es un artefacto para la paz construido para superar de una vez por toda los tiempos de guerra. Es una pluralidad de mercados y de voces que tramita los conflictos de intereses a través de los precios y de las leyes que resultan de los votos. Para que funcionara como fue concebido necesitaba dos cosas.

Primera: vivir en un mundo de suma positiva. Construir interdependencias económicas internas (y también externas) que hicieran de la cooperación algo más rentable que el conflicto. Es que literalmente la Comunidad del Carbón y del Acero, semilla de lo que sería la UE, nació como excusa económica para la reconstrucción (“comerciemos con esto, que será lo esencial para rehacer nuestras industrias”)… pero lo que los padres fundadores querían en realidad era otra cosa: asegurar que compartiéramos recursos para hacer más costoso llevarnos mal. Suma positiva por diseño, a la que nos atrajimos a nuestros aliados naturales (EEUU) pero también a los adversarios (China, Rusia). Nos acabaríamos exponiendo en todos los casos, aunque de maneras distintas.

Segunda: externalizar la defensa. Renunciar a una capacidad militar autónoma que pudiera enviar señales peligrosas entre vecinos que, durante siglos, se habían masacrado. Si todos cedían ese poder a Estados Unidos, nadie tenía una ruta para una carrera armamentística intraeuropea.

Ambas cosas funcionaron durante siete décadas. Pero escondían dos debilidades obvias. No es que las élites que nos precedieron no lo supieran: claro que lo sabían. Decidieron hacer el trade-off.

La más evidente: si construyes interdependencia, en algún momento eso se puede volver contra ti. Porque la entidad de la que dependes puede usar esa dependencia como palanca.

  • Puede amenazarte con quitarte algo que necesitas. España importó el 30% de su gas natural licuado desde Estados Unidos en 2025, el doble que el año anterior. En enero de 2026, esa cifra alcanzó el 44%.

  • O puede imponerte un coste. Hormuz se cierra y el petróleo escala. Te pongo aranceles tu industria tiembla.

Interdependencia es vulnerabilidad con otro nombre si la otra parte tiene una función de utilidad distinta a la tuya. Y aquí está el segundo problema: el equilibrio depende de que sus guardianes actúen como maximizadores racionales de crecimiento compartido. Que lo que había que perder era demasiado grande como para activar la coerción. Pero no contaban con que la persona concreta al mando pudiera tener un objetivo radicalmente distinto.

Proteccionismo ofensivo

Trump no es un enigma. Su proteccionismo ofensivo consiste, en esencia, en usar la fuerza económica, militar, retórica para imponer condiciones que supuestamente benefician a su electorado. Es su versión de deliver MAGA: aranceles que traigan fábricas de vuelta, guerras que proyecten dominio, amenazas cuyo efecto creo que honestamente disfruta viendo en los mercados al día siguiente. Es una promesa de crecimiento y bienestar para los suyos, solo que formulada en clave de suma cero y a través de su propia victoria: para que América gane, alguien tiene que perder, y tiene que ser visible que está perdiendo.

*Cierto: un mes después de empezar, la guerra contra Irán tiene una aprobación de solo el 40% de los estadounidenses, según Nate Silver. La oposición ha ido subiendo desde el inicio del conflicto y ronda ya el 52%. Una mayoría del 59% piensa que fue una decisión equivocada, según Pew. Lo interesante es la fractura interna: el 77% de los republicanos apoya la guerra, pero ese apoyo está concentrado de forma abrumadora en los votantes que se identifican como MAGA. Entre republicanos no-MAGA, el apoyo neto cae a +11. Entre los independientes, la guerra es claramente impopular. La aprobación neta de Trump ha caído a -16,7, mínimos de su segundo mandato. La promesa de grandeur no está llegando al votante mediano. Le está llegando al votante ya convencido. Luego vuelvo sobre esta anotación.

A nivel personal maximiza que él gane, y que sea patente que otros pierdan. Esto encaja con un entorno de policymakers (empezando por Stephen Miller pero no solo él) que le refuerzan la idea de que si no sigue esa dinámica de proteccionismo ofensivo, Estados Unidos enfrenta un riesgo existencial. Y si alguien tiene dudas que se mire la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025. Que ya no habla de alianzas como activos estratégicos sino como cargas que América ha soportado demasiado tiempo: “los días de Estados Unidos sosteniendo el orden mundial entero como Atlas se han acabado”. Los aliados europeos no son socios; son contribuyentes netos que no pagan lo suficiente. El documento llega a respaldar explícitamente a los partidos “patrióticos” del continente y a proponer “cultivar la resistencia dentro de las naciones europeas”. La prioridad no es la cooperación; es una definición estrecha del interés nacional en la que el comercio, los aranceles y la inmigración son herramientas de seguridad, y la diplomacia es transaccional.

Esto no es distinto del cálculo que hizo Putin al invadir Ucrania en febrero de 2022. Putin también asumió que la interdependencia jugaba a su favor: Europa dependía de su gas y no se atrevería a cortarlo. Error de cálculo inicial, sí. Pero un error que no le ha costado la economía. Rusia creció un 4% en 2023 y 2024, impulsada por un gasto militar que ya alcanza el 32% del presupuesto federal. Sí, ahora se desacelera: el FMI proyecta un 0,6% para 2025, alrededor del 1% para 2026, con inflación alta, escasez de mano de obra récord y un Fondo de Riqueza Nacional que se desangra. Pero no ha habido catástrofe económica. Primero, porque Putin tenía adónde ir. China sustituyó a la UE como proveedor de maquinaria y componentes para la industria militar rusa. India siguió comprando petróleo ruso con descuento, encantada de ahorrarse la diferencia. Países del Golfo, Turquía, Asia Central: toda una red de intermediarios que absorbió lo que Europa dejaba de comerciar.

Pero incluso donde teníamos capacidad de acción no fuimos a fondo. Las sanciones fueron incrementales cuando deberían haber sido masivas y simultáneas. El tope de precios del G7 al petróleo ruso fue una buena idea ejecutada con una lentitud que le dio a Rusia años para montar una flota fantasma de petroleros viejos y sin seguro con la que sortearlo. La UE no endureció el mecanismo hasta su decimoctavo paquete de sanciones. Rosneft, la mayor petrolera rusa, reportó una caída del 70% en beneficios en los primeros nueve meses de 2025: pero eso llegó tres años tarde.

¿Y los checks and balances?

Bueno, pero aunque llegue alguien con esa función de utilidad distinta, lo que esperábamos era que el otro freno iba a ser interno, ¿no? Al menos en la democracia a la que externalizamos la defensa y el orden internacional. Y tiene un buen diseño, de hecho probablemente el mejor diseño que existe. La plantilla que todos hemos querido seguir en mayor o menor medida. De lo que nos dimos cuenta es de que el diseño institucional importa tanto como las personas que lo ocupan. Que el freno debe existir tanto como alguien con la voluntad y los incentivos para apretarlo. Y esto se vuelve mucho más difícil en un entorno a la vez ultrapolarizado y ultrajerárquico.

Para todo lo que Trump ha hecho los dos únicos frenos reales que se ha encontrado han sido la Reserva Federal (que ha resistido presiones para bajar tipos pese a las amenazas) y la sentencia del Tribunal Supremo de febrero de 2026, que declaró ilegales los aranceles impuestos bajo la ley IEEPA por 6 a 3.

¿Y qué hizo Trump? En cuestión de horas firmó nuevos aranceles bajo otra ley, la Sección 122 del Trade Act de 1974. Al día siguiente anunció que los subiría al 15%. Y puso en marcha investigaciones para activar la Sección 301 contra China, la UE y varios países asiáticos: un camino legal más lento, más difícil de impugnar, y que no necesita declaración de emergencia. El Secretario del Tesoro, Scott Bessent, lo dijo con una claridad que resultaba casi desafiante: combinando la Sección 122, la 232 y la 301, los ingresos arancelarios de 2026 serán “virtualmente idénticos” a los que generaban los aranceles declarados ilegales.

Pero podía haber recurrido a herramientas aún más agresivas. Por ejemplo: la Constitución de EEUU no fija el número de jueces del tribunal; lo decide el Congreso. Roosevelt lo intentó en los años treinta: ampliar la Corte para neutralizar las sentencias que bloqueaban el New Deal. Los propios demócratas lo plantearon de nuevo cuando Trump nombró tres jueces conservadores en su primer mandato. No estamos ahí hoy. Pero la distancia es más corta de lo que parece.

*¿Y si la base republicana no MAGA + los votantes independientes no son tan favorables a la guerra, qué pasará en las midterms? Bueno, de nuevo veremos los checks and balances a prueba… o más bien la gente que ocupa puestos clave a nivel estatal, más que federal, que son los que influyen en la manera en que se organizan unas elecciones en EEUU, como Roger ha contado varias veces. E incluso aunque salga un Congreso de mayoría demócrata, entonces veremos las tensiones entre Ejecutivo y Legislativo escalar de manera espectacular.

Qué hacemos desde aquí

Volvamos a Bruselas. A Madrid, a París, a Berlín, a Tallin, a Varsovia. ¿Qué haces si eres líder aquí? Carney hablaba de “principled and pragmatic”. Pragmatismo basado en principios. Me parece un buen concepto paraguas. Dejadme concretarlo en tres cosas.

Primero: ese pragmatismo tiene que ser coordinado. Oponerse a la guerra contra Irán tiene razones de peso. Razones estratégicas: un conflicto sin final claro que ha disparado el precio de la energía, que ha provocado el cierre parcial de Hormuz y que está desestabilizando toda la región, empezando por Líbano. Y razones humanitarias: miles de muertos, millones de desplazados, hospitales y escuelas destruidos. Pero “No a la guerra” como posición final, como cartel en el escaparate, corre el riesgo de ser exactamente lo que Carney nos pedía que dejáramos de hacer: el gesto ritual que señala cumplimiento moral sin alterar la ecuación de poder. Contrasta con lo que hizo Macron a principios de marzo en la base de submarinos de Île Longue: ofrecer el paraguas nuclear francés a los aliados europeos. No solo oposición, sino oposición con proposición de ir a alguna parte juntos. Poner algo encima de la mesa que cambia la correlación de fuerzas.

Segundo: también tienes que estar dispuesto a activar la interdependencia como herramienta ofensiva. De manera estratégica, selectiva y con la contundencia que la situación requiera. Con Rusia no lo hicimos lo suficiente, y no podemos repetir ese error. Ni con China… ni con Estados Unidos, con quien creo que deberíamos empezar a planteárnoslo algo más en serio por mucho que sea nuestro aliado tradicional. O precisamente por eso: las interdependencias son más profundas de partida. El riesgo en la dinámica actual es mayor, pero las oportunidades entonces también lo son. La UE es un mercado gigantesco con regulación que condiciona el acceso de empresas estadounidenses a 450 millones de consumidores, empezando por las tecnológicas. Tiene capacidad de compra energética conjunta. Tiene poder arancelario propio. Y más palancas. Necesitamos una conversación honesta sobre cuáles activaríamos, bajo qué condiciones y con qué velocidad.

*Si queréis algunas ideas: aquí y aquí.

Tercero: si eres una persona que ejecuta poder, vigila incluso a tus vecinos ideológicos. De hecho empieza por ellos. No porque seas generoso, sino porque es tu seguro de vida político: un sistema con frenos creíbles es un sistema que sobrevive a la siguiente crisis, y tú con él. Y si tienes la capacidad de nombrar a quienes ocupan esas instituciones y te atreves, orienta esos nombramientos hacia la vigilancia, no hacia la comodidad. Pon a gente que te frenaría si cruzaras la línea. Sé un poco Ulises atándose al mástil. Establece la lealtad al diseño, no a la persona.

*En España hemos tenido un espléndido ejemplo: alguien que acaba de dejar un puesto que ha engrandecido gracias a su mandato.

Cuarto: tienes que quitarle el aire a quien defiende que la dinámica proteccionista y de suma cero es mejor que la suma positiva. Si te importan las instituciones democráticas, deberías obsesionarte con el crecimiento y con la creación de oportunidades. Porque fijaos: he descrito el proteccionismo expansionista de Trump como una función de utilidad personal, y lo es. Pero sería un error no tomarse en serio la promesa que contiene, aunque luego no se cumpla, porque brilla y atrae. Trump le dice a su electorado: yo te voy a traer prosperidad, grandeza, crecimiento… y lo voy a hacer quitándoselo a otros. Es una oferta de bienestar. Distorsionada, basada en premisas empíricamente frágiles, pero oferta al fin. Y la pregunta para los líderes europeos distintos a los que la Estrategia de Seguridad Nacional quiere fomentar es es: ¿cuál es tu contraoferta? La única respuesta que funciona es demostrar que la suma positiva produce resultados mejores.


En Bruselas también hubo de eso otro que hace Europa y que desborda con mucho sus despachos. Hubo café y restaurantes. Hubo mucha gente bastante más joven que yo que decidió reunirse conmigo en estos sitios para hablar de cosas concretas, relevantes para producir ese crecimiento, esas oportunidades. Esa es la gente que va a poner esa contraoferta sobre la mesa. Que va a sostener la suma positiva, y el artefacto para la paz.

Estoy seguro porque los conocí


https://jorgegalindo.substack.com/p/europa-frente-a-quien-solo-sabe-ganar


Europa para sobrevivir debe crear su arquitectura, cuando sea unos Estados unidos de Europa ir sumando mas países, después cuando tenga fuerza reformar las instituciones supranacionales. Si no puede hacer esto será un conjunto de paises dependiente de EEUU o de China

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